El cuerpo de San Martín - parte 7
La detective subió hasta el piso correspondiente. Ningún departamento tenía la puerta cerrada y muchas chicas de todas las edades estaban fumando o conversando en los pasillos.
- Vos no sos una artista, ¿verdad? – dijo una de las chicas.
- No.
- Se te nota. Pero debo pedirte un favor: no nos veas con esa cara. Somos artistas, milongueras, no prostitutas.
- Lamento si lo hice. Estoy buscando a Mareva. ¿Sabe dónde está?
- Todos nos miran así. Ese es su departamento, siga tranquila. Seguro que a esta hora está cocinando.
Pame sintió que las chicas la observaban mientras se dirigía al departamento y recordó súbitamente a varios compañeros de su colegio haciendo matoneo por xenofobia. Sintió una mano en el hombro y giró alarmada.
- Tranquila Pame, ¿Qué pasa? – dijo el capitán.
- Nada. Pensaba en otra cosa. Este es el departamento de la milonguera.
Antes de entrar golpearon la puerta, y desde adentro una mujer madura gritó que pasaran. Ellos lo hicieron, mientras un par de chicas jugaban cartas en la sala.
- Policía de Nueva Sabernal – dijo Pame – buscamos a Mareva.
- Yo soy Rita y ella es Verónica – dijo una de las chicas, mientras la otra estaba concentrada en las cartas – mamá Mareva está en la cocina.
Los policías se voltearon y encontraron a la milonguera, que correspondía con la voz madura que escucharon al principio. Le comentaron lo que venía sucediendo, y cómo terminaron con ella.
- Capitán, lo he visto un par de veces en la comisaria. Me avergüenza que sea por razón de mi hijo. Era noble. Lo tenía laburando en el kiosco del chino, pero desde que empezó a bailar cumbia con las pibas, se la pasa de quilombo en quilombo, solo habla de las gambas y gomas de las chabonas, un día dice que le encantan las rubias, pero luego dice que las morochas son su debilidad. En fin, se desvive por las pendejas. Pero esa indecisión no para ahí. Ahora dice que es del River, pero siempre lo veo con la camiseta del Boca. Es un gil que mantiene de remera y en zapatishas.
- Es un chorro – dijo Rita.
- Es un buchón – dijo Verónica.
- Es muy canchero – dijo la primera.
- ¡Es mi hijo! ¡Ya basta de hablar así!
- Ay, mamá Mareva, estamos jugando a las cartas.
- Señoritas – interrumpió el Capitán – Solo quiero saber qué vieron anoche, en la madrugada más bien, con Nelio y la señorita Rúa.
- Ah, la conocemos – dijo Mareva – viene constantemente a esta calle, le interesa la milonga y quiere participar con nosotras en algún espectáculo. Nenas, ¿saben qué pasó?
- Eso es fácil – dijo Rita – Luego del show, todo se puso escandaloso y ruidoso, Verónica y yo estábamos borrachas, pero estábamos jugando al truco con ella, creo recordar. De pronto en esa reunión se hizo presente la yuta y a la curdela al son de la batuta la fue arriando pa'l camión, el encargado del convoy en camisón y confuso rajó.
- Unos se piantaron con el vino – dijo Verónica.
- ¡Madre de Dios! – dijo el capitán – ¿Y el cuerpo?, digo ¿la señorita?
- Como a casi todos los borrachos fueron detenidos – dijo Mareva – Menos mal conozco a Vanesa y me ayudó a sacar a mis chicas, no quería que las detuvieran porque muchos piensan que son prostitutas.
- Trato de entender – dijo la detective – ¿La señorita Rúa fue detenida? ¿Por quién?
- Por un novicio botón, era apuesto – dijo Rita.
- Se la llevo de testigo pa' prestar declaración – dijo Verónica, sin dejar de ver las cartas.
- ¿Pero a dónde se las llevaron? – dijo el capitán, ya ansioso.
- ¿A dónde más? Pa' la treinta y dos.
- Vos no sos una artista, ¿verdad? – dijo una de las chicas.
- No.
- Se te nota. Pero debo pedirte un favor: no nos veas con esa cara. Somos artistas, milongueras, no prostitutas.
- Lamento si lo hice. Estoy buscando a Mareva. ¿Sabe dónde está?
- Todos nos miran así. Ese es su departamento, siga tranquila. Seguro que a esta hora está cocinando.
Pame sintió que las chicas la observaban mientras se dirigía al departamento y recordó súbitamente a varios compañeros de su colegio haciendo matoneo por xenofobia. Sintió una mano en el hombro y giró alarmada.
- Tranquila Pame, ¿Qué pasa? – dijo el capitán.
- Nada. Pensaba en otra cosa. Este es el departamento de la milonguera.
Antes de entrar golpearon la puerta, y desde adentro una mujer madura gritó que pasaran. Ellos lo hicieron, mientras un par de chicas jugaban cartas en la sala.
- Policía de Nueva Sabernal – dijo Pame – buscamos a Mareva.
- Yo soy Rita y ella es Verónica – dijo una de las chicas, mientras la otra estaba concentrada en las cartas – mamá Mareva está en la cocina.
Los policías se voltearon y encontraron a la milonguera, que correspondía con la voz madura que escucharon al principio. Le comentaron lo que venía sucediendo, y cómo terminaron con ella.
- Capitán, lo he visto un par de veces en la comisaria. Me avergüenza que sea por razón de mi hijo. Era noble. Lo tenía laburando en el kiosco del chino, pero desde que empezó a bailar cumbia con las pibas, se la pasa de quilombo en quilombo, solo habla de las gambas y gomas de las chabonas, un día dice que le encantan las rubias, pero luego dice que las morochas son su debilidad. En fin, se desvive por las pendejas. Pero esa indecisión no para ahí. Ahora dice que es del River, pero siempre lo veo con la camiseta del Boca. Es un gil que mantiene de remera y en zapatishas.
- Es un chorro – dijo Rita.
- Es un buchón – dijo Verónica.
- Es muy canchero – dijo la primera.
- ¡Es mi hijo! ¡Ya basta de hablar así!
- Ay, mamá Mareva, estamos jugando a las cartas.
- Señoritas – interrumpió el Capitán – Solo quiero saber qué vieron anoche, en la madrugada más bien, con Nelio y la señorita Rúa.
- Ah, la conocemos – dijo Mareva – viene constantemente a esta calle, le interesa la milonga y quiere participar con nosotras en algún espectáculo. Nenas, ¿saben qué pasó?
- Eso es fácil – dijo Rita – Luego del show, todo se puso escandaloso y ruidoso, Verónica y yo estábamos borrachas, pero estábamos jugando al truco con ella, creo recordar. De pronto en esa reunión se hizo presente la yuta y a la curdela al son de la batuta la fue arriando pa'l camión, el encargado del convoy en camisón y confuso rajó.
- Unos se piantaron con el vino – dijo Verónica.
- ¡Madre de Dios! – dijo el capitán – ¿Y el cuerpo?, digo ¿la señorita?
- Como a casi todos los borrachos fueron detenidos – dijo Mareva – Menos mal conozco a Vanesa y me ayudó a sacar a mis chicas, no quería que las detuvieran porque muchos piensan que son prostitutas.
- Trato de entender – dijo la detective – ¿La señorita Rúa fue detenida? ¿Por quién?
- Por un novicio botón, era apuesto – dijo Rita.
- Se la llevo de testigo pa' prestar declaración – dijo Verónica, sin dejar de ver las cartas.
- ¿Pero a dónde se las llevaron? – dijo el capitán, ya ansioso.
- ¿A dónde más? Pa' la treinta y dos.
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