El cuerpo de San Martín - parte 6

Pamela le exigió una explicación a Vanesa sobre la desaparición del cuerpo y el cajón destrozado. Ella observó al fondo a tres ancianos sentados y dormidos, y se les acercó.

-      ¡Ey! ¡Buenos para nada!¡Despierten! ¡No están descansando en el living de su departamento!
-      Vanesa, la concha de la lora, ¿Qué hacés? Todavía no es la hora de la parrisha – dijo el primer anciano.
-      Estas buenas personas quieren saber lo que le pasó al cajón. Capitán, aliste su birómetro.
-      Fue en la madrugada – dijo el segundo anciano – una mosca había entrado y rondaba indiferente, se fue a parar justamente en la nariz de la finada.
-      El boludo aquel – dijo el tercero– el rechupado como un faso, vio la mosca en el naso y le encajó un bofetón que hizo saltar de un zurdazo a la mina y al cajón.
-      El jonca quedó forfai y ese otro gil que estaba ahogado en llanto, sentó a la difunta en un banco – dijo el primero.

Pamela estaba tratando de comprender algo, y al mirar al capitán, estaba tomando atenta nota.
-      ¿Está diciendo que sacaron el cuerpo del ataúd? – intervino Saverino.
-      No he entendido nada. Todo lo que dicen es en jerigonza, en otro idioma.
-      Es lunfardo – dijo Vanesa.
-      No me interesa. Capitán, tiene la bondad de traducirme, por favor.
-      Pame, por Dios. Dijeron que un tipo pequeño y delgado como un cigarro trató de golpear la nariz de la señorita Rúa, y dio un golpe tan fuerte que destruyó el cajón. Luego la sacaron y la sentaron.
-      Recuerdo que este wachín, Piazzolla, empezó a contarle uno de sus cuentos – dijo el segundo anciano.
-      Pues yo recuerdo que Guevara le quería clavar un puñal porque decía que lo miraba mal – dijo el tercero.
-      Qué carácter, amigo – dijo el Capitán.
-      Esa información no me sirve mucho– dijo Pamela – ¿Dónde están todos ellos?
-      Ah, recuerdo otra cosa – dijo el primer anciano – estos se durmieron antes que yo. Son muy viejos, ¿viteh? Recuerdo que Prudencio, el peluquero, que siempre le quiso hacer un corte a la jermu, pues se acordó de su laburo y le afeitó hasta el copete.
-      Bueno, el peluquero vive en frente– dijo Vanesa.

Los investigadores fueron al local de frente que se hallaba cerrado, y tras golpear varias veces, un joven abrió y los invitó a pasar. Efectivamente encontraron a Prudencio, el peluquero, durmiendo vestido festivamente en un sillón. El joven que abrió la puerta lo despertó y le explicó lo que sucedía.

El viejo y gordo peluquero se puso de pie y apenas reconoció a los policías.
-      ¿Canas? ¿Qué hacen aquí? Es domingo recién.
-      Le pediré que nos respete. Estamos investigando un crimen – dijo el capitán – Ella es la detective Urr…
-      ¿Sabe dónde está el cadáver de la mujer que tenían en la madrugada de hoy?
-      Te me hacés conocida.
-      ¡Responda inmediatamente!
-      Detective, por favor cálmese, y usted hombre, responda.
-      Esperaré afuera, capitán.
-      El cuerpo de San Martín – dijo Prudencio – lo deben estar velando todavía. No sé quién era, no vi adentro,llegué tarde.
-      Dijeron unos testigos que la sacaron del cajón y que usted le hizo un corte. ¿Recuerda qué pasó después?
-      No mucho, recuerdo mucha música y mucho licor, debió ser una persona muy querida. Recuerdo que hice un corte a una mujer porque me dijo que quería verse bien para la milonga.
-      ¿Ella le habló? ¿Está seguro?
-      Che, estaba ebrio, no puedo asegurar nada ¡ah, sí! al rato cayó el punga Nelio con unas cuantas chirusas. Venían de una garufa empuñando el bandoneón y entre curdas y papusas se armó una milonga flor.
-      Entiendo. Bien, esta mujer, a la que le cortó el cabello, ¿sabe quién era ella y qué le pasó después?
-      Sí, creo que era la señorita estudiada, Rúa creo que es su nombre, no es argentina, podría decir que los conozco a todos en este país. Es muy buena persona. Recuerdo que un día conversamos y quedamos de almorzar, le invité milanesa con papas y flan con dulce de leche, pero ella dijo que prefería los ravioles, el ñoqui o el incluso el rissoto que, dicen, me queda espectacular. Lo último que recuerdo de ella es que estaba tomando café con Eva, la milonguera. Ella vive en un departamentodel edificio azul, con otras minas. Después llegaron los policías y yo regresé aquí.

El capitán guardó la cartilla en su bolsillo y miró para atrás para ver si Pamela aún se encontraba cerca de la entrada, pero ya le había perdido de vista.
-      Una última pregunta señor Prudencio, ¿dijo usted que conocía a la detective Urra?
-      ¡Ah! Es Urra. Sí. No, disculpá, a ella no la conozco, creo que conocí a su madre.

Saverino sale de la peluquería y se dirige al auto, donde encuentra a Pamela fumando. Le dice que le tiene buenas noticias, y que está seguro que la milonguera es la última persona que debe conocer el paradero de la señorita Rúa.
-      Discúlpeme capitán, sabe que me siento presionada en este lugar. Quiero salir ya de aquí.
-      No te hagas drama.
-      ¿Dijo algo interesante el peluquero?
-      Sí, bastante – dijo con cierto tono – En la comisaría es famoso un pibe en este sector. Su nombre es Nelio. Es un vándalo que siempre se sale con la suya y aunque lo agarran haciendo fechorías, lo terminan soltando. Su madre siempre va a recogerlo.
-      No entiendo, ¿qué tiene que ver eso?
-      El peluquero dijo que anoche vino él con unas cuantas… mujeres vulgares. Venían de una francachela y ahí armaron una milonga. Creo que fue el exceso de ruido por lo que vino la policía en la mañana. El peluquero dijo que la vio tomando café con una de las milongueras.
-      ¿Cómo que estaba tomando café?
-      Estaban borrachos Pame. Pueden estar describiendo conversaciones con elefantes rosados.

La pareja se acercó a la entrada del edificio de cinco pisos de color azul. En la entrada un hombre comía de un tarro de frutas. Antes de continuar, el capitán le dijo que Prudencio le dijo algo más, acerca de su madre.
-      ¿Tiene eso que ver con lo que odies estar aquí?
-      Con todo respeto, capitán. Eso no es de su incumbencia.
-      En eso tenés razón, pero podría ayudarte.
-      Ya hice lo que pude.

Ambos siguieron el camino e interrogaron al hombre, que parecía un portero.
-      Estamos buscando a Eva, la milonguera.
-      Está arriba, tercer piso.

La detective continuó y Saverino le preguntó por lo que estaba desayunando.
-       Ah, una mezcla de banana, anana y frutishas. Lo llevan por delivery en esta zona, le daré la tarjeta cuando regrese, capitán. Se lo recomiendo, pero no lo deje mucho tiempo en la heladera ni muy cerca del freezer porque se jode.

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