Ejercicio en clase 7 - cuento en diálogo
Sin título
Es la hora del almuerzo y personas de todas partes entran al restaurante. Está lleno y se acomodan en todos los puestos disponibles. En ese momento la noticia principl habla de que stalló la guerra entre Colombia y Venezuela.
-Yo creo que se nos vino un problema grande encima - dijo Hugo.
-Al fin era hora de que rsolvieran ese problema - dijo Enrique - Se estaban demorando.
-¿Resolver? Esto apenas inicia - intervino Manuel, contrariado.
-Pienso que hay que resolverlo, como dices tú - dirigiéndose a Manuel - resolverlo lo antes posible porque el gran perjudicado es el pueblo.
-Nos han estado perjudicando hace años, ya hay muchos venezolanos aquí - señaló Enrique - Que saquen al presidente de ahí y les devuelvan el país.
Manuel soltó la cuchara y se irguió.
-¡¿Presidente?! ¡Es un dictador! - hizo una pausa y respiró - Puede que allí no haya una democracia, pero existen metodos de presión diferentes a los militares. No creo que una guerra sea conveniente.
-Mirándolos a ambos digo con algo de duda: ¿un dictador? - dijo Hugo - Es difícil, es difícil. Sobre todo porque el pueblo venezolano no se une sino que han decidido es abandonar su país, dejándolo a disposición del dictador.
-¡Entonces matémonos todos y solucionado el asunto! - protestó Manuel, atestanto un puño en la mesa.
-Cálmate. Porque los problemas nacen del pueblo que se altera, pelean entre ellos y esas ventajas las toma la dictadura.
-No hay que ser tan radical - dijo Enrique pausadamente - pero una guerra sí era necesaria, o bueno, era indetenible, inevitable más bien.
-Entonces los quiero ver en la primera fila... piensan que matándonos los unos a los otros se soluciona algo. ¿No han visto a Libia? Murió Gadafi y ahora es tierra de nadie.
Manuel se cruzó de brazos como si ya no tuviera apetito. Hugo y Enrique comían la entrada tranquilamente. Se prolongó un silencio mientras solo se escuchaba el ruido de los cubierto y la inteligible voz del TV en una esquina del restaurante.
-De todos modos ya empezó la guierra. Y los que están allá pelenado son hombres educados para eso, con el dinero de nuestros impuestos.
Es la hora del almuerzo y personas de todas partes entran al restaurante. Está lleno y se acomodan en todos los puestos disponibles. En ese momento la noticia principl habla de que stalló la guerra entre Colombia y Venezuela.
-Yo creo que se nos vino un problema grande encima - dijo Hugo.
-Al fin era hora de que rsolvieran ese problema - dijo Enrique - Se estaban demorando.
-¿Resolver? Esto apenas inicia - intervino Manuel, contrariado.
-Pienso que hay que resolverlo, como dices tú - dirigiéndose a Manuel - resolverlo lo antes posible porque el gran perjudicado es el pueblo.
-Nos han estado perjudicando hace años, ya hay muchos venezolanos aquí - señaló Enrique - Que saquen al presidente de ahí y les devuelvan el país.
Manuel soltó la cuchara y se irguió.
-¡¿Presidente?! ¡Es un dictador! - hizo una pausa y respiró - Puede que allí no haya una democracia, pero existen metodos de presión diferentes a los militares. No creo que una guerra sea conveniente.
-Mirándolos a ambos digo con algo de duda: ¿un dictador? - dijo Hugo - Es difícil, es difícil. Sobre todo porque el pueblo venezolano no se une sino que han decidido es abandonar su país, dejándolo a disposición del dictador.
-¡Entonces matémonos todos y solucionado el asunto! - protestó Manuel, atestanto un puño en la mesa.
-Cálmate. Porque los problemas nacen del pueblo que se altera, pelean entre ellos y esas ventajas las toma la dictadura.
-No hay que ser tan radical - dijo Enrique pausadamente - pero una guerra sí era necesaria, o bueno, era indetenible, inevitable más bien.
-Entonces los quiero ver en la primera fila... piensan que matándonos los unos a los otros se soluciona algo. ¿No han visto a Libia? Murió Gadafi y ahora es tierra de nadie.
Manuel se cruzó de brazos como si ya no tuviera apetito. Hugo y Enrique comían la entrada tranquilamente. Se prolongó un silencio mientras solo se escuchaba el ruido de los cubierto y la inteligible voz del TV en una esquina del restaurante.
-De todos modos ya empezó la guierra. Y los que están allá pelenado son hombres educados para eso, con el dinero de nuestros impuestos.
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| Fuente: Prudencia.net |

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