Un Príncipe de Acero - parte 7

Al llegar al Alcázar, la señorita Ceduin le dice que antes de entrar a la oficina debe tomar un baño y cambiarse. Después, Mauricio lo espera con todos los documentos en su escritorio. Le avisa que al revisar el decreto, encontró que no sólo autoriza que las minas de Tobina sean explotadas por Aceros Limpios, sino que aparte ordena el traslado de las pequeñas empresas siderúrgicas a una empresa llamada Aljazaira, cuyos documentos legales no existen. No sólo es una empresa fantasma, sino que Aljazaira es el famoso nombre de la mascota del jefe de la mafia árabe.

-     ¿Cómo pudiste pasar esto por alto?
-     Su Alteza, alguien debió colocar el documento entre los archivos revisados y los que están listos para su firma, pero aun así, mi sistema es bastante complicado. Dudo que alguien sepa dónde debía colocar el documento.
-     Podría ser alguien que haya venido bastante tiempo a hacer lo mismo. Alguien que sepa cómo se hace el trámite. Es ese legislador Nando.
-     Tiene sentido, él y la vice ministra de minas son muy unidos, apuesto a que debe ser un matrimonio secreto o algo, pero ¿cree que Nando esté aliado con la mafia?
-     En este punto, hay que desconfiar de todos.
-     Por supuesto. Solicitaré una reunión con el legislador Nando y Káterin para la próxima semana y discutir el tema.
-     Me parece que es un asunto importante. Ya me he encargado de reunirme con ellos.
-     Su Alteza, no es usted quien debe administrar la agenda, no es bien visto.
-     ¿Soy el Príncipe o no?
-     Por supuesto.

Mauro recibe una llamada de Susi, quien le dice que llegará en la noche, así que no alcanzará a reunirse con su colega. Mauro le dice que quiere publicar el asunto del Tobina, exponiendo al legislador y a la vice ministra esa misma noche. Indudablemente ella acepta. Mauro toma las indicaciones para reunirse con el colega y cuelga.

En la tarde, Mauro usa la excusa de tomar el té de las cinco para reunirse en privacidad con el colega de Susi, quien resulta ser Dajat Taborda.
-     Es un honor ser invitado a este evento.
-     No me mienta, sé de buena fuente que ha tomado el té con reyes y reinas más poderosos que yo.
-     Siempre es un honor ser invitado a tomar el té.

El príncipe le pide con respeto que le informe sobre los antecedentes de su familia, que parece saberlas mucho más que él mismo. Dajat está de acuerdo, incluso tiene información que debería saber.
-     Su Alteza, por mis conocimientos yo fui invitado a presidir el Comité de Búsqueda de Familiares Reales, pero a último momento fui rechazado sin explicación alguna. De todos modos, ya había investigado sobre la noble línea real. ¿Conoce la historia de Alvin, el Carnicero?
-     Es una leyenda urbana, creo. Un hombre que mató a sus hermanos y sobrinos. Creo que mató a alguien de la familia real también. No la escuchaba desde la escuela.
-     No es una leyenda urbana. Alvin fue el tercero de los hijos de la numerosa familia del barón Héctor Sasure. Al finalizar la dinastía Carpana, la línea de sucesión continuaba con el hijo mayor del barón, Eduardo Sasure, quien se convertiría en Leonardo III. Antes de la coronación, Alvin estaba convencido de asesinar a sus hermanos y sobrinos para asumir el trono, pero como bien sabe, fue detenido.

Mauro escuchaba convencido. Dajat continuó.
-     En ese momento, el resto de sobrevivientes empezó su diáspora alrededor del país y por fuera. El hermano siguiente de Eduardo, es decir, su abuelo, se estableció en la parte nororiental del reino. A cada uno de sus hijos les puso un apellido distinto, lo hicieron en honor a la naturaleza que los rodeaba. Podría apostar que su familia sustituta es de apellido Fashio.
-     Sí, es el apellido de mi nana. Hoy me lo contó todo. Pensé que mis padres habían sufrido un accidente, pero todo fue preparado. Pasábamos mucho tiempo allí en Tobina. ¿Cómo lo sabe?
-     Varias familias juraron proteger a los descendientes. Los Fashio, una de las más grandes de Tobina, están encargadas de la protección de los Ferro. Ahora, como bien sabe, Tobina es una zona donde históricamente se explotaba el hierro. De ahí que existan el apellido Hierro, Fierro o Ferro, o incluso Acero, aunque apenas subsistan los dos últimos.
-     ¿Acero?
-     Exacto. Y es ahí a donde quería llegar. Es extraño que el comité de búsqueda haya pasado por alto este tema, pues es seguro que hay descendientes con ese apellido, que está en un nivel mayor que el suyo.
-     ¿Es decir, que un Acero debía ser príncipe, en vez de mí?
-     Totalmente. Pero la decisión fue tomada, Su Alteza, así que no debe preocuparse.
-     Mi asesor se apellida Acero, y al conocerle él me dijo que hacía parte del comité.
-     Eso es extraño. No había escuchado de un Acero dentro de la corte. ¿Cuál es su nombre?
-     Mauricio Acero.
-     Interesante. Es casi homónimo… tendría sentido. Si desea mi opinión, sería de él de quien tendría que cuidarse.
-     Usted puede ayudarme, ¿puede averiguar si él también es descendiente de Héctor Sasure?
-     Sería un honor Su Alteza. En cuanto tenga la información no dudaré en advertirle. Pasaré a la biblioteca antes de ir al teatro. Esta noche es el estreno de “Asesinato en el Castillo”, una adaptación de una antigua obra. Me esperan para que dé mi opinión. Espero haberle ayudado antes de que empiece.

Mauro y Dajat se despiden, después de que el Príncipe le diera su teléfono privado.
Dos horas después llega Susi al Alcázar y se reúne con Mauro. Él la lleva a su despacho, donde preparan todo para grabar al legislador y a la vice ministra. Ella pregunta por su asesor y él le dice que apenas son las cinco de la tarde, deja todo ordenado y se marcha a su apartamento dentro del palacio.
-     No lo creo – dice ella – tenía entendido que los burócratas no viven el Palacio.
-     Eso dice él.

Golpean a la puerta y Susi se esconde detrás de una bandera. Ha puesto un pequeño micrófono sobre el escritorio, entre unos documentos. Ella carga una pequeña cámara de video con el que grabará toda la reunión. Mauro abre la puerta.
-     Su Alteza, el legislador Nando y la señorita Káterin.
-     Gracias señorita Ceduin.
-     No es de mi incumbencia, pero debo recordarle que no es bien visto estas reuniones a esta hora. Son casi las ocho.
-     Lo tendré en cuenta.

El legislador entró saludando formalmente con su sonrisa, mientras Káterin le guiñaba un ojo a la señorita Ceduin. “Gracias por todo” alcanzó a escuchar, y la señorita Ceduin empezó a reír en voz baja tapándose la boca con una mano. Luego la vice ministra saludó al Príncipe seriamente.

Mauro cierra la puerta y se sientan los tres en el escritorio. Les comenta que los ha llamado porque el decreto que ha autorizado, sospecha que fue proyectado por ellos. Nando y Káterin se miran asombrados.
-     Su Alteza, lamento que haya malinterpretado nuestra buena fe.
-     Basta de labia, legislador. Sólo usted ha venido varias veces a este despacho y sabe la complicada tramitología. Vice ministra, cuando era presidenta de Aceros Limpios, traté de informarle el gravísimo daño ambiental que provocaría la explotación de las minas de Tobina. Sería irreparable. Traté de seguir el proceso institucional, pero nunca di con usted. Ahora se han invertido los papeles, pero aun así usted logró esta autorización a mis espaldas y con engaños.
-     Es muy grave lo que argumenta – dice Káterin levanándose de la silla – quisiera ver tal decreto. Allí mencionará quién lo autorizó.
-     Por supuesto, la vice ministra de minas – dice Mauro, enseñándole el documento.
-     ¡Qué demonios! Esta no es mi firma.
-     Katerin, cuida tu lenguaje – dice Nando – es evidente que aquí hay un error y se nos está incriminando.
-     De repente el teléfono privado suena y Mauro se disculpa.
-     ¿Hola?
-     Su Alteza soy Dajat. Como le dije, debo advertirlo: es correcto que hay un descendiente llamado Mauricio Acero, que trabajó como burócrata en el Alcázar y que murió hace seis meses asesinado de un tiro de gracia, típico de la mafia árabe.
-     ¿Está muerto?
-     Quien quiera que sea su asesor, se está haciendo pasar por él.


Un hombre en traje sube por las escaleras. Hace una señal y de inmediato los guardias del piso se van de allí. Abre una pequeña escotilla que apaga las luces del pasillo. Se acerca a una puerta y la abre con sigilo. Saca una pistola y enciende la luz de la habitación. Es la habitación del Príncipe. No hay nadie allí. Al girar observa luz que sale por debajo de la puerta del despacho.

Comentarios