Las Crónicas de la Línea del Cielo - parte 1

Un hombre se acomoda sus enormes gafas de aumento y tras tomar un respiro entra a un bar oscuro, a comparación del día soleado que hace afuera. Hace una seña al barman, quien con la cabeza le señala al fondo. Este se dirige en aquella dirección y se sienta en una mesa, ocupada por dos hombres más.
-  Llegas tarde, Andrés – dice uno de los hombres.
-  Al jefe no le gustará – dice el otro.
-  No me interesa lo que le guste o lo que no le guste a ese zoquete. Quiero la información.
-  Yo quiero el dinero.

Andrés mete la mano a un bolsillo dentro de su chaqueta, alertando a los dos hombres. Pero lo que saca es un paño. Con la otra mano se quita los lentes y los limpia tranquilamente con el paño.
-  Quiero ver primero la información.

Los dos hombres se miran entre sí, y uno de ellos asiente. Le pasan un Pen Drive y Andrés la toma, al mismo tiempo que uno de ellos le pone la mano sobre su brazo. Andrés saca entonces un sobre y se los lanza. Uno de ellos lo abre y cuenta lo que hay adentro.
-  Está sólo la mitad.
-  Les daré la otra mitad cuando verifique.

Andrés se levanta y sale del bar, mientras enciende su teléfono celular. Conecta el dispositivo y envía la información. Guarda de nuevo cada cosa en un bolsillo distinto, justo antes de llegar a su automóvil. Entra y lo enciende. El vehículo explota.

Una camioneta azul oscuro va por un camino de tierra, hasta que se detiene frente a un portón de madera. Un hombre se acerca a la camioneta. La ventanilla baja. Quien conduce es una mujer, de aspecto serio y directo, de cabello oscuro y corto, en contraste con su color de piel.
-  Señorita, parece perdida.
-  Estoy buscando una hacienda.
-  Uy, hace tiempo ya no hay haciendas aquí. Las están vendiendo para construir casas de campo para los ricos.

La mujer giró hacía su copiloto, otra mujer mucho más grande que ella. Tenía el cabello largo, rubio y se abanicaba.
-  Saris, ¿estás segura que es aquí?
-  La mujer dejó por un momento su abanico y revisó una agenda.
-  Todo indica que es aquí, agente.
-  Escuche hombre – dijo la mujer dirigiéndose al extraño – estoy buscando El Edén.
-  El territorio ese queda a unos metros más allá, pero ya no existe más, la casa está abandonada. Nadie vive ahí.
-  ¿Qué sabe del propietario, Esteban Calderón?
-  Él no es el propietario hace tiempo, son tres hermanos que viven en la ciudad. Sé que Esteban vive en una comuna para retirados, creo que se llama la Línea del Cielo.
-  El Skyline… - susurró Saris.
-  Buen hombre, gracias por la información.
-  Feliz día, es curioso, ¿sabe? Hace poco vinieron buscando lo mismo.

La agente cerró la ventanilla sin poner mayor atención a sus palabras y retornó al camino.
-  Agente K, ¿a dónde vamos ahora?
-  Tengo que encontrar a Esteban. No sabía lo de los tres hermanos, deben estar en peligro también. Saris, averigua la información sobre ellos inmediatamente.

Saris cerró el abanico y abrió la agenda electrónica, que manipulaba fácilmente pasándole los dedos.
-  Parece que está completa. El mayor, Ryan Calderón, directivo del grupo Calderón. El que sigue es Nando Calderón, actor de cine, y el menor es Jijo Calderón…
-  ¿Qué pasa con él?
-  No hay más información.
-  No importa, seguramente nos la darán luego. ¿Cuál es la dirección de la Línea del Cielo?
-  Está por la salida seis.
-  Sólo te digo algo, Saris: esto no quedará así. Van a pagar, te juro que van a pagar.

La camioneta salió de la carretera y entró a la autopista. Llegarían a donde Esteban en sólo unas horas.

Comentarios