El secreto del señor Montana - parte 2

A las siete y treinta de la mañana, las tres hermanas y su padre estaban en el mismo lugar, la sala de estar del Hospital público de  la Vera Cruz esperando que su madre doña Elena, saliera de la cirugía donde le extirparían un tumor que hace tres años le habían descubierto en el cerebro, y que, sin embargo, ya lo tenía desde hace mucho tiempo, pero había guardado siempre el secreto.

Unos días antes, una mujer madura tomaba el té en la habitación, haciendo un evidente esfuerzo por ver el atardecer a través de su ventana. Natalia, que tomaba el té con ella, notó algo raro en su actitud.

-  Mamá, estos días no te he visto de tan buen semblante, ¿te sientes bien? – preguntó.
Claro que sí, hija. Estos días no he salido a tomar el sol y eso debe ser lo que me tiene con este pálido - respondió doña Elena, mientras dentro de sí sentía morir al encontrarse con un espejo que reflejaba su cadavérica cara.

Natalia se retiró un rato después y entró una mujer más gorda con su uniforme de servicio. Mientras colocaba la fina loza en la bandeja de plata, Ana no evitó hacer sus comentarios impertinentes, a los cuales la familia ya estaba acostumbrada.

-Ha debido contarle a Natalia lo que pasa. Ella podrá estar más al pendiente de usted y acompañarla cuando necesite ir con el médico.

Ana se había enterado del padecimiento de doña Elena cuando la escuchó discutir con su médico personal por teléfono, ya que él la regañaba por no asistir a sus consultas.

–    ¡No! Creo que el momento no ha llegado aún, con que lo sepa Sebastián es suficiente.
–    Pero lleva tanto tiempo así, ¿no cree conveniente hacer caso a su doctor y someterse a la cirugía?

Doña Elena se echó a llorar.
– No soy capaz de pensar que tengo que despedirme para siempre de mis hijas… la idea me aterroriza. Karen me preocupa, creo que merece más atención, más apoyo. Sin su madre, ¿qué será de ella?
- ¿Otra vez pensando en eso? – dijo Sebastián Montana irrumpiendo la conversación de las mujeres al entrar con un gran estruendo a la habitación principal. En su cara se notaba la molestia por escuchar la conversación – Vengo de hablar con tu médico y me ha dicho que debes entrar a cirugía cuanto antes. Llevas mucho tiempo con ese tumor y los expertos han decidido que deben extirparlo cuanto antes – el silencio se apoderó de la situación –. Sé que es difícil para ti, Elena, pero peor son los dolores que debes soportar cuando ves la luz, cuando amanece y cuando el ocaso aparece. No hay porque angustiarse, los doctores me han dicho que todo saldrá bien, así que Karen siempre podrá contar con los consejos de su madre, y toda la familia gozará con la presencia de la gran mujer que eres.


Elena no pronunció palabra alguna.

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