Un amor de invierno - parte 9
Mientras regresaban por Lina, Juano lo detuvo un segundo.
- Te agradezco lo que haces por
mí. Eres una buena persona. Trataré de cambiar.
Una hora más tarde, Julio regresó a casa y encontró a Luis cantando
mientras cocinaba. “Todos me dicen el negro, Llorona, negro, pero cariñoso”
Julio se acercó un poco más “Yo soy como el chile verde Llorona, picante, pero
sabroso” Luis giró y continuó cocinando y cantando, mientras Julio se apoyaba
en una pared donde no podía verlo. Esa canción le traía muchos recuerdos.
- Si porque te quiero quieres, Llorona, quieres que te quiera más…
- Si ya te he dado la vida, Llorona, ¿qué más quieres? ¡quieres más!
Julio se dio cuenta que había terminado coreando la canción y luego vio
a Luis pasmado. Había dejado de cantar y estaba serio nuevamente. Como si nada,
siguió cocinando.
- Señor Julio, no noté que llegara. ¿Dónde están los demás?
- He venido solo. Lina me dio la dirección y regresé en taxi. ¿Cómo
conoces esa canción?
- El señor Santiago la cantaba cuando le preparaba el platillo favorito a
Lina: enchilada.
Julio notó que le agregaba un poco de remolacha en trozos a la mezcla.
- Así no…
- Sí, ya sé que las enchiladas no llevan remolacha, pero así la preparaba
el señor Santiago. Debió aprenderla en alguna parte.
- Yo le enseñé esa receta. La remolacha no va en trozos, debe estar
picada para aumentar el efecto endulzante sin restar los efectos picantes del
chile.
De repente Julio se encontraba picando la remolacha al tiempo que le
decía que era una receta familiar. Luis revisaba el resto de las cocciones.
- ¿Sabes? No tuve la oportunidad de felicitarte por tu actuación frente a
lo que le pasó a Andy. Estuviste muy bien.
Luis no prestaba mayor atención.
- Es algo que todos deberían saber.
-
¿Alguna vez has escuchado la
historia del grillete del
elefante?
Luis niega con la cabeza y Julio le cuenta que una
vez, un niño visitó con su padre el lugar
donde se encontraba el elefante de un circo, y el niño no comprendía por qué
permanecía ahí solamente sujeto por una soga atada a una pequeña estaca y a un
grillete en una de sus patas. Era algo que podría romper fácilmente con su fuerza.
Un trabajador les explicó que se debía a que el animal aprendió cuando era niño
y tenía aún poca fuerza, que no podía soltarse y se quedó con esa idea. Así,
mientras esté amarrado a esa estaca no se iba a mover de ahí.
-
Es una famosa historia que evidencia las trabas mentales que podemos
tener…
Luis suelta
unos instrumentos de cocina con
fuerza.
- Señor Julio, comprendo que se
refiere a mí, pero modestamente debo pedirle que no siga con eso.
Julio le dice que entiende por
qué Santiago le dio ese libro azul, que es una costosa
guía básica de medicina que se usa durante varios años en esa carrera. Le
insiste que si quiere ser medico tiene la vocación y quiere hacerlo, entonces
debería hacerlo, en memoria de Santiago. Tanto estuvo insistiendo, hasta que
Luis dejó de resistirse.
- Digamos que quiero intentarlo, como usted dice, pero para ingresar, por
ejemplo, a la Escuela de Medicina de Sabernal, necesitaría una recomendación de
alguien de su directorio. No crea que no lo he intentado. A pesar de los
contactos de mis patrones, ninguno es conocido de allí.
Julio le dice que puede ayudarlo, si quiere. Luis empieza a temblar, se
apoya sobre el mesón y se limpia las lágrimas de los ojos. Finalmente abraza a
Julio.
- Sí quiero.
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