Un amor de invierno - parte 8
Cuando Julio salió de la habitación, vio a Lina y a Juano sentados en
el pasillo. Juano se levantó y le preguntó si quería salir a fumar y Julio
aceptó, diciéndole que se adelantara. Luego le dijo a Lina que si ella quería
podía ayudarle con su enfermedad, sólo tenía que hablar con el doctor Anderson
sobre el síndrome de Quigar.
Julio salió a la terraza con Juano y allí conversaron. Julio le
preguntó que por qué un hombre tan exitoso como él no tenía pareja. Tras un par
de preguntas, notó su baja autoestima y que a él le aterra tener pareja porque
puede perderla, y su culpabilidad por lo que le pasaba a Andy y lo que le pasó
a Santiago. Él insistió que nadie iba a querer una relación con él, pues para
empezar, en una cita usualmente se sentía incómodo y cohibido. Julio le
prometió que le ayudaría, si quería.
- ¿Por qué no? – dijo Julio – No tienes nada que perder.
Juano se apoyó en la baranda, y fumó una vez más.
- Era el peor clima del año y pensé que nada iba a pasar – dijo Julio.
- ¿De qué hablas?
- El día que conocí a Santiago.
Julio le cuenta que era un día lluvioso. El invierno apenas empezaba,
pero desde hace unos días, las fuertes lluvias eran algo común. Ese día,
caminaba a la universidad, pero de un momento al otro, la tormenta aumentó, así
que entró al primer local abierto. Era un bar, y pronto se estaba llenando.
Julio se sentó en la barra y pidió un café. Al primer sorbo le pareció de mal
gusto. Luego a su lado se sentó Santiago. Estaba más mojado que él. Le pareció
interesante y dudó si hablarle o no. Entonces tomó la decisión de hablarle.
Lo primero que le dijo fue que iba a preguntar si la lluvia había
menguado, pero que al verlo así no iba a ser necesario. Santiago sonrió y le
respondió que no llegaría a tiempo a su clase. La casualidad le dio paso a una
buena conversación.
Santiago dijo que pediría un café, pero Julio le previno del mal gusto.
Le respondió que en ese caso, debería pedir algo acorde al lugar donde estaban.
Julio le preguntó si no era muy temprano para tomar cerveza, a lo que Santiago
le dijo que no le gustaba. Había sido criado bebiendo whisky, pero el que
vendían allí no le sabía a nada. Julio le dio la razón y le dijo que él había
sido criado bebiendo tequila, y el que vendían allí tampoco le sabía a nada.
Santiago leyó la carta de nuevo y dijo que tomaría una copa de vino y
Julio le dijo que él tomaría lo mismo, pero antes de pedirla, el bar empezó a
desocuparse. La tormenta había terminado y Santiago le dijo que al parecer sí
alcanzaba a ir a su clase. Al levantarse miró a Julio y sacó un papel. Le dijo
que le gustaría tomarse el vino con él, y le entregó el papel con su teléfono.
- No era necesariamente un ambiente romántico, pero las cosas se dieron –
le dijo Julio a Juano – pero lo importante aquí, es que no se hubiera dado si
no le hubiera dicho algo. Había que tomar el riesgo.
- Por supuesto. Ninguno de los dos tenía de qué preocuparse. Pero yo
siento… no sé, que si tomo el riesgo me puedo equivocar. Siempre siento que me
están viendo, y me van a buscar algún defecto. No me gusta ser el centro de
atención.
- Me pregunto si no serás tú quien busca ese error.
Juano lo miró desconcertado. Julio continuó.
- Eres un hombre increíble, apuesto e inteligente. La gente suele estar más pendiente de
sus propios asuntos y no les afectará tanto como a ti que hoy no te hayas
peinado o no te hayas puesto la corbata. Muchos, ni se darán cuenta. Hay
una parte tuya que no lo cree, pero ¿puedes decirme por qué no crees que lo
seas?
- No lo sé sinceramente. La gente me lo dice, pero no lo creo. Siento que
me falta algo.
- Yo no lo creo. Necesitas ser ese chico que quieres ser y este podría
ser un comienzo. Debes creer desde este momento que estás bien, que eres guapo
e inteligente. Lo más importante es que debes sentirte cómodo contigo mismo y
caminar más alto. Ser alto es maravilloso. Deja el temor de que algo malo pase
si llegas a destacarte, y piensa lo contrario. Usa tu confianza interna. Mira,
¿puedes saltar de esta terraza?
- ¡Estás loco!
Julio se sube al barandal y se pasa al otro lado. Juano se ve
sorprendido.
- ¡Pásate para este lado! ¡Te harás daño!
- No es una caída muy alta. Además, estamos dentro de un hospital. Si
quieres, puedes venir por mí. Te reto.
Julio se corre un poco más alejándose de él, cuando de repente parece
resbalarse. Ahora se sostiene desde una barra del suelo. Juano toma un poco de
aire y luego salta atrás de la baranda. Trata de alcanzarlo con un brazo y le
pide a Julio que estire el suyo. Julio se esfuerza y logra darle su mano, pero
es tan pesado que Juano termina cayendo y siendo sostenido por Julio. Juano ve
el vacío.
- Dije que no era una caída alta, ahora me arrepiento.
- Está bien, Julio. Puedes soltarte, todo irá bien.
- ¿Estás seguro?
- Confía en mí.
Julio acepta y se suelta. Ambos caen de inmediato sobre un tejado de
tela que los amortigua y caen luego sanos y salvos en la cafetería. Muchos
curiosos los ayudan, pero ellos están bien, tal cual como dijo Juano.
- ¡Uf! ¡Mira lo que hace tu confianza! ¿Ahora qué opinas?
- Después de todo esto, la cita no me va a dar nada de miedo.
- Ese es el objetivo.
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