El extraño caso del Virrey - parte 9


Las dos mujeres se sentaron junto a la mesita de café. Les dije que ya lo sabía todo, y ellas no comprendieron. Les comenté lo que hice, sin incluir a Daiane, lo que había encontrado en el orfanato de Irion. Les dije que tenía una lista.
 
-     ¡Ah! Pero debe ser una mera casualidad – dijo Melanie.
-     Quizás, hasta que me di cuenta de una cosa: quién las recogió, quién le pagaba las mensualidades, quién fue quien la dejó allí. Señorita Kalfaian, ¿alguna vez se preguntó sobre sus padres biológicos?
-     Es irrelevante. Mis padres me abandonaron. No me tendría que interesar tal cosa. Realmente, gracias a mi padrino, nunca me faltó nada.
-     ¡Entonces me da la razón que fue criada en un orfanato!
-     Pues bien, seré honesta. Fui criada junto con Daiane, quien seguramente se lo ha contado todo. Siempre ha sido tímida y asustadiza. Es cierto que vivimos en un orfanato, pero eso no tiene que saberlo nadie. No tiene ninguna relación.
-     ¿Segura que no fue por ese motivo que pagó para evitar la investigación? ¿para que nadie supiera su origen?
-     Fueron los peores años de mi vida. Era excluida porque era la única que recibía dinero, la única que vestía medianamente bien. La única que recibía alimento tres veces al día. Y no sólo era maltratada por mis compañeras, sino por las guardianas. Me robaron varias veces, hasta que Diane empezó a protegerme, le prometí a cambio que le pagaría cuando saliera de allí. 

La condesa tomó las manos de Melanie.
- Cuando mi padrino me pidió que nos viéramos, no lo pensé dos veces, quería suplicarle que me sacara de allí. No tenía la menor idea de que fuera un virrey. Cuando le conocí, me di cuenta que se había enamorado de Daiane. Ese fue el pago que le hice. Acepto que se ha fortalecido nuestra amistad, pero en ese entonces era un negocio.

Melanie se contuvo y empezaba a llorar.
- Lo reconozco, yo pagué para que no se hiciera la investigación, fui una egoísta. Le pedí el dinero a Daiane, porque mi manutención sigue dependiendo de mi padrino. Ahora todo va mal, va tan mal.
-     No se alarme, todo se va a solucionar. Señora Mariafé, quisiera por favor que usted me respondiera con honestidad.
-     Si es para resolver algo, lo haré.
-     Fue usted quien recogió a las mujeres al salir del orfanato, ¿no es así?
-     Sí. Quería conocerlas.
-     Apuesto porqué. Melanie no es solamente la ahijada del Roger…
-     ¿Qué insinúa? – dijo Melanie. Mariafé estaba atónita.
-     Ningún huérfano corre con tanta suerte… perdón, con la suerte financiera que usted tuvo. Debía ser que Melanie era algo más cercano para él. Quizás, una sobrina o una hija fuera del matrimonio…

Mariafé estaba sorprendida, y miró a Melanie. En seguida le tomó las manos con fuerza.

-     No puedo creer… - dijo Mariafé - no puedo creer que Roger nunca te lo haya dicho – Melanie la miró abatida – Roger es tu padre, pero siempre pensé que lo dijo alguna vez. En fin, era algo cobarde, siempre se salía por las ramas en algunos temas. Fui su confidente por mucho tiempo, así que se los diré. Roger tuvo un matrimonio infeliz, y tuvo un romance con una cortesana cuya familia había caído en desgracia. Su nombre también era Melanie. Sin embargo, cuando naciste, ella no pudo aguantar el dolor de parto y murió. Fuiste enviada con el virrey, y la virreina no aceptó tener que criarte, así que Roger te dejó en un orfanato que no tuviera mayor contacto con la ciudad, ni con su esposa, y te mantuvo todo ese tiempo. Cuando me pidió que las recogiera, quería conocerte. Siempre habló tan bien de ti.
-     Después comprendí sus palabras –dijo Melanie – no era él… me dijo que alguien no quería que nadie supiera de mi existencia. Por esa razón, tenía planeado enviarme a estudiar a París, y después de que se enamoró de Daiane decidió enviarla conmigo.
-     Cuando la virreina murió, los medios dijeron que el virrey debía abandonar su cargo por no tener descendientes, fue cuando se hizo pública la noticia de que tenía una ahijada. Cuando regresaron de París, el virrey le pidió la mano a Daiane, y ya sabemos el resto.

Mientras la condesa hablaba, sin darse cuenta botó un sobre, y yo se lo entregué. Por fuera, la caligrafía y el texto, estaba en francés.
 -     ¡Ah sí! Esto es para Melanie. Creo que ya no importará.

Melanie recibió el sobre. Se levantó y lo abrió. Leyó en voz baja mientras se acercaba al escritorio.

-     Lo curioso es que… mi padrino… o mi padre, tuvo un matrimonio arreglado e infeliz, y quería hacer lo mismo conmigo – tomó una tiza azul y la pasó sobre una de las cabezas de la fotografía del convoy – Yo me enamoré de un soldado de bajo rango. Su nombre es… era Antoine. Se alistó en el ejército, y su convoy sufrió un atentado. No se supo inmediatamente el nombre de quienes murieron y de quienes sobrevivieron – tomó la tiza roja – Cuando me vine a este país, sólo faltaban cinco soldados para saber su identidad. Yo ya sospechaba que él ya no estaba con nosotros. Pero esperaba una carta siempre para que me lo confirmara. El último sobreviviente no es Antoine – marcó la fotografía con la tiza – Parece que el amor prohibido está destinado a la muerte, y el matrimonio arreglado al sufrimiento.
-     Sólo aquí en la corte – manifestó Mariafé – Te aconsejo que si quieres ser feliz, desaparezcas. Aprovecha ahora, después de que se resuelva este extraño caso, tomes tu parte de la herencia y te establezcas en un pequeño pueblo, aquí o en Francia o en cualquier parte, donde nadie te conozca. Inicia una nueva vida.

Estuve de acuerdo con la condesa y le dije que podía contar conmigo, ella me miró, como si hubiera aparecido hasta ahora, y entre su tristeza, sonrió.

Mientras salía de la habitación, me topé con Daiane, quien me dijo que ella haría lo mismo. Quería regresar a París y quedarse allá. Me dijo que sólo escuchó un poco mientras pasaba por el lado. Siempre estaba pendiente de lo que pasaba en esa casa, y que por eso, debía entregarme algo más tarde.
Salí de la mansión hacía el río. La tarde estaba maravillosa. El río estaba reconstruido para que pareciera un pequeño estanque hacia un lado. Seguramente era donde el virrey acostumbraba a tomar el baño.

Recordé la carta que le envió Rodrigo a Melanie, y la leí. En sus palabras, se notaba que realmente la quería demasiado. Le decía que la esperaba si algún día quería estar con él, pero que no sabía que no se ilusionaba, pues sabía que ella no lo amaba. También hablaba de otra persona:

“Por favor, evítalo. Lo conocía de palabra y figura de hace tiempo, y me cayó bien cuando me lo presentaron formalmente, sin embargo, me propuso pagarme una cantidad de dinero para cancelar nuestro compromiso. Evidentemente me negué. Desde entonces, me produjo desconfianza”.

Lamentablemente no mencionaba ningún nombre. Era alguien que ambos conocían. De pronto, Daiane me alcanzó y me confirmó lo que pensaba acerca de la “bañera” en el río.
 -     Entonces, aquí fue donde encontraron al virrey.
-     No. Fue un poco más allá – me respondió.

Caminé junto con ella y me mostró el lugar donde el cuerpo de su marido había sido encontrado. Me percaté de un par de cosas.
 -     Tome esto – me dijo Daiane, entregándome un paquete – usted sabrá qué hacer.

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