El extraño caso del Virrey - parte 4
Desperté en una celda de dos por dos metros aproximadamente. Sólo
contaba con un catre con un par de cobijas y una mesita. La noche anterior me
habían traído al Palacio de Porbolí de Priana, sede de la familia real, y dónde
en ese momento funcionaban los tribunales, la estación de policía y la
penitenciaría local en uno de sus costados.
Como podrán imaginar, el virrey no vivía allí, sino en su mansión en un
sector cercano a donde fui arrestado. A pesar de que accedí voluntariamente,
pensando que eso resolvería más rápido las cosas, de manera simple me dejaron
en la celda toda la noche. El guardia me dijo que descansara, que no intentara
huir o gritar, pues nadie podría escucharme allí.
Sin embargo, al despertar, otro guardia me trajo un trozo de pan, un
café amargo y por mi solicitud, el diario de ese día. La prensa me explicó lo
que no nadie me había dicho. El titular decía:
“Mi hermano fue asesinado” fuertes declaraciones
de la hermana del fallecido virrey Roger Kalfaian. Las investigaciones
iniciaron el medio día de ayer.
La noticia explicaba que la hermana del virrey, la condesa Mariafé
Barbiera, prima segunda de la reina de Sabernal, no creían en absoluto el
suicidio de su hermano. Ordenó interrogar al médico que realizó el análisis y
al fiscal que lo legitimó, y ambos dijeron que habían sido pagados por la
esposa del virrey: Daiane Boterfly, quien no recibió el título de virreina por
ser un matrimonio reciente, además de que era mucho más joven que él, se creía
una relación por interés. La nota decía que Daiane y Melanie eran grandes
amigas, mucho antes que se casara ella, y precisamente fue su ahijada quien los
relacionó. Daiane había dicho que si bien pagó, no sabía que estaba pagando,
pues fue un préstamo que le hizo a Melanie.
La siguiente parte hablaba de los detenidos por el caso. Daiane y
Melanie, por su status, no fueron enviadas a prisión bajo sospecha, sino que
fueron enclaustradas en la mansión del virrey. Los demás eran: Patricia
Delacruz, la actriz y escritora que fue arrestada por la obra, que al parecer hacía
sátira de la muerte del virrey; María Laura Urkengel, llamada la Dama de
Hierro, por ser la representante del sindicato de hierro, el principal producto
de exportación de Priana, quien una vez llegó a declarar pelea a muerte contra
el virrey por no reconocer los derechos laborales a sus compañeros mineros. Y
finalmente estaba yo, a quien describían como un tendero recién llegado a la
ciudad, que de un momento a otro me había relacionado con Melanie y nos habían
visto juntos, sospechosamente después de la muerte del virrey.
Al poco tiempo me resigné en la celda, esperaba ingenuamente que
alguien dijera algo, y me sacara de este cruel malentendido. No acostumbro a
juzgar los actos de Su Majestad, pero planeé escribirle una carta en cuanto
llegara al rey. Sabía cómo hacerla llegar.
Pocos minutos después escuché pasos y abrieron la puerta de mi celda.
Un hombre grande y alto, rapado y con anteojos entró con una gran cantidad de
papeles y un par de libros en la mano. Vio el diario en mi mano y dejó sus
cosas en la mesita.
- Veo que ya está enterado de la situación.
- Aún así no entiendo qué sucede.
- Ese diario no dice toda la verdad – el hombre tomó el diario y lo
revisó como si fuera una hoja en blanco – ¿Sabía que el mismo director del
diario también fue arrestado por lo mismo? Eso no lo dicen ahí. Según la
condesa, el director también trató de ocultar los hechos – yo seguía sin
comprender, y él se dio cuenta – Disculpe mis modales, mi nombre es Lucian
Muller, el abogado de la señorita Kalfaian, y al parecer el suyo también. Ella
me ha pedido que lo represente.
- Muller… Melanie salió anoche a ver a un señor Muller y no regresó, ¿es
usted? ¿Qué pasó con ella?
- Hay muchas preguntas que hacer. La prensa iba tras la señorita, tuve
que adelantarme y pedirle que fuéramos a un sitio seguro. Es mi culpa que no
regresara, ella quería darle un aviso, pero no había tiempo. En este momento
está bien, está en la mansión. Ahora, ella es de la nobleza, no tendrá muchos
problemas, sin embargo, usted es un perfecto desconocido.
- Pero no tengo nada que ver. Apenas conocí a Melanie hace un par de
días.
- Precisamente. La prensa y el fiscal acabarán con usted. Un perfecto
chivo expiatorio. ¿Por qué su interés por ella? – Otra pregunta que no pude
responder inmediatamente – Espero que sus intenciones no sean románticas.
¿Sabía que su prometido, el barón Rodrigo Aranch, viene hacia acá? Tiene
bastantes referencias con las altas cortes de Su Majestad.
- ¡Ah! No… no eran intenciones románticas… sólo quería… conocerla. Es
extraño. Una señorita tan moderna como ella no parece de las que se prometen.
- Bueno, algunas cosas no cambian. Lamento desilusionarlo. Después de
todo, ella parece feliz con él. Ahora, tratemos de resolver su caso, Felipe…
- ¡Federico! Mi nombre es Federico Javier Tamuristo.
- Lo sé, trataba de decirle que Felipe Cian es el fiscal. Es un legista
despiadado. No sólo no ve bien a quienes se enfrentan a Su Majestad, sino a
quienes pretenden a Melanie.
- Pero yo no la pretendo.
- Eso a él no le va a importar.
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