Las cuatro herederas
A Diana
Trujillo, por evitarme el aburrimiento. A Kathe Palacios, por su cumpleaños.
Cierto
día de mayo, Diana estaba prestando atención a una conferencia poco
interesante. Asistía únicamente para huir de sus recientes preocupaciones. En
primer lugar, descubrió a su novio (ahora ex novio) con otra mujer, y luego
descubrió que era parte de un conjunto de cuatrillizas separadas al nacer.
Siempre
supo que era adoptada, pero nunca le importó, porque sus padres nunca le
negaron nada y la quisieron como se quiere a su única hija. Pero ella no tenía
suerte en el amor.
Siempre
que terminaba una relación, suponía que la siguiente era mejor. En la mañana,
sus padres le corroboraron sus sospechas ciertas. Pero también le contaron que
habían recibido una llamada de la casa de adopción. La madre biológica de las
cuatrillizas había aparecido y quería entregarle su herencia sólo a una de
ellas, pero antes quería conocerlas.
Diana
poco le interesaba, pero no tenía nada que perder, ni nada que hacer. Ella
devolvió la llamada a la casa de adopción y le dieron las instrucciones. La
cita era a las afueras del Teatro Municipal, al finalizar la aburrida
conferencia.
Al
salir de allí, al primero que vio fue a Ricardo, su ex novio, quien venía a
pedirle disculpas y a ofrecer su versión de los hechos, pero Diana no quería
escucharlo. Al voltear para evitarlo, vio a otra chica parecida a ella y un
sentimiento familiar la invadió. Ambas se acercaron, y se saludaron por primera
vez, a pesar de que nunca antes se habían visto.
-
Hola, soy Diana.
-
Hola – respondió la otra mujer –
yo también soy Diana.
Ambas
se asombraron. Lo único que las diferenciaba era su apellido. El de la primera
Diana era Truluán, y el de la nueva conocida era Villaeme. Pronto se hicieron
amigas y luego se acercó Ricardo. Gracias a una extraña estrategia de Diana
Villaeme lograron que él se fuera de allí.
Pronto
llegó la otra hermana. Ella les preguntó si venían por la cita y les dijeron
que sí. Su nombre era Diana Camerún del Divino Palacio de los Alcázares de
Tierra Media. Al terminar, un camarero se les acercó ofreciéndoles café fresco.
Diana Truluán lo pidió sin azúcar; Diana Villaeme con leche; y Diana Camerún
sin azúcar.
Pasaron
unos minutos en los que conversaron amenamente de sus vidas pasadas y miraban a
otras chicas para ver si veían a su cuarta hermana. Pronto vieron a una chica
que daba vueltas, como despistada, parecida a ellas, excepto por su corte de
cabello más corto que el resto. Diana Truluán, que era menos apenada que las
demás, la llamó, pues tenía ese presentimiento. Efectivamente también venía por
la cita y llegó junto al camarero, a quién le pidió un café con un trozo de
chocolate.
-
¿Cómo te llamas? – preguntó Diana
Camerún – Apuesto a que también te llamas Diana.
-
No – respondió sonriendo – Me
llamo Jessicana. ¿Diana? ¡Qué nombre más extraño!
La
situación se dio para que las cuatro mujeres continuaran conversando y se
dieron cuenta que tenían muchas cosas en común. También notaron que había
pasado mucho tiempo y la mujer que los citó nunca llegó. Las chicas
intercambiaron teléfonos y cada una regresó a sus labores diarias.
Diana
Truluán era reportera, pero últimamente no la había llamando para cubrir algún
evento. Diana Villaeme era dicharachera dibujante de revistas de comic en el
periódico local, quien tenía la habilidad de beber licor sin emborracharse.
Diana Camerún era una experta investigadora social y planeadora de eventos en
sus ratos libres. Finalmente Jessicana era institutriz en varias casas de
familias adineradas, y los fines de semana tenía a cargo un restaurante donde
enseñaba cuestiones de etiqueta.
Diana
Truluán revisaba sus recuerdos laborales y sentimentales. Recordó que conoció a
su ex novio durante un reportaje. Ella trataba de mostrarle al mundo la estafa
de los pesos y medidas que invadía el comercio en un sector de la ciudad, y en
una de esas tiendas atendía Ricardo. Tuvo que convencerlo con un café para que
le ofreciera una versión que le hizo merecedora de un reconocimiento al mejor
reportaje, y ese café pasó a una salida en un bar y luego a una cena romántica.
Ella
se enamoró cuando él casualmente pidió su plato favorito: langosta a la Meme,
que según decían, era el plato favorito de la reina también. Pero luego había
descubierto que le mentía porque se aprovechaba de su condición de reportera
para espiar a la competencia. Al principio no le interesó, pero empezó a hacer
doble espionaje, y encontró a Ricardo conversando con la chica del clima del
noticiero del otro canal, y eso si no lo soportó.
Las
Dianas y Jessicana continuaron viéndose por unos días y fomentando su amistad.
Diana Truluán le contó sus problemas a las demás y Diana Camerún dijo que podía
ayudarle ya fuera a olvidarlo completamente o a resolver el problema y volver a
un romance con Ricardo. Después de pensarlo unos segundos, que le parecieron
siglos, ella se fue por la segunda opción, pues todavía lo amaba. Diana Camerún
le prometió que lo haría y necesitaría la ayuda de todas las demás. Así le dio
instrucciones precisas a cada una.
Al
día siguiente, Diana Villaeme se encontró casualmente con Ricardo en la barra
del bar que acostumbraba a visitar. Aprovechó su facilidad de conversación, su
parecido a su hermana, el incidente a la salida del Teatro Municipal, y así
inicia preguntándole la hora y termina por obtener toda la información que
quiere. En medio de su despecho, Ricardo le comenta que ama a Diana Truluan y
que la chica del clima le tomó unas fotos comprometedoras a ella, y manipuló y
chantajeó a Ricardo para que le diera información valiosa de la reportera para
destruirla y así destruir el otro canal.
-
Pero no sirvió de nada – dice
Ricardo – a pesar de que la salvé del caso, ella no me quiere más.
Después
de que Ricardo se queda dormido en la barra, ella se va de allí y se inspira
para hacer tres números seguidos del sensacionalista comic “Superlobo”.
Al
día siguiente, después de que a Ricardo se le pasó la resaca, Diana Truluán lo
llama para citarlo en el restaurante donde Jessicana daba sus clases. Él se fue
lo mejor vestido que pudo. En aquel restaurante sólo ellos iban a ser los
atendidos. Jessicana le pidió a sus alumnos de culinaria que cocinaran sus
mejores platos; a sus estudiantes de decoración de interiores que crearan un
escenario romántico; y a sus estudiantes de mesa de alta alcurnia les pidió que
atendieran a la pareja como si de la realeza se tratara.
-
¡Bon appetite! – les dijo Jessicana
a la pareja y se retiró sonriendo como siempre.
Diana
Truluán conversaron durante la entrada, se arreglaron durante el plato fuerte y
ya eran felices cuando sirvieron el postre. Luego ambos notaron que los
observaban. Ella sonrió.
-
Ven, quiero presentarte a mis
hermanas.
Así
presentó a Diana Villaeme, a Diana Camerún y a Jessicana.
-
¿Por qué no te llamas Diana? –
preguntó Ricardo, imprudentemente.
Jessicana
rió un rato y les dijo a todos que después de averiguar con sus padres,
descubrió que cuando era más pequeña, su nombre era Diana, después empezaron a
llamarla Iana, luego Iliana y después de treinta y seis cambios de nombre
terminó llamándose Jessicana.
-
Quizás mañana me llame Patricia
Ana. – dijo y empezó a reir.
Aclarado
todo, Diana Truluán y Ricardo tuvieron una relación feliz, y nunca se separó de
sus hermanas. Respecto a la herencia, nadie volvió a preguntar sobre el tema y
si por algún caso lo mencionaban, era como parte de una agradable anécdota que
le cambio la vida a todas.
FIN
Comentarios
Publicar un comentario