La herencia de la desgraciada - parte 4
Neli Tofunico había llegado a tiempo. Todos se reencontraron y se
abrazaron. Después de algunas palabras por parte del abogado, entró Mao a
anunciar que la cena estaba servida: pavo relleno, trufas, y otros manjares. Cada uno se sentó en una silla sin mayor vacilación, pues era la silla de toda su vida. Solamente Paula se sentó junto a Drew, y Jijo junto a Ryan.
Más tarde, cuando los invitados estuvieron satisfechos, Nelito anunció
la lectura del testamento y pidió amablemente a Mao que tomara asiento.
- Como ya les había dicho antes, tengo que recordarles que su padre los
quería mucho. A veces se emborrachaba y decía que ustedes volverían a casa
algún día o sino tendría que buscar más hijos que le hicieran compañía. A
continuación leeré el documento.
- Vamos, date prisa – dijo Drew – no tengo toda la noche.
- Está bien. Dice así: “a mi hijo Ryan, como hijo legítimo, recibirá el
treinta por ciento; Drew, como hijo legítimo, recibirá otro treinta por ciento.
Mi padre, Esteban, recibirá veinte por ciento. Mao, por haber cuidado de todos
nosotros toda la vida, recibirá un diez por ciento y mi abogado un diez por ciento
también.”
- ¡Oh! Yo realmente no necesito nada de ese dinero – dice Mao.
- Por mi parte estoy de acuerdo – dice Ryan.
- Yo digo lo mismo – dice Drew.
Todos parecen satisfechos, pero Jijo siente la incomodidad porque no
sabe qué está haciendo allí.
- Sin embargo – dice Neli – su padre en los últimos días modificó el
testamento.
- ¿Demasiado? – preguntó Drew nerviosamente.
- Sí - todos se miraron entre sí - En este caso dice: “a mi hijo Ryan, como hijo legítimo, recibirá el
diez por ciento; Drew, como hijo legítimo, recibirá otro diez por ciento. Mi
padre, Esteban, recibirá un diez por ciento. Mao, por haber cuidado de todos
nosotros toda la vida, recibirá un cinco por ciento y mi abogado un cinco por
ciento también. Jijo, mi querido hijo, recibirá un sesenta por ciento.”
- Debe ser una broma – dijo Ryan, seriamente.
- No lo es.
Drew se levantó dramáticamente de su silla, tenía los ojos enfurecidos.
- ¡Maldita desgraciada! - le gritó a Jijo - Está aquí para robarnos todo nuestro dinero.
- ¡No es cierto! – se defendió Jijo tímidamente
- ¡Sí! – respondió Esteban – no debería estar sentado en esta mesa, ni
seguir en esta casa. ¡Aparecida! ¡No es de la familia!
Nelito calmó los ánimos y les dijo que no debían preocuparse
completamente, pues Jijo sólo podría recibir la herencia hasta que cumpliera la
mayoría de edad, lo cual sucedería pronto. Jijo le dijo al abogado en frente de
todos que no quería un solo peso de la herencia, pero Nelito les dijo que no
podía hacerlo: cambiar la herencia la anularía, el dinero y los bienes irían a
la caridad y cada uno recibiría un litro de leche. Todos se enojaron, y
Jijo le suplicó al abogado que buscara
una solución.
- De hecho, hay una manera…
- ¿Cuál es? – dijo Jijo, ansioso.
- No la quería decir en frente de todos.
- No importa – dijo Drew – dilo ya.
- Se puede volver al primer testamento, si Jijo demuestra que no es
virginal.
Al terminar la frase, todos, sobre todo Jijo, quedaron sorprendidos.
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