La herencia de la desgraciada - parte 3
La entrada a la hacienda El Edén era enorme. Tenía rejas altas y
brillantes que se abrieron cuando Ryan tocó la bocina un par de veces. El
pequeño Jijo se había quedado dormido y él no pudo averiguar más de la carta
que tenía agarrada con fuerza de la mano. Al parquear, salió con cuidado del
carro para no despertarlo. Estaba frente a la casa grande y le vinieron algunos
recuerdos infantiles.
Un hombre mayor con un impecable uniforme se le acercó y Ryan apenas lo vio lo abrazó.
- Niño Ryan, ha venido.
- Oh Mao, tanto tiempo. ¿Quién más ha venido?
Un golpe se escuchó en el segundo piso, seguido de una voz estrepitosa:
“Ay no, esta cama está muy escueta” Ryan y Mao vieron hacia la ventana de donde
venía el sonido.
- Parece que mi hermano ya llegó.
- Así es, el niño Drew también está aquí. Llegó esta mañana con su
asistente.
Ryan recordó a su acompañante y le pidió a Mao que se acercara para
saber si lo reconocía. Él se acercó y dijo que ese muchacho ya se veía crecido
y que casi no lo reconoce si no es por el uniforme.
- ¿Qué tiene el uniforme?
- Ah, niño Ryan, ¿no recuerda cuando lo llevaba al colegio privado de
Lourdes? Jijo tiene el mismo emblema de ese colegio.
- ¿Dices que es un Calderón también? ¿Por qué no lo recuerdo?
- Lo siento. He prometido no decir nada a Neli. Esta noche lo sabrás. Ve
y saluda a tu hermano.
- Pero…
- Ve o no tomas colada.
- Por favor, Mao, no tengo siete años.
- Como pasa el tiempo.
Ryan le hizo caso de todos modos. Se había ido de la casa hace mucho
tiempo, con una maleta llena de ropa y algunos billetes. Se había enterado que
su madre había huido con otra mujer y que luego ambas murieron en un grave y misterioso
accidente automovilístico, dejando sólo un bebé de quién no se le conocía su
origen. Pero pensaba que sólo eran rumores. Empezó a subir las escaleras recordando
cuando bajaba corriendo por ellas las mañanas de navidad. No sabía cómo actuar.
Drew había sido el último a quien había dejado de ver y pensaba que quizás no
lo iba ni siquiera a reconocer. Al llegar al segundo piso, una joven la detuvo.
- Lo siento, caballero. Usted no puede pasar a esta habitación.
- ¿Qué te pasa niñita? Déjame pasar…
Al rato salió Drew de la habitación al escuchar la confrontación. Por
un momento se vieron asombrados y luego Drew corrió hacia Ryan para abrazarlo.
- Hermano, santo, adorado, es un gusto verte. Tanto tiempo. Hay tantas
cosas que contar, tantos crucigramas que llenar. Quiero hablarlo ya.
- Hermanito, sigues siendo tan hablador como siempre.
Los hermanos entraron a la habitación y rieron un rato. Luego apareció
Esteban por el pasillo.
- ¡Esta casa estaba en calma hasta que llegaron a hacer ruido! ¡Respeten
caray!
Ryan se alegró de verlo y corrió a saludarlo también y lo saludó
efusivamente. De repente entró Jijo a la habitación. Venia buscando a Ryan para
agradecerle por haberlo traído a la hacienda, cuando vio a Esteban se asustó y
salió: Esteban empezó a gritar y a perseguirlo en su silla de ruedas.
- ¡Mocoso atrevido! ¡Te dije que no quería volverte a ver, fuera de mi
casa!
Esteban fue detenido por un hombre más grande.
- Lo siento, señor Esteban. Sabe que Jijo tiene que estar presente en la
lectura del testamento.
Él sabía quién lo detenía: Neli Tofunico. Esteban se dio cuenta que
todos lo estaban observando: Mao, Jijo detrás de él, Ryan, Drew y en la entrada
habían más personas. Esteban dio media vuelta.
- ¡Qué miran!
Comentarios
Publicar un comentario