El Misterio de Cachemira - parte 6
Miguel le dijo a Camilo que venía a ver a un doctor, para pedirle una
receta y él le dijo que podía ayudarlo, pues como había entrado un paciente muy
importante, sólo podían entrar médicos y policías. Camilo logró que Miguel
ingresara al Hospital por la entrada de Urgencias, y adentro había mucha gente,
quienes además de sufrir sus calamidades sin ser escuchados, se conmocionaron
por la llegada del misterioso paciente.
Camilo se perdió entre la multitud que lo acecharon por su uniforme, y Miguel
aprovechó para alejarse de él y averiguar qué sucedía. Llegó hasta el piso
donde se encontraba el paciente, quien en realidad era el general Maikol
Michelsen, la primera persona en ser Primer Ministro del país, victorioso de la
guerra y por tanto considerado héroe nacional. Alcanzó a ver de lejos y así
puso enterarse que sufría un fuerte ataque de leucemia.
Un hombre se apoyó en él. Estaba vendado en el abdomen y sujetaba
incorrectamente una muleta en el otro brazo. Tuvo una sensación de que ya
conocía a esta persona y el herido le pidió disculpas por recostarse en él,
pero tenía muchas ganas de ver a un general en camilla. Miguel le ayudó a
regresar a la cama y lo recordó.
- ¡Usted es Julián, el soldado Caleidoso, el Robín Hood de Verna!
- Sólo llámeme Julián
- ¿Qué hace tan lejos? ¿Por qué está herido?
- Está todo tan mal aquí que supuse que podía hacer algo, pero este lugar
ya no puede ser salvado. ¿Sabía que aquí los policías se dejan corromper por
golosinas? El alcalde se los prohibió con la excusa de hacerlos más fuertes.
- Estoy seguro que cuando se mejore logrará rescatar esta ciudad.
- Dudo en mejorarme. Un medico ya me lo dijo, la herida es muy grave…
Julián empezó a quejarse, cada vez más fuerte, hasta que se desmayó. Miguel
llamó a una enfermera, quien hizo un escándalo y llamó a otros médicos. Ellos
le preguntaron que hacía en la habitación, ya que él no podía recibir visitas.
Él no pudo responder, aumentando el caos. Uno de los doctores llamó a un
policía quien pensó que venía a hacerle daño al general Michelsen y le realizó
una requisa, encontrando el frasco vacio de amoxicilina y otro casi vacío de
digoxina. Otro médico dijo que el frasco de amoxicilina era igual a los del
tráfico de medicinas. Miguel dijo que tenía receta para la digoxina y la sacó
de su billetera, pero el policía la rompió. Los médicos le quitaron los frascos
y lo echaron del hospital. El periodista trató de protestar, diciendo que
podría morir sin su medicina. Camilo lo encontró de nuevo y le preguntó si
estaba bien.
- No, necesito mi medicina.
- Dígame cuál es, yo se la consigo, pero costará algo.
- El dinero no importa. Se llama digoxina.
Camilo se asombró y le dijo que no había problema. Le pidió que
regresara al hotel y se las llevaría en cuanto terminara su turno. Ya era
bastante tarde. En el camino, Miguel recuperó su serenidad y mientras tanto
observaba por los almacenes decorados por el Halloween que se acercaba. Lo
curioso era que la mayoría de disfraces que se promocionaban era el de Rayo
Humano, por estar tan a la moda, que no era más que un sombrero y un gabán
raidos y en mal estado y además el extraño aparato que se colocaba en el pecho.
Miguel lo vio y se tocó el corazón, pensando que quizás el asesino usaba un
disfraz de esos.
Comentarios
Publicar un comentario