La noche más larga del mundo - parte 5

Un carro de policía se estrella contra un carro verde. Luego ambos chocan contra un camión de bomberos. En realidad no hay heridos porque todos los carros son de juguete. Pero para el pequeño Karlos, es el accidente más grandioso de todos los tiempos. Está jugando en la cocina y su ocupada madre le pide que juegue en otro lado. Karlos, un poco enojado patea los carritos a la sala. Uno de esos cae dentro del sótano y el joven entra por él. Luego su madre asegura la puerta, pensando que su hijo podría meterse allí. Karlos trata de salir, pero el sótano está oscuro y nadie afuera lo escucha. El joven queda encerrado tres días hasta que un detective lo encuentra y lo deja en su habitación, haciéndolo sentir seguro. Desde ese evento, Karlos le teme a la oscuridad y considera que únicamente puede estar protegido en su hogar, además fue medicado contra la ansiedad para toda su vida.

Para el momento en que Karlos se encontraba con el extraño, no tenía sus pastillas. Esa era su intención de regresar a casa.
- No me he presentado. Mi nombre es Karlos, Karlos de la Vera Cruz.
- Ricardo Burgentes, mucho gusto. Tal vez pueda guiarlo hasta su casa. Dígame dónde vive.
- En la Torre Azul de la calle Leviator.

El otro reflexionó por un momento y luego impuso “Vámonos. Estaremos en tu casa en hora y media”. Karlos se sintió confuso y le preguntó si no iban demasiado rápido. Ricardo le dijo que ahora el tiempo no existía. No había nada para esperar. El sol no regresaría, pues iba a ser de noche para siempre. Karlos estuvo de acuerdo. Ricardo lo llevó hacia la parte de atrás argumentando que habían empezado a juntarse esa clase de hombres en la puerta por donde lo rescató.

Salieron por la puerta trasera y nuevamente Karlos pudo percibir más cosas gracias a la poca luz del exterior, como una mancha húmeda que tenía en el pecho y supuso que debía ser del tipo que lo había agarrado en un principio. Ricardo amarró a Karlos con una cuerda por la cintura, y él hizo con lo mismo, con el fin de no perderse. Luego comprueba que tiene algunas cosas en su bolsillo, como un radio de baterías. Empiezan a caminar y Karlos nota que se mueve con un bastón y piensa en la ironía de ser guiado por un ciego.

Ricardo empieza a contarle que desde que se inició la noche más larga del mundo, todas las personas permanecen encerradas en sus casas, y quienes se atreven a salir son desaparecidos. Desde entonces, muchos jóvenes se han estado reuniendo y se encargan de prender antorchas y fogatas en varias partes del pueblo, firmando como “La Resistencia”. Karlos dice que puede ayudarles, pues el sótano de los parqueaderos de su edificio, por un error arquitectónico, queda conectado a los sótanos de la Megatienda, la cual, si tiene la suerte de no haber sido saqueada, podría funcionar como escondite. Ricardo reconoce que desde el régimen, sólo hubo saqueos a pequeños comercios y hasta ahora no ha escuchado nada de la Megatienda. Luego le propone asistir a la sede de La Resistencia, la cual está en camino.

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