Ese pájaro tan bonito - parte 6
A la hora acordada se vieron todos en el lugar convenido. Jairo no podía quedar a solas con John para contarle cual era su objetivo. Se subieron al carro de John y cerca de la salida del pueblo subieron una cuesta. Poco más de media hora llegaron a la entrada de una enorme hacienda. Al entrar lo primero que vieron fue una casa grande y hermosa. Salió de ella una niña que abrazó a John y él le correspondió el saludo. La pequeña niña los invitó a pasar a todos con una autoridad que parecía que fuera ella la dueña de la casa.
Adentro estaba en sentado en la sala un hombre que Jairo recordó haber visto en primera fila durante sus conciertos, y también lo recordó de las fiestas del pueblo durante el concierto de Hoja de Parra.
- Papá, aquí está John y vino con amigos.
- Mucho gusto, soy el señor Aguilera.
- Yo soy Diana, reportera del diario La Realidad, vengo aquí por…
- Ahora no – interrumpió Jairo – diculpe, mi nombre es…
- Jairo Amartya – interrumpió ahora el señor Aguilera – es usted el mejor cantante del mundo. Mi canción favorita siempre ha sido “La flor en el pantano”. Es un honor, sencillamente, que esté aquí en mi casa.
- Le agradezco mucho.
- Por favor díganme en qué puedo ayudarles.
Jairo miró a Diana, quien estaba pensativa. Luego él dijo que venían a hacer un cubrimiento de casas de famosos con jardines. El señor Aguilera le dijo que habían venido a la casa con más jardines del pueblo con más jardines del reino. Inmediatamente les pidió que lo siguieran. En el camino, el señor Aguilera se hizo al lado de Jairo.
- Hace mucho tiempo tenía un amigo que era un cantante excelente que murió en la guerra. Me recuerda la tragedia de Tián Serrato. ¿Sabes quién era?
- Por supuesto. El soldado poeta que escribió el himno nacional durante la Revolución de Priana.
- Confieso que me hace mucha falta, y me siento muy culpable. Yo era quien debía enlistarme en la guerra, él todavía no era mayor de edad. Pero fui un cobarde, él tomó mi nombre para que lo reclutaran. A mí no me reclutaron, me quedé cuidando a mi bella hija.
- Siéntase dichoso – le dijo John a Jairo al oído, para que su maestro no lo escuchara – solamente se lo dice a ciertas personas.
- ¿A cuántos han sido?
- Sólo a mí – respondió con una sonrisa burlona.
- Este es el jardín principal – continuó el señor Aguilera – Lo maravilloso de aquí, es que de vez en cuando se posa un ave de hermosos colores.
Jairo se detuvo un segundo. El señor Aguilera siguió. Luego su hija se acercó a Jairo.
- Mi padre dice que ese pájaro tan bonito debe ser un regalo de la persona que él amaba y que nos amaba a nosotros. Con ese regalo supongo que debía ser muy especial.
- ¿Nunca conociste a esa persona?
- Era muy pequeña para recordar algo.
Diana tomó algunas fotos, aunque parecía estar algo insegura. El señor Aguilera les dijo que siguieran al comedor, donde les ofrecería algo de cenar. Él se sentó en la cabecera, su hija a la derecha y John a la izquierda. Jairo y Diana se sentaron en seguida y un paje pronto les trajo una deliciosa cena que contenía varios manjares.
- ¿Qué es esto? – preguntó Diana, señalando un pan redondo – Es delicioso.
- Son arepas – dijo la hija - Una receta extranjera. No se ve en muchos lugares. Sólo en este pueblo.
- Es el maná bíblico – dijo el señor Aguilera – son mis favoritas.
La reunión duró un rato más y después todos se despidieron, y el anfitrión le dijo a Jairo que estaba disponible para cuando quisieran conversar. Jairo le agradeció y John se regresó con él y Diana al pueblo. Al llegar al hotel, John les dijo que no sabía por qué todos se interesaban en un pájaro, sólo era eso, un pájaro. La periodista se excusó diciendo que debía marcharse y se fue de allí. Jairo le dijo que respecto al trato, lo relacionaría con varios amigos suyos en la capital.
- Podrías tocar frente a la mismísima reina de Sabernal – dijo Jairo.
- Quiero ser famoso e irme de este pueblo polvoriento.
- No es agradable. A veces uno sufre mucho por la soledad.
- Cuando sea famoso, nunca estaré solo. Tendré muchos amigos, haré muchas fiestas y los invitaré a todos.
Adentro estaba en sentado en la sala un hombre que Jairo recordó haber visto en primera fila durante sus conciertos, y también lo recordó de las fiestas del pueblo durante el concierto de Hoja de Parra.
- Papá, aquí está John y vino con amigos.
- Mucho gusto, soy el señor Aguilera.
- Yo soy Diana, reportera del diario La Realidad, vengo aquí por…
- Ahora no – interrumpió Jairo – diculpe, mi nombre es…
- Jairo Amartya – interrumpió ahora el señor Aguilera – es usted el mejor cantante del mundo. Mi canción favorita siempre ha sido “La flor en el pantano”. Es un honor, sencillamente, que esté aquí en mi casa.
- Le agradezco mucho.
- Por favor díganme en qué puedo ayudarles.
Jairo miró a Diana, quien estaba pensativa. Luego él dijo que venían a hacer un cubrimiento de casas de famosos con jardines. El señor Aguilera le dijo que habían venido a la casa con más jardines del pueblo con más jardines del reino. Inmediatamente les pidió que lo siguieran. En el camino, el señor Aguilera se hizo al lado de Jairo.
- Hace mucho tiempo tenía un amigo que era un cantante excelente que murió en la guerra. Me recuerda la tragedia de Tián Serrato. ¿Sabes quién era?
- Por supuesto. El soldado poeta que escribió el himno nacional durante la Revolución de Priana.
- Confieso que me hace mucha falta, y me siento muy culpable. Yo era quien debía enlistarme en la guerra, él todavía no era mayor de edad. Pero fui un cobarde, él tomó mi nombre para que lo reclutaran. A mí no me reclutaron, me quedé cuidando a mi bella hija.
- Siéntase dichoso – le dijo John a Jairo al oído, para que su maestro no lo escuchara – solamente se lo dice a ciertas personas.
- ¿A cuántos han sido?
- Sólo a mí – respondió con una sonrisa burlona.
- Este es el jardín principal – continuó el señor Aguilera – Lo maravilloso de aquí, es que de vez en cuando se posa un ave de hermosos colores.
Jairo se detuvo un segundo. El señor Aguilera siguió. Luego su hija se acercó a Jairo.
- Mi padre dice que ese pájaro tan bonito debe ser un regalo de la persona que él amaba y que nos amaba a nosotros. Con ese regalo supongo que debía ser muy especial.
- ¿Nunca conociste a esa persona?
- Era muy pequeña para recordar algo.
Diana tomó algunas fotos, aunque parecía estar algo insegura. El señor Aguilera les dijo que siguieran al comedor, donde les ofrecería algo de cenar. Él se sentó en la cabecera, su hija a la derecha y John a la izquierda. Jairo y Diana se sentaron en seguida y un paje pronto les trajo una deliciosa cena que contenía varios manjares.
- ¿Qué es esto? – preguntó Diana, señalando un pan redondo – Es delicioso.
- Son arepas – dijo la hija - Una receta extranjera. No se ve en muchos lugares. Sólo en este pueblo.
- Es el maná bíblico – dijo el señor Aguilera – son mis favoritas.
La reunión duró un rato más y después todos se despidieron, y el anfitrión le dijo a Jairo que estaba disponible para cuando quisieran conversar. Jairo le agradeció y John se regresó con él y Diana al pueblo. Al llegar al hotel, John les dijo que no sabía por qué todos se interesaban en un pájaro, sólo era eso, un pájaro. La periodista se excusó diciendo que debía marcharse y se fue de allí. Jairo le dijo que respecto al trato, lo relacionaría con varios amigos suyos en la capital.
- Podrías tocar frente a la mismísima reina de Sabernal – dijo Jairo.
- Quiero ser famoso e irme de este pueblo polvoriento.
- No es agradable. A veces uno sufre mucho por la soledad.
- Cuando sea famoso, nunca estaré solo. Tendré muchos amigos, haré muchas fiestas y los invitaré a todos.
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