Ese pájaro tan bonito - parte 7 (final)
Jairo era muy feliz. Más feliz que cuando tuvo todos sus éxitos. Hacía más de un año que estaba casado con Carolina y ella estaba esperando. Se dio cuenta que todas las comodidades que tuvo alguna vez en la ciudad no eran sino sólo un espejismo de la felicidad, porque era una felicidad fugaz, mientras que desde que tenía su nueva vida en aquel lugar, la sentía completa, sin restricciones, sin límites y sin condiciones. En ese mundo de dicha, un día Carolina recibió la llamada de Sonia, y ella se lo comentó a él.
- Se lo advertí alguna vez – dijo Jairo – Todo lo que necesita es regresar a sus raíces.
- Pero sus raíces nacieron enfermas.
- No te preocupes. Es algo común. Pero puedo ayudarlo, alcánzame el teléfono.
Después de dejar a Diana en el hotel y de despedirse de John, Jairo iba para su casa cuando el ave se puso frente a él. Sin tiempo de reaccionar, Jorge le agradeció porque ya no lo iban a buscar, pero ahora él era quien iba a estar en problemas, debido a que lo estaban buscando. Le dijo que tenía suficiente tiempo para irse de allí antes de que llegaran.
- Vámonos ahora mismo, yo te guiaré en la oscuridad.
- No. Lo siento, he huido lo suficiente. Al fin tengo algo por lo que aferrarme aquí. No lo haré más. Enfrentaré mis problemas. No he ido a mi casa, así que nadie sabe donde vivo todavía.
- Pero lo harán, siempre lo hacen. Tal vez haya escondites en el pueblo, sin embargo no te podré ayudar allí.
- Yo sé quién puede.
Jairo empezó a correr hacia el pueblo, mientras Jorge miraba al cielo. “Se acerca una tormenta” dijo. Esa noche, todos en ese lugar seguían en fiestas. Jairo no tomó ninguna precaución y de repente él reconoció a Diana por las calles de la plaza y ella lo reconoció a él.
- ¡Allá está! – dijo ella
Varias personas giraron en la dirección que Diana señaló y empezaron a ir tras él.
- No puedo creer que hayas encontrado a Jairo Amartya. Esta noticia será la mejor de este año - le decían a ella.
Eran docenas de periodistas los que lo seguían. Correr no servía de nada, pues ellos parecían venir más rápido. De pronto un brazo lo entró a una casa y cerraron la puerta.
- Aquí estarás bien.
- Carolina.
Ella estaba viendo por la ventana. La luz estaba apagada y Jairo la veía iluminada por la luz de la calle. Ninguno dudó que pronto lo encontrarían. Jairo estaba arrodillado en el piso y luego Carolina se arrodilló. En la penumbra ella lo besó y la luz se encendió.
- ¿Qué es esta algarabía? ¿Qué significa esto? – dijo un hombre.
- ¡Papa! La verdad es que Jairo…
- Señor – dijo Jairo – Me voy a casar con su hija, pero ahora tengo un problema bastante grande.
La puerta empezó a sonar. Afuera pedían entrevistas, fotos, exclusivas, y preparaban cámaras y micrófonos. Adentro un hombre acusaba a otro de robar la inocencia de su hija. Jairo sin poder levantarse le dijo al padre de Carolina que la iba a proteger tanto como él lo hacía con ella. Era un hombre grande y demostraba autoridad con su seriedad. Empezó a caminar hacia él, pero terminó dirigiéndose hacia la puerta. La abrió y se impuso frente a todos.
- ¡Fuera de aquí! La persona que buscan ha salido por la puerta trasera y se encamina al otro pueblo mientras ustedes pierden el tiempo aquí.
- No es cierto, ¿Cómo sabemos que no está mintiendo?
- ¡Yo nunca miento! – dijo el hombre y sonaron varios relámpagos. Los periodistas alzaron sus cabezas al cielo y vieron en el techo un ave enorme que gruñó tan feo que muchos se asustaron. Tenía las alas extendidas y a contraluz se veía bastante atemorizante.
- Es mejor seguir su consejo – le dijo el camarógrafo a Diana.
- Sí, va a llover después de todo – dijo ella.
El ave voló dirigiéndose al sur y muchos periodistas empezaron a seguirlo. Unos minutos después ya se habían marchado todos. El padre de Carolina le dio la mano a Jairo para que se levantara.
- Bienvenido a la familia.
Por orden suya, Jairo pasó la noche en esa casa, pero en la habitación de huéspedes.
Es un día soleado y Sonia está sentada en una banca de la plaza. Veía parejas de todas las edades tomadas de la mano, y ella sentía envidia porque tal vez pensaba que nunca iba a conseguir lo que quería. Pronto perdió la concentración al ver el carro de John estacionándose frente al café. Ella de inmediato se levantó y se dirigió a él cuando cerraba la puerta. Fue directa al grano, sabía que si se ponía a pensar iba a perder la oportunidad.
- Sé que te vas.
- Es cierto. Venia de despedirme de mi maestro. Ya no hay nada que me ate a este lugar.
- No quiero que te vayas – dijo ella, abrazándolo.
- No entiendo por qué te fijas en mí. No soy una buena persona.
- Eres la mejor persona que conozco y no veo nada malo en ti.
Hubo un momento de silencio hasta que John se separó de Sonia.
- Me tengo que ir a la capital. Estaré en la salida tres de la terminal, si quieres ir conmigo.
Sonia sabía lo que eso significaba. Ninguno dijo nada. Mientras John entraba al café, Sonia se devolvía a su casa a alistar la maleta sin saber si regresaría, pero, excepto por el lugar geográfico, tampoco sabía bien a donde iba.
Jairo y Carolina se casaron unos días después. Jairo, en agradecimiento al pájaro por toda la ayuda que le ofreció, hizo construir un enorme jardín que colindaba con el huerto de su vecina. Patricia estaba feliz por la pareja y esperaba que algún día su hija Sonia regresara a casa, mientras Jorge seguía uniendo parejas felices, bajo su aspecto de leyenda urbana. De vez en cuando bajaba a deleitarse en todos los jardines del pueblo. Un día de esos baja a uno de los más hermosos y se posa en una estaca. Pronto una niña llega corriendo muy alegre. En sus pensamientos Jorge sonríe, recordándola cuando era un bebé.
- Papá, papá, llegó Cucú – dice la niña mientras lo acaricia.
El señor Aguilera salió de la casa y se acercó temeroso hacia el pájaro. Le extendió la mano, pero Jorge se inquietó y salió volando.
- Todavía no te quiere – dice la niña riendo inocente – ya regresará, siempre lo hace. Tienes razón papá. En verdad es un pájaro muy bonito.
FIN
- Se lo advertí alguna vez – dijo Jairo – Todo lo que necesita es regresar a sus raíces.
- Pero sus raíces nacieron enfermas.
- No te preocupes. Es algo común. Pero puedo ayudarlo, alcánzame el teléfono.
Después de dejar a Diana en el hotel y de despedirse de John, Jairo iba para su casa cuando el ave se puso frente a él. Sin tiempo de reaccionar, Jorge le agradeció porque ya no lo iban a buscar, pero ahora él era quien iba a estar en problemas, debido a que lo estaban buscando. Le dijo que tenía suficiente tiempo para irse de allí antes de que llegaran.
- Vámonos ahora mismo, yo te guiaré en la oscuridad.
- No. Lo siento, he huido lo suficiente. Al fin tengo algo por lo que aferrarme aquí. No lo haré más. Enfrentaré mis problemas. No he ido a mi casa, así que nadie sabe donde vivo todavía.
- Pero lo harán, siempre lo hacen. Tal vez haya escondites en el pueblo, sin embargo no te podré ayudar allí.
- Yo sé quién puede.
Jairo empezó a correr hacia el pueblo, mientras Jorge miraba al cielo. “Se acerca una tormenta” dijo. Esa noche, todos en ese lugar seguían en fiestas. Jairo no tomó ninguna precaución y de repente él reconoció a Diana por las calles de la plaza y ella lo reconoció a él.
- ¡Allá está! – dijo ella
Varias personas giraron en la dirección que Diana señaló y empezaron a ir tras él.
- No puedo creer que hayas encontrado a Jairo Amartya. Esta noticia será la mejor de este año - le decían a ella.
Eran docenas de periodistas los que lo seguían. Correr no servía de nada, pues ellos parecían venir más rápido. De pronto un brazo lo entró a una casa y cerraron la puerta.
- Aquí estarás bien.
- Carolina.
Ella estaba viendo por la ventana. La luz estaba apagada y Jairo la veía iluminada por la luz de la calle. Ninguno dudó que pronto lo encontrarían. Jairo estaba arrodillado en el piso y luego Carolina se arrodilló. En la penumbra ella lo besó y la luz se encendió.
- ¿Qué es esta algarabía? ¿Qué significa esto? – dijo un hombre.
- ¡Papa! La verdad es que Jairo…
- Señor – dijo Jairo – Me voy a casar con su hija, pero ahora tengo un problema bastante grande.
La puerta empezó a sonar. Afuera pedían entrevistas, fotos, exclusivas, y preparaban cámaras y micrófonos. Adentro un hombre acusaba a otro de robar la inocencia de su hija. Jairo sin poder levantarse le dijo al padre de Carolina que la iba a proteger tanto como él lo hacía con ella. Era un hombre grande y demostraba autoridad con su seriedad. Empezó a caminar hacia él, pero terminó dirigiéndose hacia la puerta. La abrió y se impuso frente a todos.
- ¡Fuera de aquí! La persona que buscan ha salido por la puerta trasera y se encamina al otro pueblo mientras ustedes pierden el tiempo aquí.
- No es cierto, ¿Cómo sabemos que no está mintiendo?
- ¡Yo nunca miento! – dijo el hombre y sonaron varios relámpagos. Los periodistas alzaron sus cabezas al cielo y vieron en el techo un ave enorme que gruñó tan feo que muchos se asustaron. Tenía las alas extendidas y a contraluz se veía bastante atemorizante.
- Es mejor seguir su consejo – le dijo el camarógrafo a Diana.
- Sí, va a llover después de todo – dijo ella.
El ave voló dirigiéndose al sur y muchos periodistas empezaron a seguirlo. Unos minutos después ya se habían marchado todos. El padre de Carolina le dio la mano a Jairo para que se levantara.
- Bienvenido a la familia.
Por orden suya, Jairo pasó la noche en esa casa, pero en la habitación de huéspedes.
Es un día soleado y Sonia está sentada en una banca de la plaza. Veía parejas de todas las edades tomadas de la mano, y ella sentía envidia porque tal vez pensaba que nunca iba a conseguir lo que quería. Pronto perdió la concentración al ver el carro de John estacionándose frente al café. Ella de inmediato se levantó y se dirigió a él cuando cerraba la puerta. Fue directa al grano, sabía que si se ponía a pensar iba a perder la oportunidad.
- Sé que te vas.
- Es cierto. Venia de despedirme de mi maestro. Ya no hay nada que me ate a este lugar.
- No quiero que te vayas – dijo ella, abrazándolo.
- No entiendo por qué te fijas en mí. No soy una buena persona.
- Eres la mejor persona que conozco y no veo nada malo en ti.
Hubo un momento de silencio hasta que John se separó de Sonia.
- Me tengo que ir a la capital. Estaré en la salida tres de la terminal, si quieres ir conmigo.
Sonia sabía lo que eso significaba. Ninguno dijo nada. Mientras John entraba al café, Sonia se devolvía a su casa a alistar la maleta sin saber si regresaría, pero, excepto por el lugar geográfico, tampoco sabía bien a donde iba.
Jairo y Carolina se casaron unos días después. Jairo, en agradecimiento al pájaro por toda la ayuda que le ofreció, hizo construir un enorme jardín que colindaba con el huerto de su vecina. Patricia estaba feliz por la pareja y esperaba que algún día su hija Sonia regresara a casa, mientras Jorge seguía uniendo parejas felices, bajo su aspecto de leyenda urbana. De vez en cuando bajaba a deleitarse en todos los jardines del pueblo. Un día de esos baja a uno de los más hermosos y se posa en una estaca. Pronto una niña llega corriendo muy alegre. En sus pensamientos Jorge sonríe, recordándola cuando era un bebé.
- Papá, papá, llegó Cucú – dice la niña mientras lo acaricia.
El señor Aguilera salió de la casa y se acercó temeroso hacia el pájaro. Le extendió la mano, pero Jorge se inquietó y salió volando.
- Todavía no te quiere – dice la niña riendo inocente – ya regresará, siempre lo hace. Tienes razón papá. En verdad es un pájaro muy bonito.
FIN
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