Dos hermanas, parte 6 (final)

- Tenemos mucho que hacer – respondió Carolina – tú puedes ayudarme con estos puntos – le pasó una hoja sin importancia, aprovechando la concentración de los demás. Después empezaron a hablar, más bajito y más suave, de manera que sólo entre ellos podían escucharse.
- Es irónico – dijo ella.
- ¿Qué cosa?
- Me llamas manipuladora, pero fuiste tu quien empezó a hacerlo.
- Ah si, es cierto. Ahora dime, ¿Qué vas a hacer después de clase, Carolina?
- ¿Carolina? ¿De qué hablas? Soy Paola.
- Mentira. La tímida Paola nunca pide ayuda, nunca delega, nunca se queda sin hacer nada. Es evidente que no eres ella.

Carolina sonrió dándole a entender que la había descubierto. Así fue que tuvieron su primera cita, tomando sodas en las tiendas cercanas, asistiendo a todos los eventos de moda, conciertos, torneos deportivos, fiestas de estudiantes populares, etcétera. Como Carolina iba disfrazada de Paola, fue su nombre el que se comenzó a popularizar y empezó a sentir un renacimiento, sensaciones que no sentía hace mucho tiempo. Philip le ayudaba diciéndole Paola frente a los demás y Carolina en privado.

Todos estos cambios hicieron que dejara de pensar en el trato que tenía. Empezó a recuperar su cabello rubio, a vestirse y peinarse de maneras atractivas, y debido a su esfuerzo en la lectura, empezó a usar lentes que en algún lado tenía olvidadas. Este accesorio sólo la hizo ver más popular e intelectual.

Además, debido a la forma con la que le trataban sus maestros y como la consentían, empezó a comprender mejor todo, encontrándole sentido al algebra, recordando fácilmente datos históricos, analizando sin dificultad la literatura y encontrándole un gusto especial a la biología. Cuando terminaron las clases extra, ambas eran tan parecidas, que sólo se diferenciaron cuando Paola recuperó su caballera negra. A final de cuentas, Paola y Jay, tanto como Carolina y Andrés, fueron muy felices por mucho tiempo.

FIN

Comentarios