Dos hermanas, parte 3
Al pasar los días, Carolina estaba tan feliz como su hermana por haber cambiado de identidad y pronto dejó de seguir el juego sin darse cuenta, empezando a hacer más amigos debido a sus conversaciones de moda. Paola era feliz, pues la tarde de helado en el parque se repitió por varios días más. Ella se distraía por él: cuando el sol le daba de perfil, cuando flexionaba sus grandes brazos porque tenía que correr las mesas para acomodar el salón o cuando sonreía porque el profesor le decía que su respuesta era la correcta.
Sin embargo, al contrario de su hermana, ella empezó a acostumbrarse a la ropa, a los peinados y a los perfumes. También por distraerse, empezó a olvidar las definiciones, a enredar las operaciones matemáticas y a confundir las fechas históricas. Pero nada de eso le importaba, sus pensamientos se llenaban cada vez más de él. Un día llegó a no entender nada. Su maestro le llamó la atención.
- Carolina, de nuevo malas notas. Tal vez logres pasar con el trabajo que toca entregar mañana.
- ¿Trabajo para mañana? – se preguntó en voz alta y luego recordó la tarea.
No se preocupe, profesor – intervino Jay – mañana será la primera en entregárselo.
La sonrisa de Jay la calmó, pero luego regresó a la realidad: “¿cómo entregaría aquel trabajo?” pensaba y, como si él le leyera sus pensamientos, respondió su compañero.
- Invítame a tu casa. Verás que pronto acabaremos. Este tema lo comprendo fácilmente. Te ayudaré como tú lo hacías y mañana lo entregarás, lo prometo.
Ella aceptó embelesada. Pronto llegaron a una casa de dos pisos y después de presentarlo a sus padres lo llevó al estudio y le dijo que le traería algunos bocadillos para comer. Luego entró la verdadera Carolina. Ella supuso que era amigo de Paola y lo saludó con indiferencia.
- Carolina, te cambiaste rápido.
- ¿Me conoces?
Jay se confundió. Luego entró Paola con dos refrescos de manzana y los dos se sorprendieron. Ambas hermanas estaban tan parecidas que era difícil diferenciarlas.
- Sólo vengo por el libro de biología. Tengo tarea mañana – dijo Carolina, mostrando el libro y salió de allí.
- No creo entender nada, Carolina. ¿Quién es ella?
- Ella es Carolina, yo soy Paola - Estaba avergonzada. Le explicó brevemente lo sucedido y le pidió disculpas, pero él no salía de la conmoción.
- Yo debo de irme ahora – dijo entre dientes y se fue sin despedirse, mientras Paola lloraba y veía a través de la ventana como Jay se marchaba.
Sin embargo, al contrario de su hermana, ella empezó a acostumbrarse a la ropa, a los peinados y a los perfumes. También por distraerse, empezó a olvidar las definiciones, a enredar las operaciones matemáticas y a confundir las fechas históricas. Pero nada de eso le importaba, sus pensamientos se llenaban cada vez más de él. Un día llegó a no entender nada. Su maestro le llamó la atención.
- Carolina, de nuevo malas notas. Tal vez logres pasar con el trabajo que toca entregar mañana.
- ¿Trabajo para mañana? – se preguntó en voz alta y luego recordó la tarea.
No se preocupe, profesor – intervino Jay – mañana será la primera en entregárselo.
La sonrisa de Jay la calmó, pero luego regresó a la realidad: “¿cómo entregaría aquel trabajo?” pensaba y, como si él le leyera sus pensamientos, respondió su compañero.
- Invítame a tu casa. Verás que pronto acabaremos. Este tema lo comprendo fácilmente. Te ayudaré como tú lo hacías y mañana lo entregarás, lo prometo.
Ella aceptó embelesada. Pronto llegaron a una casa de dos pisos y después de presentarlo a sus padres lo llevó al estudio y le dijo que le traería algunos bocadillos para comer. Luego entró la verdadera Carolina. Ella supuso que era amigo de Paola y lo saludó con indiferencia.
- Carolina, te cambiaste rápido.
- ¿Me conoces?
Jay se confundió. Luego entró Paola con dos refrescos de manzana y los dos se sorprendieron. Ambas hermanas estaban tan parecidas que era difícil diferenciarlas.
- Sólo vengo por el libro de biología. Tengo tarea mañana – dijo Carolina, mostrando el libro y salió de allí.
- No creo entender nada, Carolina. ¿Quién es ella?
- Ella es Carolina, yo soy Paola - Estaba avergonzada. Le explicó brevemente lo sucedido y le pidió disculpas, pero él no salía de la conmoción.
- Yo debo de irme ahora – dijo entre dientes y se fue sin despedirse, mientras Paola lloraba y veía a través de la ventana como Jay se marchaba.
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