Dos hermanas, parte 1

Aunque eran hermanas gemelas no se querían mucho. A pesar de esto, se la pasaban juntas en casi todo lo que hacían. Para diferenciarse, una mantenía su cabellera rubia y larga y la otra hermana usaba su modesto cabello negro de nacimiento un poco más corto, y un par de gafas para relajar la vista durante sus frecuentes lecturas. La rubia, quien tenía más suerte en su vida social, casi nunca entendía lo que decían sus maestros, mientras que su hermana comprendía todo, era la favorita en las clases y todos querían agruparse con ella para los trabajos escolares, pero el resto del grupo finalmente siempre le dejaban toda la tarea y le preguntaban sobre su hermana. Esa era la causa de su descontento.

El día que llegó Jay al instituto, Paola, la hermana de la cabellera negra, puso sus ojos en él, y cuando Carolina, su hermana, lo vio, realmente no le dio mayor importancia. De hecho, Carolina, por estar pensando en el apuesto Armando, el protagonista de la telenovela de moda, no ponía atención a las parábolas de física, además se le daba mejor leer la revista para chicas adolescentes en vez de El Retrato de Dorian Gray para literatura. Por esas razones siempre terminaba en las clases extras haciendo evaluaciones para que no la expulsaran. En estas clases estaba Jay, quien las usaba para nivelarse y ponerse al corriente de sus compañeros nuevos.

Cuando Paola se enteró que Jay y Carolina estaban en las mismas clases se enojó, porque siempre pasaba lo mismo: cuando todos sus deseos adolescentes se enfocaban en alguien, ese alguien terminaba en las redes de su hermana, quien la mayoría de las veces no les ponía atención. Ahora pasaba con Jay, era su obsesión. Paola quería ser su hermana, al menos por un rato, para que la tuvieran en cuenta por media hora, o notaran su existencia por diez minutos. Ese mismo día se cumpliría su sueño.

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