El fantasma del conde Sayid - parte 4

Unas horas más tarde, al abrigo de la noche que continuaba lluviosa, un hombre sin sombrilla ni gabán se acercó a la mansión y llegó hasta la puerta, donde lo detuvo el guardia. El hombre sacó un sobre.

- Tengo una invitación de la hija de la condesa.

Al hombre se le permitió la entrada y le pidieron esperar en el vestíbulo mientras le avisaban a la persona correspondiente. Él entró y se sentó sin pedir permiso, enojando a los sirvientes, pues su traje húmedo estropearía el finísimo terciopelo del mueble y les costaría la vida arreglarlo. El hombre, como adivinando sus pensamientos dijo en voz alta:

- Sólo los ignorantes dan la vida por las cosas inertes.

Mónica baja rápidamente las escaleras y al ver al hombre lo besa apasionadamente sin mencionar ninguna palabra.

- ¡Jota! ¡Viniste! Ven, te mostraré tu habitación.

Él la sigue y Mónica le pide que por favor no salga de allí hasta que ella le diga.

- El día en que las mujeres manden sobre las mujeres, será el día más feliz de mi vida.

A la mañana siguiente, Carolina escucha ruidos raros mientas camina por el pasillo y abre la puerta. Adentro está Jota cambiándose de ropa. Ella sorprendida, quiere saber quién es y cuál es su apellido.

- ¿Cuál desea que responda primero?
- No importa. Las dos significan lo mismo.
- No. Una cosa no tiene que ver con la otra. Mi nombre, y no mi apellido, es irrelevante conocerlo, ya que no se relaciona conmigo. Por esa razón me cambié mi nombre al gorico. Me hago llamar Jundebirix.

- Eso significa… “panadero” – dijo Carolina, extrañada.
- Eso es lo que soy. No literalmente. Alimento al pueblo estando con ellos y no sobre ellos, como sí lo hacen los condes y los duques.
- ¿Entonces qué hace aquí, señor Junda…?
- Llámeme Jota, si le es difícil. Soy el amante de Mónica. Ella me pidió que viniera.
- ¡Qué hombre más atrevido y altanero! Además mentiroso. Ella ya ha traido a su pretendiente.
- Yo no miento. Jamás lo haría y menos a una bella dama. Sólo los poderosos le mienten al pueblo – Carolina se quedó pensativa ante estas palabras, mientras Jota traia un papel del escritorio – Aquí está la carta que me envió.

Carolina empezó a leer la carta y él se quitó su camiseta sin ningún pudor. Ella reaccionó diciendo que un sinvergüenza insolente al desnudarse frente a una dama.

- Si no le gusta lo que ve, no lo vea, aunque no debería molestarse.

Ella se enojó y salió de la habitación sin decir nada, cerrando la puerta fuertemente. Se dirigió inmediatamente a la biblioteca de la mansión, donde estaban Mónica y su hermana.

- ¡Niña maleducada! – gritó Carolina, mientras ambas hermanas se levantaron y retrocedieron - ¡Cómo te atreves a venir a esta casa siendo una vulgar!

La duquesa se dirigió hacia Mónica para abofetearla, pero alguien le detuvo el brazo.

- No te atrevas a tocar a mis hijas. Niñas, vayan a mi habitación.

Paola y su hermana salieron del lugar completamente asustadas. Carolina le dijo a Victoria que no sabía educar a sus hijas, que sólo se dedicaban a traer hombres a la casa. Luego le entregó la carta de Mónica.

- Hablaré con mi hija. Mientras tanto mantente alejada de ellas. Si me entero que las has mirado mal siquiera, olvidaré que somos familia. Te golpearé hasta que me duelan las manos.
- Ilusiones. En cuanto el abogado hable de tu divorcio, te sacaré a patadas.
- Por tu propio bien, deberías dejar de hablarme así. Aún soy la esposa del conde y seguiré teniendo más poder que tú, cuñada. En cuanto al divorcio, puedes esperar sentada. No tienes idea lo que me gusta verte en esta posición.

Diciendo aquellas palabras Victoria salió de la biblioteca. Carolina estaba tan enojada que tomó un libro de la mesa y lo lanzó contra la pared.

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