El fantasma del conde Sayid - parte 1

Se corre el rumor que en una vieja mansión de color café otoño, un triste fantasma recorre sus pasillos de lo que hace muchos años fuera su casa, la más importante del condado de Castilla Quienes veían al fantasma lo relacionaban con varias leyendas urbanas. Unos decían que era un asesino que no descansaba en paz, un hombre que se ahorcó por las deudas, o una victima de un incendio. Sin embargo todo esto era falso, y los únicos que lo conocieron ya habían muerto o lo habían olvidado.

El fantasma no era nadie más que el severo conde Sayid, conocido hace muchos años por sus agradables fiestas donde todos eran invitados. Los de abolengo permanecían dentro de la mansión, y los demás por fuera asoleándose en los hermosos jardines. Todos pensaban que era porque se sentía solo, pues él anunció cierta vez con un elegante traje negro que su esposa y dos pequeñas hijas sufrieron un terrible accidente mientras viajaban en un carruaje hacia una de sus casas que poseía en todo el país. Por respeto, nadie investigó más allá. De haberlo hecho, se habrían enterado de lo que pasó realmente.

Unos meses antes, un hecho insignificante hizo que todo el país entrara en una guerra civil. El rey no tenía una excelente imagen en ese momento y la guerra empezó a darles a los ciudadanos una excusa para derrocarlo. El rey decidió demostrar que sus ciudadanos podían seguir contando con él, anunciando su participación en la guerra para terminarla. Fue una mala decisión para él, pues una espada sería ensartada en su pecho por un joven idealista: el nuevo rey Sasure.

Al contrario del anterior monarca, el conde no tenía muy buenas relaciones con el rey y le molestaba un poco su nuevo régimen. Despidió a los empleados corruptos y modificó los impuestos. El pueblo lo amaba. También era demasiado tradicionalista, estrafalario y para muchas mujeres: machista. Una nueva ley obligaba a que en los cargos donde se diera la sucesión, el descendiente debía ser varón, de lo contrario, la persona en cuestión debía dimitir su puesto. Al conde lo único que le preocupaba en ese momento de la vida era perder su puesto. Le parecía interesante la ley, pero no tenía a quien heredar, salvo su sobrino, el cual presentaba ante los representantes del rey, cuando lo visitaban para hacer valer la ley.

Ese engaño lo mantuvo veinte años más en el poder. Era un buen estratega. Nadie sabía quién heredaría al conde, y cuando los representes del rey sospechaban que su sobrino no era su hijo, sabia como manipularlos para que escribieran el informe a su gusto.

Había previsto todo, desde la concepción de su poder hasta su estadía eterna, pero todo se echó a perder la mañana en la que despertó enfermo. Su súbita enfermedad no estaba en la agenda y no tenia planificado que su médico de cabecera le recomendara tras examinarlo que debido a la gravedad de su enfermedad debía nombrar a su heredero públicamente lo más pronto posible, antes de que lo hiciera su hermana.

No se supo exactamente como llegó la noticia a los aldeanos, pero no era un buen momento, puesto que se encontraba de visita en el condado la quinta reunión nacional de periodistas y ellos continuaron hablando del tema por todo el país. La noticia de que el conde de Castilla iba a presentar su heredero era anunciada detalladamente en un inmenso artículo en primera plana, o en un sencillo párrafo en una sección perdida, dependiendo del periódico local, el caso era que en todo el reino nadie dejo de enterarse del tema.

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