Un caso tabú - parte 5
DIARIO INDEPENDIENTE
Cámaras de seguridad dieron pistas sobre el crimen.
DUEÑO DEL PERIODICO LA REALIDAD DICE QUE EL ATENTADO A LA SEDE PRINCIPAL FUE MANIOBRA DEL GOBIERNO EJECUTIVO
Ciudad de Tívecre. Al menos seis cámaras de vigilancia captaron la explosión de la madrugada del miércoles en la sede principal del periódico. Durante las investigaciones, las autoridades lograron identificar el autor del crimen, quien en este momento está siendo rastreado. Por el momento, el director Rubenio de la Renta se encuentra en el ojo del huracán con sus controvertidos comentarios al decir que todo el atentado fue obra de la oficina del Primer Ministro, basándose en un anónimo que recibió para evitar que una noticia fuera publicada en la prensa.
Hasta este momento, la Casa Mayor no se ha manifestado frente al comentario.
Horas antes.
Cindy se levantó de su cama, sola como era usual. Fue a la habitación de su hijo y le besó en la frente. La nana entró a la habitación y saludó, pero Cindy no hizo caso.
- Su hijo es hermoso – dijo la nana sonriendo – ayer dijo “papá” a su marido. Sus primeras palabras.
- ¡¿Cómo?! ¿Por qué no fui enterada?
- Lo siento, señora – en actitud obediente – Supuse que su marido le habría dicho.
Cindy estaba enojada. Dijo que llegaría tarde y se fue a su trabajo montada en su automóvil. Al acercarse al diario, la congestión vehicular era más impresionante que de costumbre. El disco de música de relajación grabada no le ayudaba y la quitó para poner la radio.
- Atención Ciudad de Tívecre – dijo el locutor – aún se presenta congestión en la avenida Eneida, debido a la explosión registrada en las horas de la mañana en el diario La Realidad. Se recomienda usar vías alternas como la calle Guerrero o la calle 23 de septiembre.
Cindy se preocupó. Parqueó su vehículo en el primer lugar que encontró y corrió hasta su lugar de trabajo. El enorme edificio estaba en llamas en la parte superior. Los bomberos tenían cercado el lugar, y pedían que se retiraran para evitar que les cayeran escombros y lluvia de vidrios.
Pronto encontró a Diana en medio del caos. Ella le explicó que se salvó de milagro. Usualmente era la primera en llegar a las oficinas, pero un callo le había salido en el dedo gordo y hasta que no se puso un curita no salió de casa, lo que le retrasó la salida. Al acercarse al edificio sintió una explosión en la parte de la planta de impresión y luego sucedió lo mismo en la parte superior del edificio. Después que empezaron a caer los escombros, los carros repartidores salieron del parqueadero.
- Dios te salvó – interrumpió Franchesca – eres una buena persona.
- ¿estás bien? – preguntó Cindy a Franchesca – parece que has dormido mal.
- Sí, estoy bien. El jefe es el que anda psicótico. Está llamando a sus colegas en los demás medios de comunicación. Quiere informar que todo fue obra del Primer Ministro.
- ¿Y lo fue? – preguntó ella, un poco desconfiada.
Un rato después, Diana se fue a comprar café, mientras los bomberos ya habían terminado de apagar el incendio en la parte de arriba. Para romper el hielo, Cindy fue, como siempre, la primera en hablar.
- No pensé que creyeras en Dios.
- Por supuesto. ¿Tú no?
- Si… a mi manera.
- Eso dicen todos. Él me ha ayudado mucho. Si no fuera por Él, no sé qué sería de mí.
Franchesca recordó que cuando era niña, empezó a tener sentimientos impropios por algunas de sus compañeras. Las monjas extremistas ya habían anunciado que ese tipo de sensaciones era un pecado, que era la peor aberración en una mujer. Confundida, dejó de comer por falta de apetito. Un día ayunó y asistió al oratorio, empezó a llorar y con todas sus fuerzas pedía al cielo por una solución. Repentinamente, se sintió sin fuerzas y un hombre estigmatizado vestido de azul que brillaba con luz propia se apareció como una proyección sobre la pared.
- Levántate, porque Él te ha escuchado y te manda a decir que los seres humanos fueron dotados de libre albedrio para hacer lo que desean, sólo tú puedes decidir qué haces con tu vida. Él te acompañará siempre que hagas el bien con los demás. No dudes de su divina existencia. Enorgullécete de ti misma. Comunícale a todos estos mensajes y no olvides que los perseguidos son sus favoritos…
Franchesca estaba en éxtasis y no recordó nada después de eso. Luego despertó en su cama y la enfermera la castigó por decirle que se había desmayado por falta de alimentación. Ella trató de explicar lo sucedido, diciendo que tuvo una aparición de un hombre y señaló uno de los cuadros de su habitación. Ella la abofeteó y luego se santiguó.
- San Francisco de Asís jamás se le aparece a las jovencitas que no comen – impuso la monja, y se retiró de la habitación.
Una vez hubo una presentación en su colegio. Entraron cámaras de televisión y prepararon sillas para algunos periodistas. Fue su primer contacto con los medios. Mientras veía las cámaras, una reportera le explicó lo que eran y que servían para darle mensajes a todo el mundo. Durante el evento asistieron algunos ricos empresarios tradicionalistas que venían a subsidiar el convento, además de otorgarle una beca de estudios superiores a la mejor estudiante. La madre superiora llamó a Franchesca como ganadora de ésta, convencida que continuaría estudiando ciencias bíblicas, pero la joven recordó su orden celestial.
- No – dijo ella – estudiaré periodismo. Además de agradecer esta beca, quiero anunciar algo. Dios me ha pedido que les diga que estoy orgullosa de mi persona, y que no es pecado que… - todos estaban en un silencio tenso – no es pecado que me gusten las mujeres.
Las monjas casi enloquecen, la madre superiora cayó de rodillas y el resto de empresarios tradicionalistas se asombraron de lo que dijo, pero nadie podía actuar de manera extraña por estar frente a las cámaras.
- ¡Lo siento! – dijo Franchesca – devolveré la beca.
- No – dijo uno de los empresarios – quiero que el mundo sepa que Aceros Limpios apoya la diversidad – dijo fingiendo una sonrisa frente a las cámaras fotográficas que disparaban flashes indiscriminadamente.
Los días siguientes, las monjas no le volvieron a mencionar una palabra y todo parecía ir bien, sin embargo, en un efecto dominó, se terminó por cerrar el colegio.
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