Un caso tabú - parte 4
Una vez existió un colegio privado para niñas, que había sido levantado por monjas con ideologías inglesas extremistas desde los tiempos de la fundación del reino, pero que con el pasar de las décadas se hacían menos exigentes y más racionales. Las niñas que estudiaban y vivían en el claustro eran, increíblemente, felices. La mejor compañera, la más querida por sus maestras, la más alegre y la más inteligente, era una niña abandonada por inmigrantes italianos: Franchesca Bernardone.
De pronto, el colegio fue cerrado y convertido en museo, las monjas fueron trasladadas, las niñas se dispersaron y el nombre de Franchesca fue eliminado de la memoria de muchas de sus maestras y compañeras. Para ese entonces ella ya tenía una beca asegurada en la universidad Real, en donde se recluyó para saciar su culpabilidad. Desde entonces era muy raro verla sonreír.
Franchesca entró a la oficina y al llegar a su escritorio se sorprendió “¿Qué demonios pasó aquí?” dijo en voz alta. Cindy, que estaba en su escritorio leyendo algunos datos, le respondió serenamente que no soportaba trabajar con desorden y le organizó toda su papelería por tamaño y color.
- Toma, te llegó esta carta. – dijo sonriendo.
Su compañera dejó la cámara y la grabadora en el escritorio y abrió el sobre. Leyó mientras caminaba por el pasillo de la oficina de manera seria, y finalmente arrugó el papel y lo botó en la basura.
- ¿Malas noticias? – dijo Cindy.
- Algo así. – suspiro – gracias por hacerlo. Hace rato quería ordenar, pero no tenía tiempo. ¡vaya! No recordaba que tenía esto aquí.
- Entonces… ¿haremos la noticia o no?
- Por supuesto – dijo Franchesca, sonriendo.
Cindy se sorprendió. No se sorprendía desde que era niña, una niña feliz, pero maleducada. Todo salía tal cual ella lo deseaba. Sin embargo, el día que quedó embarazada del hombre que amaba, supo que no todo podía manejarlo a su antojo. Sabía que no podría criarlo sola, a pesar de tener una vida rodeada de lujos, sus padres no se lo permitirían, ni permitirían que se fuera con el padre de la criatura. Inmediatamente movió sus influencias y permitió que su padre la casara con un ocupado empresario, conocido por sus infidelidades durante sus noviazgos, cosa que a ella no le interesaba. Todo este plan sólo lo supo Ricardo, el hombre que amaba, quien al principio no estuvo de acuerdo, pero al igual que ella, entendió que era lo mejor para su hijo. La remuneración por su trabajo en el área financiera de La Realidad jamás le alcanzaría para mantenerla a ella y a su hijo.
Cindy no necesitaba realmente el consentimiento de Franchesca para hacer la noticia. Suponía que le diría que no, y se sorprendió cuando ella lo afirmó, y lo afirmó sonriendo. En ese momento empezaron a trabajar con todo el material que tenían.
- ¿Esa es mi pluma favorita? – preguntó de repente otra mujer.
- Eso parece – respondió de manera altanera Franchesca.
- Entrégamela – dijo la otra mujer, en tono retador.
- Oblígame.
Las mujeres hubieran empezado a pelear allí mismo, si no fuera por la inmediata intervención de Andrés, el amigo de Franchesca y asistente de Rubenio, el jefe de prensa. Cindy se asustó y se levantó de la silla. Otra mujer la calmó y le dijo que eso era bastante común.
- Soy Diana.
- Soy Cindy.
- ¡Ah! Ya entiendo porqué el susto. Eres la nueva. Franchesca y Andrea Paola son, lo que se dice en el argot, rivales.
Diana le explicó que desde que entraron al periódico, ambas se llevaban bien, pero de un momento a otro, empezaron las competencias, hasta el momento en que nadie deseaba usar el ascensor por temor que se encontraran ambas adentro.
- Igual no importa – dijo Diana – Andrea Paola aceptó una oferta para irse al canal internacional de noticias.
Cindy se impresionó mientras veía como Andrés le entregaba la pluma de la discordia a Andrea Paola.
- Gracias, Andresito. Fue regalo del rey. Pensé que la había perdido.
Las cosas regresaron a la normalidad, pero Andrés no se alejó del escritorio de Franchesca. Ella sabía que algo pasaba y le preguntó.
- Es sobre la noticia que están realizando – dijo él – el jefe ha recibido una amenaza.
- ¡Maldición! – dijo Franchesca.
- ¿Significa que ya no continuaremos? – preguntó Cindy.
- Al contrario – respondió su compañera – cuando el jefe recibe amenazas, exige que la noticia salga inmediatamente.
- Encenderé la cafetera – bromeó Andrés – nos veremos en la mañana.
Las mujeres se sentaron y continuaron con su trabajo, sin saber qué futuro tendrían en la mañana.
De pronto, el colegio fue cerrado y convertido en museo, las monjas fueron trasladadas, las niñas se dispersaron y el nombre de Franchesca fue eliminado de la memoria de muchas de sus maestras y compañeras. Para ese entonces ella ya tenía una beca asegurada en la universidad Real, en donde se recluyó para saciar su culpabilidad. Desde entonces era muy raro verla sonreír.
Franchesca entró a la oficina y al llegar a su escritorio se sorprendió “¿Qué demonios pasó aquí?” dijo en voz alta. Cindy, que estaba en su escritorio leyendo algunos datos, le respondió serenamente que no soportaba trabajar con desorden y le organizó toda su papelería por tamaño y color.
- Toma, te llegó esta carta. – dijo sonriendo.
Su compañera dejó la cámara y la grabadora en el escritorio y abrió el sobre. Leyó mientras caminaba por el pasillo de la oficina de manera seria, y finalmente arrugó el papel y lo botó en la basura.
- ¿Malas noticias? – dijo Cindy.
- Algo así. – suspiro – gracias por hacerlo. Hace rato quería ordenar, pero no tenía tiempo. ¡vaya! No recordaba que tenía esto aquí.
- Entonces… ¿haremos la noticia o no?
- Por supuesto – dijo Franchesca, sonriendo.
Cindy se sorprendió. No se sorprendía desde que era niña, una niña feliz, pero maleducada. Todo salía tal cual ella lo deseaba. Sin embargo, el día que quedó embarazada del hombre que amaba, supo que no todo podía manejarlo a su antojo. Sabía que no podría criarlo sola, a pesar de tener una vida rodeada de lujos, sus padres no se lo permitirían, ni permitirían que se fuera con el padre de la criatura. Inmediatamente movió sus influencias y permitió que su padre la casara con un ocupado empresario, conocido por sus infidelidades durante sus noviazgos, cosa que a ella no le interesaba. Todo este plan sólo lo supo Ricardo, el hombre que amaba, quien al principio no estuvo de acuerdo, pero al igual que ella, entendió que era lo mejor para su hijo. La remuneración por su trabajo en el área financiera de La Realidad jamás le alcanzaría para mantenerla a ella y a su hijo.
Cindy no necesitaba realmente el consentimiento de Franchesca para hacer la noticia. Suponía que le diría que no, y se sorprendió cuando ella lo afirmó, y lo afirmó sonriendo. En ese momento empezaron a trabajar con todo el material que tenían.
- ¿Esa es mi pluma favorita? – preguntó de repente otra mujer.
- Eso parece – respondió de manera altanera Franchesca.
- Entrégamela – dijo la otra mujer, en tono retador.
- Oblígame.
Las mujeres hubieran empezado a pelear allí mismo, si no fuera por la inmediata intervención de Andrés, el amigo de Franchesca y asistente de Rubenio, el jefe de prensa. Cindy se asustó y se levantó de la silla. Otra mujer la calmó y le dijo que eso era bastante común.
- Soy Diana.
- Soy Cindy.
- ¡Ah! Ya entiendo porqué el susto. Eres la nueva. Franchesca y Andrea Paola son, lo que se dice en el argot, rivales.
Diana le explicó que desde que entraron al periódico, ambas se llevaban bien, pero de un momento a otro, empezaron las competencias, hasta el momento en que nadie deseaba usar el ascensor por temor que se encontraran ambas adentro.
- Igual no importa – dijo Diana – Andrea Paola aceptó una oferta para irse al canal internacional de noticias.
Cindy se impresionó mientras veía como Andrés le entregaba la pluma de la discordia a Andrea Paola.
- Gracias, Andresito. Fue regalo del rey. Pensé que la había perdido.
Las cosas regresaron a la normalidad, pero Andrés no se alejó del escritorio de Franchesca. Ella sabía que algo pasaba y le preguntó.
- Es sobre la noticia que están realizando – dijo él – el jefe ha recibido una amenaza.
- ¡Maldición! – dijo Franchesca.
- ¿Significa que ya no continuaremos? – preguntó Cindy.
- Al contrario – respondió su compañera – cuando el jefe recibe amenazas, exige que la noticia salga inmediatamente.
- Encenderé la cafetera – bromeó Andrés – nos veremos en la mañana.
Las mujeres se sentaron y continuaron con su trabajo, sin saber qué futuro tendrían en la mañana.
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