Un caso tabú - parte 2

Cindy era una mujer hermosa y hasta Franchesca lo admitía. Apenas se sentó en su escritorio nuevo y empezaba a acomodarse en él, y ya todos los hombres estaban fijándose en ella. Cindy fingía ser tímida y esbozo una sonrisa que terminó por enamorar a todos los hombres. Franchesca le enseñaba todo lo básico, mientras organizaba sus archivos en la computadora. Cuando dio medio día Franchesca se levantó para salir a almorzar. Su nueva compañera la detuvo y le dijo que si podía ir con ella, pues no conocía la zona. Ella aceptó.

Franchesca se estaba acostumbrando a las miradas y a los halagos que todos los hombres realizaban cuando pasaba su colega camino al restaurante. Se dio cuenta que Cindy ya sabía cómo manejar ese tipo de situaciones, cosa que ella nunca aguantaría.

Sus conversaciones eran triviales. Cindy trataba de romper el hielo, pero a veces Franchesca no continuaba. Sin embargo, así ella se enteró que Cindy empezó como periodista en revistas para adolescentes, un tiempo fue la chica del clima y más tarde presentadora de farándula en un noticiero local, pero lo que ella deseaba era ser una importante periodista mundial y reportear para las mejores agencias. Después del almuerzo, Franchesca se retiró al baño, y al regresar, Cindy ya había pagado ambos almuerzos. Ante esto, la primera se sintió apenada, pero Cindy le pidió que perdiera cuidado y que lo aceptara como su regalo de cumpleaños.

Ambas regresaron a la oficina de redacción. Entre su desorden, Franchesca encontró una nota de su jefe, el cual estaba dirigido para ella y su nueva compañera. Esta anunciaba la nueva noticia que debían cubrir. Franchesca se sentó casi abrumada y Cindy se preocupó. Ella le pasó la nota.

- Gracias a una fuente de confianza – leía – deben conseguir destapar el caso del hijo del Primer Ministro, quien mantiene una relación en secreto con… ¿con su guardaespaldas?
- No lo digas tan duro – dijo Franchesca.
- Esta noticia será bastante polémica.
- Maldito jefe… cuando él quiere me pone esos desgraciados casos tabú. Pensé que todo terminaría hoy.
- ¡Esto es genial! ¡Quiero comenzar ya mismo! ¡Ah! Que ansiedad.

En todo el país se conocía la fama de la ideología de extrema derecha del Primer Ministro Jasón Riturbio. Él lo negó varias veces ante los medios, pero era claro que sus acciones eran contrarias a lo que decía. No era el primer cargo público de Riturbio. Ya en su vida política pasada había sido uno de los alcaldes más jóvenes de Ciudad de Tívecre y fue allí cuando cerró sin ningún reparo gran cantidad de bares y tabernas por considerarlas “sitios del recreo del demonio”; prohibió el aborto y los anticonceptivos, además de las relaciones pecaminosas.

Cuando fue elegido como Primer Ministro, no hubo mucha diferencia en los dictámenes que proponía en el Consejo. A pesar de que allí, la mayoría de consejeros pertenecían a su partido, algunas de sus propuestas extremas no fueron aprobadas.

Su familia, en cambio, era otra cosa. Parecía más una familia de farándula que una perteneciente a la vida política: una esposa exigente que siempre se le veía en los clubes sociales y en las costosas tiendas de ropa y joyería, y un hijo que siempre estaba involucrado en peleas en los bares y discotecas de la ciudad con una fama de alcohólico y machista homofóbico, de lo cual esto último decían que había heredado de su padre. Sin embargo, a pesar de todo, ellos siempre lo negaban y se catalogaban de fotos adulteradas y testimonios falsos a todas estas noticias, porque ellos eran el modelo de la familia perfecta, sobre todo en los actos públicos. Nadie sabía que cosas sucedían puertas adentro de la Casa Mayor. Era evidente que no les convenía mostrar su mala imagen, pero alguien deseaba hacerlo.

- ¿Quién es nuestro contacto en la Casa Mayor? – dijo Cindy.
- Una vieja amiga, mañana tendremos una cita con ella.

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