Un caso tabú - parte 6
Mientras la policía examinaba las pruebas, otros recibían las declaraciones de los testigos. El testimonio de Diana fue muy importante para resolver el autor del crimen, pues la policía no daba con nada. Inicialmente, los resultados arrojaron que se trataba de tres bombas de tiempo: una estaba ubicada en la planta de impresión, la siguiente en el centro de las oficinas de redacción y la tercera que no se detonó estaba en la oficina administrativa.
La policía reunió a los conductores. Rubenio y Cindy estuvieron presentes en el interrogatorio. Ellos contaron que en como siempre, en las horas de la madrugada, además del personal de seguridad, ellos entraron para recibir los periódicos y salir a repartirlos. En la ficha de entrada estaba la firma de seis conductores y, según la declaración de Diana, ella vio salir seis carros, sin embargo, en el interrogatorio sólo se encontraban cinco conductores. El nombre de la persona ausente era Samantha Villavicencio. Ellos dijeron que no conocían ese nombre, pero que entre ellos sí faltaba una mujer, la cual no trabajaba ya con ellos, pero era conocida porque constantemente venia al edificio a realizar cualquier labor y por eso remplazó a uno de los conductores que estaba de vacaciones, cosa que no les pareció nada extraña. Al contar los carros, efectivamente faltaba uno.
Después llegó el jefe de seguridad del edificio. La policía le pidió que le entregara las grabaciones, pues el personal que estaba presente ya había dicho que la sala de video que se encontraba en la planta de impresión, quedó completamente inútil, pero sólo el jefe de seguridad sabia la existencia de otra, más oculta. Él respondió que se encontraba atrás de la oficina administrativa. Inmediatamente se ordenó a los bomberos que trajeran un disco con específicas condiciones, que estaba tras una puerta falsa dentro del baño personal de la oficina administrativa. Una grúa de bomberos realizó el trabajo y Rubenio, el jefe de seguridad, y el policía encargado de la investigación entraron a una carpa que instalaron rápidamente. Franchesca pidió algo nerviosa que le permitiera estar con él durante la visualización. Rubenio no vio ningún problema.
Cindy, que también estaba pendiente de todo, sospechaba muchas cosas, pero no entró. Pronto vio a Andrea Paola y le pidió ayuda, recordando que ella ingresó al mismo tiempo a trabajar igual que Franchesca.
- Sé que no eres la principal persona que me pueda decir algo bueno de ella, pero realmente necesito saber algunas cosas.
- Contigo no hay ningún problema. ¿Qué necesitas saber?
- ¿Venían de la misma parte cuando ingresaron al diario?
- No. Yo entré porque me lo merecía. Ella entró por una decisión directa desde la oficina administrativa.
- ¿Rubenio le ayudó?
- No. En ese tiempo, la jefa de prensa era Paulina… la mujer que ahora es jefe de prensa en la Casa Mayor. Eran amigas de hace tiempo. Luego las tres se la pasaban juntas.
- ¿Las tres?
- Sí, Franchesca, Paulina y su asistente, una mujer que se llama María Evita.
- ¿Sabes quién es Samantha Villavicencio?
- Es el nombre en clave de Paulina. Todos los jefes de prensa usan uno por seguridad cuando manejan información del Palacio Real. Aún no entiendo porque Rubenio usa “el hombre de Acero”. Es una falta de seriedad.
Cindy se estaba convenciendo de algo pero aún no estaba segura. De pronto, el grupo que estaba revisando las grabaciones salió de la carpa y Franchesca salió al desorden de la avenida Eneida. Cindy la siguió y vio como un taxista le rechazaba su solicitud y se estacionó. Luego se subió en otro taxi.
- ¿A dónde vas? – preguntó Cindy.
- Tengo que ver a alguien, más tarde hablamos.
Cindy actuaba rápido. Rápidamente le pidió al taxi anterior la dirección del lugar al que Franchesca se dirigía, y él le contestó que debido a la congestión vehicular no podría llevarla a la Casa Mayor. “Lo sabía” pensó ella. Salió corriendo a su automóvil y condujo por medios no apropiados hacia aquel lugar.
- Tanto Paulina como Franchesca conocen el edificio – se decía ella – Sabían dónde colocar las bombas… y esa carta… ¡Esta noticia será grandiosa!
Mientras conducía, Cindy recordaba letra a letra aquella carta. En pocas palabras decía que el contrato de trabajo de Franchesca terminaba el mismo día que Cindy entraba a trabajar, pues sería su remplazo. Explicaba que Paulina y Marino tenían graves diferencias y ella quería vengarse por sus insultos y su actitud pesada. Después agradecía por la idea que le había dado para vengarse. Finalmente Paulina apoyaba a Franchesca si deseaba hacer lo mismo por haber perdido el trabajo.
La policía reunió a los conductores. Rubenio y Cindy estuvieron presentes en el interrogatorio. Ellos contaron que en como siempre, en las horas de la madrugada, además del personal de seguridad, ellos entraron para recibir los periódicos y salir a repartirlos. En la ficha de entrada estaba la firma de seis conductores y, según la declaración de Diana, ella vio salir seis carros, sin embargo, en el interrogatorio sólo se encontraban cinco conductores. El nombre de la persona ausente era Samantha Villavicencio. Ellos dijeron que no conocían ese nombre, pero que entre ellos sí faltaba una mujer, la cual no trabajaba ya con ellos, pero era conocida porque constantemente venia al edificio a realizar cualquier labor y por eso remplazó a uno de los conductores que estaba de vacaciones, cosa que no les pareció nada extraña. Al contar los carros, efectivamente faltaba uno.
Después llegó el jefe de seguridad del edificio. La policía le pidió que le entregara las grabaciones, pues el personal que estaba presente ya había dicho que la sala de video que se encontraba en la planta de impresión, quedó completamente inútil, pero sólo el jefe de seguridad sabia la existencia de otra, más oculta. Él respondió que se encontraba atrás de la oficina administrativa. Inmediatamente se ordenó a los bomberos que trajeran un disco con específicas condiciones, que estaba tras una puerta falsa dentro del baño personal de la oficina administrativa. Una grúa de bomberos realizó el trabajo y Rubenio, el jefe de seguridad, y el policía encargado de la investigación entraron a una carpa que instalaron rápidamente. Franchesca pidió algo nerviosa que le permitiera estar con él durante la visualización. Rubenio no vio ningún problema.
Cindy, que también estaba pendiente de todo, sospechaba muchas cosas, pero no entró. Pronto vio a Andrea Paola y le pidió ayuda, recordando que ella ingresó al mismo tiempo a trabajar igual que Franchesca.
- Sé que no eres la principal persona que me pueda decir algo bueno de ella, pero realmente necesito saber algunas cosas.
- Contigo no hay ningún problema. ¿Qué necesitas saber?
- ¿Venían de la misma parte cuando ingresaron al diario?
- No. Yo entré porque me lo merecía. Ella entró por una decisión directa desde la oficina administrativa.
- ¿Rubenio le ayudó?
- No. En ese tiempo, la jefa de prensa era Paulina… la mujer que ahora es jefe de prensa en la Casa Mayor. Eran amigas de hace tiempo. Luego las tres se la pasaban juntas.
- ¿Las tres?
- Sí, Franchesca, Paulina y su asistente, una mujer que se llama María Evita.
- ¿Sabes quién es Samantha Villavicencio?
- Es el nombre en clave de Paulina. Todos los jefes de prensa usan uno por seguridad cuando manejan información del Palacio Real. Aún no entiendo porque Rubenio usa “el hombre de Acero”. Es una falta de seriedad.
Cindy se estaba convenciendo de algo pero aún no estaba segura. De pronto, el grupo que estaba revisando las grabaciones salió de la carpa y Franchesca salió al desorden de la avenida Eneida. Cindy la siguió y vio como un taxista le rechazaba su solicitud y se estacionó. Luego se subió en otro taxi.
- ¿A dónde vas? – preguntó Cindy.
- Tengo que ver a alguien, más tarde hablamos.
Cindy actuaba rápido. Rápidamente le pidió al taxi anterior la dirección del lugar al que Franchesca se dirigía, y él le contestó que debido a la congestión vehicular no podría llevarla a la Casa Mayor. “Lo sabía” pensó ella. Salió corriendo a su automóvil y condujo por medios no apropiados hacia aquel lugar.
- Tanto Paulina como Franchesca conocen el edificio – se decía ella – Sabían dónde colocar las bombas… y esa carta… ¡Esta noticia será grandiosa!
Mientras conducía, Cindy recordaba letra a letra aquella carta. En pocas palabras decía que el contrato de trabajo de Franchesca terminaba el mismo día que Cindy entraba a trabajar, pues sería su remplazo. Explicaba que Paulina y Marino tenían graves diferencias y ella quería vengarse por sus insultos y su actitud pesada. Después agradecía por la idea que le había dado para vengarse. Finalmente Paulina apoyaba a Franchesca si deseaba hacer lo mismo por haber perdido el trabajo.
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