Un caso tabú - parte 7

Cindy parqueó cerca de la Casa Mayor y alistó sus herramientas periodísticas. Para recoger la evidencia de las mujeres que creía que eran las causantes del daño, se colocó una pequeña grabadora camuflada en el cuello de su blusa. Se acercó a la entrada donde el guardia de turno le pidió identificación. Ella le respondió que venía del diario La Realidad, y necesitaba ir a la oficina de prensa. Él le respondió que no tenía ningún inconveniente, pues tenían orden de permitir el ingreso “a la periodista de ese diario”. Cindy fue bastante sigilosa al acercarse a la oficina y escuchó adentro a Franchesca discutiendo con Paulina.

- Este problema es muy grave. La policía no demorará en identificarla – dijo Franchesca - ¿Cómo resultaste involucrada?
- Ya te lo dije, yo no hice nada – respondió Paulina – Estábamos peleando hace tiempo…

Cindy escuchó pasos que venían hacia la oficina y decidió salir de allí, después de todo confirmaba lo que pensaba. Sin embargo, la persona que venía hacia ella no le permitió continuar.

- ¿Quién es usted? – dijo el hombre que la detuvo.
- No soy tan famosa como el hijo del Primer Ministro, señor Marino Riturbio. Soy Cindy Olivares. La verdad dudo que no me conozca.
- La presentadora de televisión. Aun recuerdo ese horrible atuendo que usó durante la presentación de la Miss Universo.
- Estoy de acuerdo. No lo escogí yo. En fin. Lamento haberlo hecho perder su tiempo.
- No se atreva a hablarme de esa manera. ¿Qué hace aquí?
- Investigando el atentado contra el diario La Realidad. Ya sé quien fue.
- No es cierto. Dígamelo.
- Su jefa de prensa, junto a una reconocida periodista.

Marino rió de una manera burlona que daba miedo.

- Ustedes, mujeres, nunca saben nada. Fui yo.
- ¿Qué? ¿Por qué me lo dice?
- Sé muy bien que planeaban opacar mi imagen con su maldita noticia. Odio a las mujeres, pero odio más a los periodistas, no hacen más que entrometerse en la vida de las personas.
- Déjeme ir. No diré nada.
- No me crea estúpido. ¡Guardias! Sáquenla de aquí. Enciérrenla y llame a la policía. Aquí está la autora del atentado.

Cindy estaba asustada. No sabía qué hacer. Repentinamente salió corriendo. Era tan ágil como un antílope. Algunos guardias trataron de detenerla, pero terminaron seducidos por su figura. La mujer salió de la Casa Mayor y los guardias estaban por atraparla. Como algo inesperado apareció un automóvil frente a ella.

- Súbete, amor mío.
- ¡Ricardo!

Ella no lo escuchó dos veces y se subió. El carro aceleró tanto como pudo. Las sirenas de la policía empezaron a seguirlo.

- Te seguí. Supuse que estabas en problemas. Nos ocultaremos.
- Gracias, pero tengo que ir al diario. No es lo que yo pensaba.

El carro de Ricardo tomó la autopista y la calle 23 de Septiembre como le sugirió Cindy para llegar al diario. Allí estaba una fuerte escolta de la policía. Ricardo le pidió que bajara y continuara a pie, pues a ella no le pondrían problemas para pasar al sitio del desastre, además él podría llevar la policía a otro lado. Ella se lo agradeció con un beso y bajó del auto. Entró a una calle estrecha y vio como pasaban tres carros de policía detrás de Ricardo.

Cindy caminaba como si nada hubiera pasado y entró a la carpa. Adentro estaba Rubenio. Ella le dice que sospechaba que Franchesca podría ser la causante de la explosión, pero él la interrumpe diciéndole que no es así, pues en las grabaciones de seguridad aparece una mujer llamada María Evita, la asistente de Paulina durante su administración en el diario La Realidad y que después de que ella se fue a la Casa Mayor, María Evita amenazó con renunciar si Paulina no regresaba. Eventualmente la despidieron, pero ella se arrepintió cuando no contó con el apoyo de su antigua jefa. Sin embargo no le permitieron retomar su empleo, aún así ella venia regularmente para demostrar que sí la necesitaban, y manifestaba siempre su enojo hacia Paulina tachándola de traidora. “Creo que estaba obsesionada con ella” dice él. Por esa razón los conductores la conocían y el personal de seguridad le permitió la entrada al diario. Sabía exactamente en qué lugares colocar las bombas, debido a que naturalmente también conocía el edificio.

- ¿Por qué suponías que era Franchesca? – preguntó Rubenio.
- Entiendo que ella fue despedida el mismo día que yo ingresé. Supuse que era una especie de venganza.
- Fue una venganza – interrumpió Franchesca entrando a la carpa – pero no de mi parte.
- Lo sé, fue Marino. Me lo ha dicho y lo he grabado – dijo Cindy mientras sacaba la pequeña grabadora.
- Ya sabemos quien planeó el atentado, porqué lo hizo, y quien puso las bombas – dijo Rubenio – sólo falta demostrar la relación entre ellos dos.

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