Las aventuras de Julián, el soldado caleidoso, parte 7
Julián está en la guerra. Esta con su uniforme camuflado sucio y rasgado por la batalla, dirigiendo un pelotón de veinticinco hombres. Hay muchos disparos y Julián defiende a sus hombres desde una trinchera. Todo es un caos. Julián se levanta con otros tantos, le disparan y le lanzan granadas a un enorme monstruo mitad serpiente y mitad mujer, quien tiene puesta la corona de la reina de Sabernal. Seres horrendos la defienden y se aniquilan. En una tonta distracción, la mujer serpiente atrapa a Julián y él no puede utilizar sus brazos ni sus piernas. La mujer serpiente le pasa su áspera y húmeda lengua por su cuello y le dice: “ella no se ríe”.
Julián abre los ojos y despierta de aquella pesadilla. Está en un camarote, en un cuartel. Toma un poco de aire y se levanta en medio de la oscuridad. Tiende la cama y se dirige a las duchas, diez minutos antes de que suene la alarma para que los demás soldados se levanten.
El mayor, al ver que Julián ha terminado primero, durante los últimos días, lo llama para felicitarlo. Él le agradece, pero le dice que no lo merece, porque recientemente se levanta antes debido a que está teniendo pesadillas incomprensibles. El mayor le responde que no le importa, que no debería ser tan caleidoso.
- Señor, ¿Dónde escuchó esa palabra?
- Hay cosas que uno escucha y nunca las olvida.
Tiempo después, el elegante e imponente Palacio Real se refleja en la ventana polarizada del auto que se está estacionando. Adentro, Karlos le pide a Julián que recuerde lo que le ha dicho y que no olvide comentar lo que ella dirá.
Apenas Julián sale del auto y pone un pie en los terrenos del palacio, es requisado tres veces y escoltado por cinco hombres y una mujer. Es guiado hasta una habitación donde hay una sala de varios puestos. La mujer le dice que se siente en una poltrona específica, luego todos salen y cierran la puerta. Él mira para todas partes, el silencio es impresionante. De repente, otra puerta se abre y entra la reina Ivonnet.
- ¡Su majestad! – se levanta y se inclina inmediatamente.
- Siéntate, por favor. Deseo aclarar contigo algunas cosas, por eso te he traído aquí. Quiero que te vayas de Tívecre. Quiero que te olvides de todo lo que ha sucedido aquí. A cambio no tendrás ningún antecedente penal ni militar. Una nueva vida, lavando ventanas o vendiendo carne, no sé.
- Su majestad, ¿ha sido usted quien me ha sacado de la cárcel?
- No. No fui yo.
- Yo… no podría oponerme a lo que me ofrece, no tendría manera alguna de negarme. Sé que le pasa a las personas que lo hacen y agradezco su oportunidad. No tengo porqué exigir nada más, pero…
- ¿Pero qué?
- Quisiera que me respondiera una pregunta. Lo que me responda no saldrá de mis labios y aunque así fuera, nadie me creería, o los que lo hagan lo olvidarán, tal vez se convierta en una leyenda urbana…
- Pregunta de una vez.
- ¿Por qué quiere deshacerse de Cinthia?
- No me importa si lo dices a alguien o no. Eso es irrelevante. Sólo escucha mi respuesta y deberás creerme, porque es verdadera. No soy yo quien quiere deshacerse de ella.
- ¿No es cierto que la odia?
La reina se levantó de su asiento y caminó hacia una ventana.
- Como madre, quiero lo mejor para mi hijo y Cinthia no le conviene, y como comandante de este reino, quiero lo mejor para mis ciudadanos. Las ideas de los Debeler son liberales. No funcionarán. Pretenden cambiar el mundo. Eso nunca será posible. No la odio. Cinthia no produce en mi ningún tipo de sentimiento.
Sumamente seria, la reina le dijo que habían terminado y esperaba no volverlo a ver. Él se levantó de la poltrona y se inclinó de nuevo antes de salir. En el pasillo no había escoltas y podía sentirse el sonido de la alfombra cuando era pisada. Karlos salió de un pasaje a la izquierda y le pidió que lo siguiera. Mientras caminaban, él dijo que debía permanecer callado hasta llegar a las habitaciones de los empleados de seguridad. En el exterior se veía como un pasillo de un lujoso hotel. Karlos sacó una llave y entraron a la habitación. Allí, Julián le explicó lo que le dijo la reina y él le dijo que estaba bien, que podía pasar allí la noche como se lo había prometido. Karlos salió de la habitación.
La reina estaba asomada en una ventana y giró hacia la puerta cuando se abrió. Ella no le dio interés, cuando le preguntaron si había creído en sus palabras.
- Como le dije a él. Tiene que creerlo, pues es cierto. ¿Eres capaz de decirle a Cinthia que eres tú quien se quiere deshacer de ella?
Julián abre los ojos y despierta de aquella pesadilla. Está en un camarote, en un cuartel. Toma un poco de aire y se levanta en medio de la oscuridad. Tiende la cama y se dirige a las duchas, diez minutos antes de que suene la alarma para que los demás soldados se levanten.
El mayor, al ver que Julián ha terminado primero, durante los últimos días, lo llama para felicitarlo. Él le agradece, pero le dice que no lo merece, porque recientemente se levanta antes debido a que está teniendo pesadillas incomprensibles. El mayor le responde que no le importa, que no debería ser tan caleidoso.
- Señor, ¿Dónde escuchó esa palabra?
- Hay cosas que uno escucha y nunca las olvida.
Tiempo después, el elegante e imponente Palacio Real se refleja en la ventana polarizada del auto que se está estacionando. Adentro, Karlos le pide a Julián que recuerde lo que le ha dicho y que no olvide comentar lo que ella dirá.
Apenas Julián sale del auto y pone un pie en los terrenos del palacio, es requisado tres veces y escoltado por cinco hombres y una mujer. Es guiado hasta una habitación donde hay una sala de varios puestos. La mujer le dice que se siente en una poltrona específica, luego todos salen y cierran la puerta. Él mira para todas partes, el silencio es impresionante. De repente, otra puerta se abre y entra la reina Ivonnet.
- ¡Su majestad! – se levanta y se inclina inmediatamente.
- Siéntate, por favor. Deseo aclarar contigo algunas cosas, por eso te he traído aquí. Quiero que te vayas de Tívecre. Quiero que te olvides de todo lo que ha sucedido aquí. A cambio no tendrás ningún antecedente penal ni militar. Una nueva vida, lavando ventanas o vendiendo carne, no sé.
- Su majestad, ¿ha sido usted quien me ha sacado de la cárcel?
- No. No fui yo.
- Yo… no podría oponerme a lo que me ofrece, no tendría manera alguna de negarme. Sé que le pasa a las personas que lo hacen y agradezco su oportunidad. No tengo porqué exigir nada más, pero…
- ¿Pero qué?
- Quisiera que me respondiera una pregunta. Lo que me responda no saldrá de mis labios y aunque así fuera, nadie me creería, o los que lo hagan lo olvidarán, tal vez se convierta en una leyenda urbana…
- Pregunta de una vez.
- ¿Por qué quiere deshacerse de Cinthia?
- No me importa si lo dices a alguien o no. Eso es irrelevante. Sólo escucha mi respuesta y deberás creerme, porque es verdadera. No soy yo quien quiere deshacerse de ella.
- ¿No es cierto que la odia?
La reina se levantó de su asiento y caminó hacia una ventana.
- Como madre, quiero lo mejor para mi hijo y Cinthia no le conviene, y como comandante de este reino, quiero lo mejor para mis ciudadanos. Las ideas de los Debeler son liberales. No funcionarán. Pretenden cambiar el mundo. Eso nunca será posible. No la odio. Cinthia no produce en mi ningún tipo de sentimiento.
Sumamente seria, la reina le dijo que habían terminado y esperaba no volverlo a ver. Él se levantó de la poltrona y se inclinó de nuevo antes de salir. En el pasillo no había escoltas y podía sentirse el sonido de la alfombra cuando era pisada. Karlos salió de un pasaje a la izquierda y le pidió que lo siguiera. Mientras caminaban, él dijo que debía permanecer callado hasta llegar a las habitaciones de los empleados de seguridad. En el exterior se veía como un pasillo de un lujoso hotel. Karlos sacó una llave y entraron a la habitación. Allí, Julián le explicó lo que le dijo la reina y él le dijo que estaba bien, que podía pasar allí la noche como se lo había prometido. Karlos salió de la habitación.
La reina estaba asomada en una ventana y giró hacia la puerta cuando se abrió. Ella no le dio interés, cuando le preguntaron si había creído en sus palabras.
- Como le dije a él. Tiene que creerlo, pues es cierto. ¿Eres capaz de decirle a Cinthia que eres tú quien se quiere deshacer de ella?
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