Las aventuras de Julián, el soldado caleidoso, parte 4

El príncipe Milwer entra en sus aposentos sorpresivamente y abraza a Cinthia quien se encuentra sentada en un sillón. Ella le corresponde el abrazo extrañada y le pregunta qué le sucede. Él le dice que ha soñado con ella teniendo problemas y que él no puede rescatarla. Cinthia inmediatamente se ríe.

- Esto no es un cuento de hadas, aquí no hay dragones ni princesas encerradas que necesiten ser rescatadas por príncipes.
- Y cuando te cases conmigo, jamás sucederá.
- Si, respecto a eso…
- ¡Aquí están los tortolos! – interrumpió la reina entrando – Hijo, debo hablar con Cinthia, déjanos a solas.

El príncipe aceptó y las dejó cerrando la puerta. Cinthia se veía asustada. La reina Ivonnet se sentó y le pidió secamente que hiciera lo mismo. De inmediato le preguntó que cuando abandonaría al príncipe. Cinthia le respondió que le diera un poco más de tiempo, porque él si estaba enamorado. La reina se puso seria y se levantó.

- Tienes veinticuatro horas o seré yo quien tome medidas extremas – la reina puso la mano en el pomo de la puerta - ¿lo amas?
- Acaso… ¿acaso importa mi respuesta?
- Por supuesto que no – dijo la reina sonriendo y se marchó.

Diás después, Cinthia y Julián despertaron de su siesta en sus sillas distintas. El tren se detuvo entrando a la Ciudad de Tívecre. Cuando Julián vio que no se habían detenido en una estación, no pensó en nada, pero al ver el rostro de preocupación de Cinthia sí se alarmó. Varios policías de la realeza entraron al tren, tomaron a la mujer y la condujeron a un automóvil negro y blindado, mientras que Julián fue arrestado sin resistencia y llevado a otro destino.

Cinthia fue llevada al palacio donde el príncipe Milwer la abrazó y la besó en la mejilla. Ninguno se decía nada sino sólo sonreían a las cámaras de televisión y las cámaras fotográficas. Mientras tanto, Julián fue conducido en un tanque a los calabozos del Palacio de Justicia pensando en Cinthia. No tenía la menor idea de cómo se había metido en eso. Fue escoltado y metido en una celda fría y raramente limpia. Era pequeña, como una caja de concreto. A su derecha podía escuchar a alguien, mas no así al otro lado. Su vecino anónimo le empezó a hacer conversación.

- ¿Por qué está aquí?
- Andando donde no debía.
- Ahh, entiendo amigo. Apuesto que problemas con la familia real, sólo aquí vienen por eso. Yo descubrí algo y me encerraron. Soy periodista. ¿alguna vez escuchó de la técnica indésirable?
- No. – respondió indiferentemente.

El misterioso hombre le explica que la técnica la usan las realezas cuando no quieren que una persona se una a su familia, se ha usado por mucho tiempo secretamente y cuando quiso exponerlo lo encerraron allí, traído directo en un auto oscuro mientras compraba un perro caliente. “Apuesto a que escuchó del accidente de la princesa Diana, la reina de Inglaterra usó la técnica con ella”. Julián se preocupó porque relacionó todo aquello con Cinthia.

- Tengo que salir de aquí.
- Es imposible mi amigo. De aquí nadie sale vivo. Aunque no será borrado de inmediato, antes realizan un proceso: un juicio arreglado y la sentencia de muerte – el hombre empezó a silbar una tonada mientras Julián se recostaba en la pared.

Cinthia fue guiada por un ama de llaves del palacio hasta una habitación donde le llevaron ropa limpia y toallas. Allí entró el príncipe quien seriamente ordenó dejarlos solos. Cinthia se sentó mirando al piso tristemente.

- No entiendo… ¿Cómo te atraparon? No debías estar ahí.
- ¿Hablas de mi secuestro o de mi rescate? – ambos se miraron, pero ella dejó caer su rostro lleno de lagrimas entre sus manos – Milwer… tengo miedo. Ahora será peor.
- No te preocupes. Trataré de que ella no se entere por hoy, ya se va a acabar el día. Lo dejaré a él para que te cuide. Después volveremos a planearlo. Ahora descansa.
El príncipe abrazó a Cinthia, luego abrió la puerta y llamó a uno de sus escoltas y le pidió que la protegiera. Después de marchó. Cinthia y el escolta se miraron. Ella sonrió levemente.
- Señorita Debeler – dijo él.
- Karlos.

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