Las aventuras de Julián, el soldado caleidoso, parte 1
Julián ya no era un niño. Los años de entrenamiento en la escuela militar ya lo habían convertido en todo un hombre sin sentimientos, o eso creía él. Después de estar entrenando para una guerra que nunca llegó, pensó en fugarse, pero fue descubierto en sus planes y fue deshonrosamente expulsado. Estaba muy lejos de su casa y sin nada para sustentarse. Sólo la recordaba a ella y deseaba volver a verla, el amor que dejó hacía muchos años en la capital.
Cinthia no quería a nadie. No era porque así lo quisiera. Era porque había sufrido mucho sentimentalmente cuando era joven, y para evitar que se repitiera, fue olvidando poco a poco lo que tenía que sentir cuando quería a alguien. Este sentimiento fue fortalecido con su educación: fue preparada para ser reina de Sabernal.
Los estatutos legales, familiares y culturales establecían que Cinthia debía casarse con el príncipe Milwer, quien era odiado por algunos por promover leyes en contra de los sistemas industriales que afectaba el sector obrero y amado por la mayoría por ser un sex symbol. Cinthia y Milwer se conocieron y se cayeron bien. Él estuvo de acuerdo con la unión y ella no puso ningún reparo tampoco. Las revistas sociales estaban en efervescencia por el tema. Y grupos de la oposición radical también.
La familia de Cinthia manejaba varios institutos sociales y de beneficencia. Algunos estuvieron de acuerdo en que Cinthia como figura reconocida debía asistir a algunos pueblos de la provincia para comercializar el apellido. En uno de estos fue abordada por varios hombres armados, quienes incendiaron el carro donde venia y mataron a sus escoltas. El asalto fue atribuido a un famoso grupo radical que proponía acabar con la monarquía e imponer un sistema totalitario.
La noticia de su secuestro recorrió todo el mundo y los principales medios no perdían ningún detalle relacionado con ella, haciendo a veces noticias amarillistas con los pocos datos que tenían.
Julián llegó a la capital sólo para enterarse que la mujer que tanto amó y esperó por mucho tiempo estaba felizmente casada y manteniendo una familia estable. Fue apenas un contacto visual porque ya no deseaba verla. Caminó sin rumbo hasta un pueblo a las afueras donde alquiló la habitación de un hotel barato, pues sentía que no podía quedarse en un solo lugar. De hecho, no se la pasó en el hotel, sino que fue al rio que era una atracción turística en temporada. Allí no había mucha gente y Julián se internó al bosque. Después de caminar un rato, encontró el cuerpo de una mujer tirado en el bosque. Pensó que estaba muerta, pero al estudiar sus signos vitales pudo ver que estaba inconsciente. Él la cargó y la llevó hasta su habitación del hotel. Nadie vio nada porque parecía casi un pueblo fantasma.
Con sus conocimientos de primeros auxilios logró que la mujer despertara haciéndole aspirar té caliente, pero después continuo durmiendo. Julián pudo estudiarla mientras tanto: cabello bien cuidado, algo de maquillaje, un vestido entero que ya tenía algunas rasgaduras. Él sentía que la conocía, pero no podía deducir quien era. De pronto ella despertó violentamente y tomó la lámpara de la mesita.
- ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?
- Cálmese, señorita, por favor. Soy Julián, la encontré en el bosque y la he traído aquí. No hay razón para alarmarse. Ahora dígame, ¿Quién es usted?
- Soy Cinthia, Cinthia Debeler.
Cinthia no quería a nadie. No era porque así lo quisiera. Era porque había sufrido mucho sentimentalmente cuando era joven, y para evitar que se repitiera, fue olvidando poco a poco lo que tenía que sentir cuando quería a alguien. Este sentimiento fue fortalecido con su educación: fue preparada para ser reina de Sabernal.
Los estatutos legales, familiares y culturales establecían que Cinthia debía casarse con el príncipe Milwer, quien era odiado por algunos por promover leyes en contra de los sistemas industriales que afectaba el sector obrero y amado por la mayoría por ser un sex symbol. Cinthia y Milwer se conocieron y se cayeron bien. Él estuvo de acuerdo con la unión y ella no puso ningún reparo tampoco. Las revistas sociales estaban en efervescencia por el tema. Y grupos de la oposición radical también.
La familia de Cinthia manejaba varios institutos sociales y de beneficencia. Algunos estuvieron de acuerdo en que Cinthia como figura reconocida debía asistir a algunos pueblos de la provincia para comercializar el apellido. En uno de estos fue abordada por varios hombres armados, quienes incendiaron el carro donde venia y mataron a sus escoltas. El asalto fue atribuido a un famoso grupo radical que proponía acabar con la monarquía e imponer un sistema totalitario.
La noticia de su secuestro recorrió todo el mundo y los principales medios no perdían ningún detalle relacionado con ella, haciendo a veces noticias amarillistas con los pocos datos que tenían.
Julián llegó a la capital sólo para enterarse que la mujer que tanto amó y esperó por mucho tiempo estaba felizmente casada y manteniendo una familia estable. Fue apenas un contacto visual porque ya no deseaba verla. Caminó sin rumbo hasta un pueblo a las afueras donde alquiló la habitación de un hotel barato, pues sentía que no podía quedarse en un solo lugar. De hecho, no se la pasó en el hotel, sino que fue al rio que era una atracción turística en temporada. Allí no había mucha gente y Julián se internó al bosque. Después de caminar un rato, encontró el cuerpo de una mujer tirado en el bosque. Pensó que estaba muerta, pero al estudiar sus signos vitales pudo ver que estaba inconsciente. Él la cargó y la llevó hasta su habitación del hotel. Nadie vio nada porque parecía casi un pueblo fantasma.
Con sus conocimientos de primeros auxilios logró que la mujer despertara haciéndole aspirar té caliente, pero después continuo durmiendo. Julián pudo estudiarla mientras tanto: cabello bien cuidado, algo de maquillaje, un vestido entero que ya tenía algunas rasgaduras. Él sentía que la conocía, pero no podía deducir quien era. De pronto ella despertó violentamente y tomó la lámpara de la mesita.
- ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?
- Cálmese, señorita, por favor. Soy Julián, la encontré en el bosque y la he traído aquí. No hay razón para alarmarse. Ahora dígame, ¿Quién es usted?
- Soy Cinthia, Cinthia Debeler.
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