Carly y Evo, parte 5

El sol de los últimos había atraído a muchos turistas a la ciudad. Todos los negocios se estaban favoreciendo y pronto se iba a romper un record de ventas. Sin duda, el más beneficiado de todos era el club turístico, a pesar de recibir siempre cartas firmadas por los pequeños hoteles y tiendas que lo rodeaban, pidiendo que lo cerraran porque les estaban quitando clientes. Este grupo de comerciantes estaban agrupados en el comité de santa Barbará, encabezados por la iglesia principal de Ciudad de Verna y donde la personalidad de la madre de Carly se destacaba principalmente.

Mientras tanto, los socios del club turístico, en su mayoría acaudalados judíos (por no decir, en su totalidad), ignoraban las cartas, las huelgas y daban algunos regalos navideños a los comerciantes del sector. Pronto, con el paso del tiempo, una guerra fría se había establecido entre ambas sociedades y era sumamente extraño encontrar juntas a dos personas de cada bando. Ya era común pensar que aquello se trataba de una relación prohibida.
Tanto Marcelina como Samario eran bastante celosos y sobreprotectores debido a que, a diferencia de Maribella y Evorean, fueron educados en casa. Pronto Marcelina se enteró que sus vecinos no eran judíos y decidió acompañar a sus hermanos a toda hora para que no se juntaran con los que no debían. Ese día justo encontró a sus dos hermanos con los que no quería que se encontraran.
Maribella se dio cuenta que su hermana venia.
- Nicole, perdóname. Tengo que actuar un rato, confía en mí.
- Hecho –dijo ella, sin saber de qué se trataba.
Maribella abrazó a Federico, quien se hallaba pensativo, y lo besa. Federico se impresionó, pensando que había sido bastante fácil. Carly y Evo se miraron, sonrieron e hicieron lo mismo. Nicole también quedó con una expresión en su rostro como si la hubieran asustado. Pero la que más se enojó fue Marcelina mientras Descartes ladraba agudamente.
- ¡Evorean! ¡Maribella! – gritó Marcelina – Vamos para la casa ¡ya mismo!
Maribella se negó y defendió su derecho por el amor, diciéndole además que si seguía así nunca lo iba a entender. Evorean la apoyó y le siguió Carly, Federico, Nicole y sus amigos. Al sentirse sola, Marcelina levantó a su perro y dijo muy sutilmente que los esperaría en casa. Mientras caminaba por el parque, Descartes se soltó y empezó jugar con otro. Ella lo siguió preocupada y le gritó al perro desconocido que se alejara. De repente llegó un hombre rubio y levantó al forastero.
- Lo siento – dijo él – puedo entenderlo. Tampoco me gusta que Renata se junte con otros perros.
Ella quedó asombrada. Él le preguntó si le acompañaba para evitar que su perro volviera a juntarse con otros y Marcelina aceptó.
Los demás pasaron el resto de la tarde juntos. Federico trató de acercarse a Maribella, pero ella se rehusaba. Ya no sonreía. Él no entendía. Al caer el crepúsculo ella le dijo que se iba a casa. Federico la acompañó y en el camino le declaró todo el amor que sentía por ella. Sin embargo ella lo tomó de las manos y le pidió que lo disculpara, porque prefería seguir con la amistad que tenían a comprometerse, pues nunca soportó que le invadieran su espacio.
- Nicole te estará esperando – dijo ella, sonriendo. Después entró a su casa y él entró a la suya.
Esa noche, los hermanos se reunieron nuevamente. Marcelina y Maribella terminaron por disculparse entre sí. Samario también estuvo de acuerdo en que habían sido muy duros. A partir de entonces, las cosas mejoraron.
Después de finalizar el año, Federico se despidió y se marchó a la capital del país para continuar con sus estudios. Marcelina y Samario aprendieron del amor y se fueron emparejando: ella con el rubio entrenador de perros y su hermano con una morena turista que decidió quedarse allí por él. Maribella también tuvo suerte. Aunque se decía que era la novia de varias celebridades, ella terminó conviviendo con un famoso maestro hindú que daba clases de yoga por todo el mundo.
Finalmente, Evorean fue el único que nunca abandonó a Carly. A pesar de muchas peleas que tuvieron, siempre salieron airosos. Con el tiempo cada uno fue aceptado por la otra familia y ella terminó cambiándose de religión, aunque en el fondo no le veía ninguna diferencia. De hecho, su familia no lo supo hasta el día de su matrimonio. Aunque su madre se enojó con ella por mucho tiempo, luego volvieron a ser las mismas después de que Evorean heredó una cuarta parte de las acciones de su padre del club turístico y Carly recibió la mitad, lo que la convertía en la poseedora del 0,3% del lugar. Sin embargo, era muy influyente durante las reuniones de los socios y desde allí ayudaba a su madre con los acuerdos entre el club y el comité de Santa Bárbara.
Se dice que Carly y Evo se amaron toda su vida y para ella las tardes soleadas en la playa nunca volvieron a ser tristes.
Fin

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