Carly y Evo, parte 4
Marcelina y Samario estaban sentados uno al lado del otro en un sofá, frente a Maribella y Evorean en otra. Los primeros estaban serios, y los otros estaban a la expectativa de lo que querían decirles. Descartes estaba acostado sobre el brazo de Marcelina y ladraba cada vez que ella terminaba de decir algo.
- Ya sabemos lo que sucede – dijo Samario.
- Y ustedes también deben saberlo – dijo Marcelina y ladró agudamente Descartes.
- Mientras nuestros padres no estén en casa somos responsables por ustedes – dijo Samario.
- Y por todas las cosas que hagan – continuo Marcelina.
- Así que por eso decidimos prohibirles que se vean con los vecinos – declaró Samario.
Maribella y Evorean se miraron antes de decir un “¿Por qué?” juntos.
- Porque ellos no son judíos. – respondió Marcelina y Descartes ladró nuevamente.
Maribella salió de la sala completamente enojada y caminó hacia el jardín trasero, donde descansó recostada en su hamaca como lo hacía cuando siempre que estaba en ese estado, aunque antes lo hacía en la terraza de un decimo piso en medio de una gran ciudad. Antes podía observar una ciudad sin fin donde el horizonte se separaba del cielo por una niebla gris. Ahora sólo veía la casa de sus vecinos. Evo salió también al jardín trasero. Como si se hubieran puesto de acuerdo, Carly hizo lo mismo.
Carly y Evo se acercaron. Separados sólo por la valla del patio, empezaron a hablar. Ella le dijo que su madre había prohibido que se vieran, y él le dijo que le había pasado lo mismo, pero que ni eso ni la valla los separaría. La tomó de las manos y le preguntó que si se lo permitía, no la soltaría jamás. Ella se sonrojó y se separó rápidamente. Le dio la espalda y se recostó en el vallado.
- La película empieza en media hora – dijo suavemente y se entró a su casa.
Maribella se acercó y le dijo que estaba acorde con él y si realmente quería a Carly le ayudaría a mantener esa relación sin que sus hermanos se dieran cuenta.
Evo besó a Carly en el cinema como era de esperarse, ya porque ella quería, ya porque él estaba aburrido por la película. Carly estaba emocionada viendo la película del niño mago y aunque era la tercera vez que la veía, quien la viera diría que era la primera vez que entraba a un cinema. Después de dos horas de ver la película, Evo se le fue insinuando, hasta que ella sumida pensando que estaba con el protagonista lo hizo.
Luego salieron tomados de la mano y él le compró un helado. No duraron mucho cuando todas las amigas de Carly los encontraron. Ellas los rodearon y empezaron un frenético interrogatorio. “¡Qué lindos se ven!” dijo Nicole. Ella era su mejor amiga y amaba en secreto a Federico, a pesar de que ella siempre le dijo que por tan joven no le haría caso. Esa fue la razón por la que cambio de actitud cuando lo vio salir del cinema a él acompañado de Maribella, pero no salieron tomados de la mano.
Poco después de que Maribella le hizo la promesa a su hermanito, se sintió observada. Federico estaba asomado en su ventana mirándola fijamente. Cuando ella se dio cuenta, fue un momento incomodo para él, porque a ella sólo le dio risa. Como vio que no sabía qué hacer, ella le dijo: “¿Quieres ir al cine?” y él le dijo que sí. Ella pensó que era curioso que en ese lugar fueran las chicas las que invitaran a los hombres.
Federico no pudo besar a Maribella como lo tenía pensado. La película que veían no era comercial, sino cine experimental universitario. A ella le gustaba y parecía interesada, pero él no entendía la relación de una escena con otra, no le hallaba sentido a los sucesos y no concebía de donde salían tantas cucharas y que tenía que ver con la película. Entonces se puso a ver a su hermosa compañera. Cuando estuvo listo para atacar, la película se acabó.
- ¿Terminó? – dijo él
- Sí, que final tan evidente.
Salieron de la sala tan rápido que Federico no tuvo tiempo de nada más. Él le dijo que en pago la invitaría a tomarse un nevado en la tienda de bebidas que tenia vista a la plaza. Ella no dijo nada, sino sonrió. En ese momento fue cuando los vio Nicole, quien se acercó. Si algo sabia muy bien Maribella, era detectar quien estaba enamorado de quien, así que no tardó en darse cuenta de lo que pasaba.
- Hola Fede – dijo Nicole, fingiendo no haber visto a Maribella - ¿ya viste cómo está el clima hoy? Está un poco caluroso, pero parece que fuera a llover y no traje una sombrilla porque este conjunto no admite accesorios.
- Pero puedes usar ese paño para protegerte si lo doblas por detrás de la cabeza – dijo Maribella.
- Ah, disculpa ¿Quién eres?
- Soy Maribella, amiga de Federico. No tienes que preocuparte, lo estoy cuidando por si alguien quiere ser su novia, ya que hay muchas chicas por ahí, ¿no crees?
Maribella le guiñó un ojo y Nicole lo pensó bastante rápido. Simplemente no sintió ninguna rivalidad por su parte.
- Okey Mari. Puedo decirte Mari, ¿no? Yo soy Nicole, pero puedes llamarme Ni, como me llaman todos mis amigos. Ahora cuéntame, ¿Cómo debo doblar el paño?
Federico se dio cuenta que ella fácilmente podía hacer amigos, cosa que a él se le dificultaba muchas veces. Las dos chicas no paraban de hablar, mientras que su hermano y Evo y sus otros amigos reían y conversaban. Más a lo lejos vio algo que lo asustó al principio, pero no era nada malo, para él: Marcelina, con unas enormes gafas de sol, se acercaba paseando a su perro.
- Ya sabemos lo que sucede – dijo Samario.
- Y ustedes también deben saberlo – dijo Marcelina y ladró agudamente Descartes.
- Mientras nuestros padres no estén en casa somos responsables por ustedes – dijo Samario.
- Y por todas las cosas que hagan – continuo Marcelina.
- Así que por eso decidimos prohibirles que se vean con los vecinos – declaró Samario.
Maribella y Evorean se miraron antes de decir un “¿Por qué?” juntos.
- Porque ellos no son judíos. – respondió Marcelina y Descartes ladró nuevamente.
Maribella salió de la sala completamente enojada y caminó hacia el jardín trasero, donde descansó recostada en su hamaca como lo hacía cuando siempre que estaba en ese estado, aunque antes lo hacía en la terraza de un decimo piso en medio de una gran ciudad. Antes podía observar una ciudad sin fin donde el horizonte se separaba del cielo por una niebla gris. Ahora sólo veía la casa de sus vecinos. Evo salió también al jardín trasero. Como si se hubieran puesto de acuerdo, Carly hizo lo mismo.
Carly y Evo se acercaron. Separados sólo por la valla del patio, empezaron a hablar. Ella le dijo que su madre había prohibido que se vieran, y él le dijo que le había pasado lo mismo, pero que ni eso ni la valla los separaría. La tomó de las manos y le preguntó que si se lo permitía, no la soltaría jamás. Ella se sonrojó y se separó rápidamente. Le dio la espalda y se recostó en el vallado.
- La película empieza en media hora – dijo suavemente y se entró a su casa.
Maribella se acercó y le dijo que estaba acorde con él y si realmente quería a Carly le ayudaría a mantener esa relación sin que sus hermanos se dieran cuenta.
Evo besó a Carly en el cinema como era de esperarse, ya porque ella quería, ya porque él estaba aburrido por la película. Carly estaba emocionada viendo la película del niño mago y aunque era la tercera vez que la veía, quien la viera diría que era la primera vez que entraba a un cinema. Después de dos horas de ver la película, Evo se le fue insinuando, hasta que ella sumida pensando que estaba con el protagonista lo hizo.
Luego salieron tomados de la mano y él le compró un helado. No duraron mucho cuando todas las amigas de Carly los encontraron. Ellas los rodearon y empezaron un frenético interrogatorio. “¡Qué lindos se ven!” dijo Nicole. Ella era su mejor amiga y amaba en secreto a Federico, a pesar de que ella siempre le dijo que por tan joven no le haría caso. Esa fue la razón por la que cambio de actitud cuando lo vio salir del cinema a él acompañado de Maribella, pero no salieron tomados de la mano.
Poco después de que Maribella le hizo la promesa a su hermanito, se sintió observada. Federico estaba asomado en su ventana mirándola fijamente. Cuando ella se dio cuenta, fue un momento incomodo para él, porque a ella sólo le dio risa. Como vio que no sabía qué hacer, ella le dijo: “¿Quieres ir al cine?” y él le dijo que sí. Ella pensó que era curioso que en ese lugar fueran las chicas las que invitaran a los hombres.
Federico no pudo besar a Maribella como lo tenía pensado. La película que veían no era comercial, sino cine experimental universitario. A ella le gustaba y parecía interesada, pero él no entendía la relación de una escena con otra, no le hallaba sentido a los sucesos y no concebía de donde salían tantas cucharas y que tenía que ver con la película. Entonces se puso a ver a su hermosa compañera. Cuando estuvo listo para atacar, la película se acabó.
- ¿Terminó? – dijo él
- Sí, que final tan evidente.
Salieron de la sala tan rápido que Federico no tuvo tiempo de nada más. Él le dijo que en pago la invitaría a tomarse un nevado en la tienda de bebidas que tenia vista a la plaza. Ella no dijo nada, sino sonrió. En ese momento fue cuando los vio Nicole, quien se acercó. Si algo sabia muy bien Maribella, era detectar quien estaba enamorado de quien, así que no tardó en darse cuenta de lo que pasaba.
- Hola Fede – dijo Nicole, fingiendo no haber visto a Maribella - ¿ya viste cómo está el clima hoy? Está un poco caluroso, pero parece que fuera a llover y no traje una sombrilla porque este conjunto no admite accesorios.
- Pero puedes usar ese paño para protegerte si lo doblas por detrás de la cabeza – dijo Maribella.
- Ah, disculpa ¿Quién eres?
- Soy Maribella, amiga de Federico. No tienes que preocuparte, lo estoy cuidando por si alguien quiere ser su novia, ya que hay muchas chicas por ahí, ¿no crees?
Maribella le guiñó un ojo y Nicole lo pensó bastante rápido. Simplemente no sintió ninguna rivalidad por su parte.
- Okey Mari. Puedo decirte Mari, ¿no? Yo soy Nicole, pero puedes llamarme Ni, como me llaman todos mis amigos. Ahora cuéntame, ¿Cómo debo doblar el paño?
Federico se dio cuenta que ella fácilmente podía hacer amigos, cosa que a él se le dificultaba muchas veces. Las dos chicas no paraban de hablar, mientras que su hermano y Evo y sus otros amigos reían y conversaban. Más a lo lejos vio algo que lo asustó al principio, pero no era nada malo, para él: Marcelina, con unas enormes gafas de sol, se acercaba paseando a su perro.
Comentarios
Publicar un comentario