Carly y Evo, parte 3

Al día siguiente Carly fue a misa y no participó de ella. Únicamente lo hacía por acompañar a su familia. Y su familia iba por orden de su madre, quien iba por demostrar a los demás su posición social. Ellos ocupaban casi que la primera banca y Carly estaba aburrida.
Después de llegar a casa, el servicio de catering llegó a los cinco minutos y dispuso todo para el elegante almuerzo. Federico era el más entusiasmado por conocer a los nuevos vecinos: se vistió lo más elegante que podía y se perfumó con su agua de colonia más costosa. Mientras que Carly se dejó su ropa de iglesia, pues lo que menos le interesaba era el dichoso almuerzo.

Su madre dispuso las reglas que los demás ya se sabían de memoria cuando traía invitados. Pronto sonó el timbre. Federico estaba nervioso. Su madre le pidió a Carly que abriera la puerta. Ella lo hizo de mala gana y no escuchó a su madre cuando le solicitó que fingiera una sonrisa. Pero no tuvo que fingir nada cuando abrió la puerta. Estaba asombrada:
- ¿Gladys? ¿Vives aquí?
La chica que venía detrás de él empezó a reír de singular manera, bastante animada.
- ¿en serio te llamas Gladys? ¡Qué nombre tan original! – dijo ella.
- Hermana, por favor, ¡que imprudente!
- Es cierto – dijo Carly – ese no es mi nombre.
Después de haber aclarado el bochornoso momento, Federico se acercó al notar que no entraban y vio a Maribella y a Evorean. Él los saludo y los hizo pasar. Maribella iba por delante y detrás le seguían Evorean, Marcelina y otro joven mayor que los demás que se limitó a saludar.
- Bienvenidos – dijo la madre de Carly - ¿Dónde están sus padres?
- Ay señora, lo siento – contestó Maribella – Ellos no vendrán. Les ha suplicado que los excusen. Sucede que les surgió una importantísima reunión en el club turístico.
- ¿El club turístico? ¿Qué hacen en aquel lugar? – preguntó despectivamente.
- Mis padres son accionistas. Un poco más mi padre o un poco más mi madre, ¡no lo sé! Jaja.
Mientras Maribella conversaba por toda su familia y servían las entradas, Evorean se acercó a Carly, quien estaba sentada a su lado con mucha pena. Sin embargo, ella habló primero. Le pidió disculpas por haber mentido sobre su nombre y él le dijo que no pasaba nada, pues hasta ahora se estaban conociendo y quería decirle que se sentía bien al saber que ahora eran vecinos. Ella cayó en cuenta que él no iba a irse como los demás, asimismo si sus padres eran accionistas del club turístico no se mudarían pronto. Ella se alegró y sonriéndole le dijo: “Puedes llamarme Carly”.
Su madre le preguntó a Maribella si sus hermanos no hablaban. A pesar de las constantes bromas y anécdotas chistosas que contaba, sólo ella, Federico y su padre reían, mientras que Marcelina y su hermano sólo comían despaciosamente.
- Son mis hermanos mayores. Son mellizos: ella es Marcelina y él es Samario. Chicos, saluden – ellos saludaron levantando la mano derecha al tiempo – como se darán cuenta, no son muy comunicativos. Aquel chico es mi hermanito Evorean. Ayer estuvo todo el día en la playa…
Maribella continuó narrando todo lo que acontecía con ellos. La madre de Carly estaba aburrida, su padre estaba interesado y Federico estaba fascinado.
Al terminar el almuerzo, Marcelina y Samario se despidieron educadamente y guardando la distancia, Maribella se despidió abrazándolos a todos, y Evorean se despidió especialmente de Carly, recordándole que tenían una cita pendiente para el cinema. Antes de que se marchara, ella lo detuvo.
- ¿Quién te dio el teléfono de mi teléfono móvil?
- Una de tus amigas, cuando te fuiste continuamos en una fiesta con ellas. Creo que su nombre es Nicole.
- ¡Ah! Esa Nicole.
Después se despidió de él con un beso en la mejilla. Apenas salieron, los hermanos tenían una sonrisa en su rostro.
- Podremos volver a invitarlos, ¿no? – preguntó Carly.
- Por supuesto que no – dijo su madre con severidad – Nadie del club turístico será admitido en mi casa.
Carly sintió un dolor feo en la boca del estomago. Su hermano estaba igual. Su padre se acercó y les dijo: “Tranquilos, sólo ha dicho que aquí, en la casa” Ellos comprendieron a lo que se refería y lo abrazaron.

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