La nota del saxofón, parte 2
Alexandro estaba en una cueva que cada vez se hacía más oscura. Solo veía una luz y corría hacia ella, pero la luz se alejaba a medida que él iba tras ella. Luego escuchó una melodía y se detuvo. Detrás de él había una mujer que no le podía ver el rostro, sin embargo la podía ver y escuchar tocar el clarinete. Alexandro trató de acercarse, reconociéndola y sintiéndose feliz por un momento, pero la mujer se detuvo y gritando empezó a pegarle con el instrumento. De inmediato despertó de ese sueño recostado en una cama suave y rosada. Se levantó de golpe y empezó a buscar alrededor suyo su maleta. La puerta se abrió y entró Cheddy con una taza de té.
- ¿Dónde está la maleta? - preguntó Alexandro, sin verla.
- En la sala, yo…
Alexandro salió de la habitación sin siquiera fijarse en ella. Vio la maleta, la abrió y comprobó que todo estaba en orden. Luego vio por primera vez a la mujer que lo había socorrido.
- Gracias - dijo ella.
- ¿Por qué?
- Por salvarme.
Alexandro se levantó y cargó su maleta. Él le dijo que estaba equivocada, que no había hecho nada, pero ella le contó que la había salvado como los héroes de las películas americanas. Alexandro miró al piso, notándose triste y le dijo suavemente: “gracias”. Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.
- Si me quiere agradecer, acepte tomarse está tacita de té conmigo, por favor.
Él aceptó de mala gana, como por satisfacer sus deseos. Se sentó en el enorme sofá antiguo de esa sala y ella trajo las dos tazas. Ella le preguntó que traía en la maleta.
- No es nada importante. Es solo un saxofón.
Cheddy sonrió y le dijo que ella sabia tocarlo, tal vez podía permitirle tocar una pieza, pero Alexandro le dijo que no sería prudente, y la excusó con que estaba dañado. Ella comprendió que ese saxofón era todo lo contrario: lo cuidaba con recelo, en un maletín sofisticado. Definitivamente era lo más importante para él. Ella quería acercarse, pero Alexandro no se lo permitía. Finalmente le dijo que debía irse inmediatamente.
- ¿A dónde irás? – preguntó Cheddy.
- Por la salida oriental.
- Toma - le dijo entregándole una pequeña nota.
- ¿Qué es esto?
- Mi teléfono, si me necesitas, solo llámame.
- ¿Por qué confías en mi? No me conoces. Tal vez no sea una buena persona.
Ella sonrió.
- No importa. Es para devolverte el favor que me hiciste hoy. Las buenas personas salvan a otras.
Alexandro miró al piso nuevamente, guardó el papel en un bolsillo y sin despedirse se marchó.
- ¿Dónde está la maleta? - preguntó Alexandro, sin verla.
- En la sala, yo…
Alexandro salió de la habitación sin siquiera fijarse en ella. Vio la maleta, la abrió y comprobó que todo estaba en orden. Luego vio por primera vez a la mujer que lo había socorrido.
- Gracias - dijo ella.
- ¿Por qué?
- Por salvarme.
Alexandro se levantó y cargó su maleta. Él le dijo que estaba equivocada, que no había hecho nada, pero ella le contó que la había salvado como los héroes de las películas americanas. Alexandro miró al piso, notándose triste y le dijo suavemente: “gracias”. Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.
- Si me quiere agradecer, acepte tomarse está tacita de té conmigo, por favor.
Él aceptó de mala gana, como por satisfacer sus deseos. Se sentó en el enorme sofá antiguo de esa sala y ella trajo las dos tazas. Ella le preguntó que traía en la maleta.
- No es nada importante. Es solo un saxofón.
Cheddy sonrió y le dijo que ella sabia tocarlo, tal vez podía permitirle tocar una pieza, pero Alexandro le dijo que no sería prudente, y la excusó con que estaba dañado. Ella comprendió que ese saxofón era todo lo contrario: lo cuidaba con recelo, en un maletín sofisticado. Definitivamente era lo más importante para él. Ella quería acercarse, pero Alexandro no se lo permitía. Finalmente le dijo que debía irse inmediatamente.
- ¿A dónde irás? – preguntó Cheddy.
- Por la salida oriental.
- Toma - le dijo entregándole una pequeña nota.
- ¿Qué es esto?
- Mi teléfono, si me necesitas, solo llámame.
- ¿Por qué confías en mi? No me conoces. Tal vez no sea una buena persona.
Ella sonrió.
- No importa. Es para devolverte el favor que me hiciste hoy. Las buenas personas salvan a otras.
Alexandro miró al piso nuevamente, guardó el papel en un bolsillo y sin despedirse se marchó.
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