La nota del saxofón, parte 8
Alexandro está sorprendido, no sabe cómo Ericoka lo ha encontrado, porqué está con Cheddy y cómo sabe todo. Ella le dice que todo ha sido gracias a Cheddy, quien se puso a investigar y que además no volverá a rescatarlo. Alexandro le da un abrazo a Cheddy y le pregunta que cómo pudo encontrar a la mujer más buscada por la autoridades.
- Jennifer me ayudó – dijo sin pensarlo, y al momento los otros dos se afligieron.
Después Alexander se acomodó viendo la panorámica sabana de la carretera y se durmió. Ericoka supuso que las autoridades debían estar buscándolos y decidió que debían tomar otro transporte. Adelantó un carro más viejo y lo obligó a detenerse. El anciano conductor se bajó de su vehículo y ella también hizo lo mismo. Con su uniforme de policía y su sonrisa matadora, no duró mucho para que el anciano le cambiara su viejo vehículo. Cheddy condujo el resto del camino y evitó todos los controles de la policía de carreteras con éxito. Antes del medio día estaban llegando a un hotel de Taré.
Allí dejaron descuidadamente el carro en la plaza para que lo robaran, mientras ellos ya estaban registrados con nombres falsos en el hotel. Mientras Ericoka vigilaba sentada en una mecedora en la ventana, Cheddy se acercó a Alexander, quien se sentó en un sillón para ver el piso.
- Alex, esto te pertenece – le dijo entregándole su saxofón.
- Gracias. ¿a qué te referías con que Jennifer te ayudó?
- Ah, esta nota estaba dentro del tubo.
Alexandro leyó la nota y dedujo como había dado con Ericoka.
- Si yo te hubiera pedido ayuda – preguntó, dirigiéndose a Ericoka - ¿me hubieras ayudado?
- Por supuesto que no Lex. Aquí vine para vengarla, no para ayudarte, eso viene por añadidura. Te lo he dicho antes, si te vuelven a atrapar no cuentes conmigo. No soy una heroína.
El silencio empezó a apoderarse de la habitación, entonces Cheddy de nuevo rompió el hielo: “¿Quién es Croidon?” Los otros dos la miraron, se vieron a los ojos, y continuaron con lo que hacían. Ella fue la que respondió: le dijo que Croidon era un muchacho que creció siendo delincuente y empezó a cobrar fuerza al terminar su adolescencia, cobrando sobornos, secuestrando y con otro tipo de actividades ilegales. Pronto todo lo que se hacía en la ciudad debía que ser considerado por él, hasta en lo más mínimo. No tenía mal carácter, pero era bastante violento para cobrar. “Lex es la prueba” dijo señalándolo.
- Tuve que sacar un préstamo, y él era el único que no me pedía tantos requisitos, pero aseguro que no sabía que le estaba pidiendo dinero a la mafia.
- ¡Estamos en Taré, la ciudad de la mafia! ¿a quién creíste que le pedias dinero? ¿a la beneficencia?
Pronto se callaron nuevamente. Cheddy se cansó de la situación que la sofocaba y decidió salir de la habitación con el pretexto de ir a la droguería a comprar algo contra el dolor de cabeza. Afuera, nada parecía fuera de lo común. Después de todo, todos los pueblos eran parecidos, excepto por la forma del techo de la iglesia principal y eso le recordaba su querida Nubia.
Decidió entrar a la cafetería y llevarles algo de comida a sus compañeros.
- Por favor: tres tazas de café y tres panes de calabaza para llevar.
- Enseguida, siéntese y le entregaremos el pedido.
Ella siguió las instrucciones y se sentó. Sentía que alguien la observaba.
- ¿Cheddy? ¿Qué haces aquí? – le dijeron.
- ¡Detective Torres!
Cheddy está nerviosa, pero no lo demuestra para no estropear los planes de Ericoka. Ella le dice que viene sola, de paseo, sin nada especial.
- Señorita, su pedido – dice el mesero – son veinticinco lotos. Puede pagar en la salida.
- Si vienes sola, ¿Por qué pediste tres tazas? – preguntó el detective.
- Me gusta el café. ¿y qué hace un policía aquí?
- ¡Oh no! No debiste decir eso en voz alta.
De inmediato varios hombres empezaron a levantarse de sus mesas y a rodearlos. Ellos les dijeron que salieran, porque no les gustaba esa clase de personas en su pueblo. El detective pide que se calmen mientras se levanta suavemente. Los hombres también a ese paso alistan sus armas que cargan en la cintura. Cheddy lo nota y se esconde tras el detective. Pronto llegan Ericoka y Alexandro quienes bajaron al ver que no ella no regresaba y que llegaba mucha gente a la cafetería.
- ¿Eri? ¿estás con Cheddy? – preguntó sorprendido el detective.
- Ahora no es el momento, Adrián.
Ericoka tenía razón. Los hombres los rodearon, eran diez o doce. Quien parecía dirigirlos se acercó al detective. Él les dijo que no saldrían bien librados, a menos que les dieran a la chica para divertirse un rato. Cheddy estaba rodeada por el detective y sus dos compañeros y no sabía qué hacer. El detective les repitió que se calmaran y levantó un brazo, uno de ellos se asustó y sacó un arma, ejecutando una reacción en cadena en la que todos, excepto Cheddy, tenían un arma lista para disparar en la mano.
Uno de ellos advirtió que dos policías iban a entrar a la cafetería y todos con un gesto de ojos se pusieron de acuerdo. Apenas los divisaron, todos guardaron sus armas. Los policías entraron y sospecharon de la manera en que tenían rodeados a los cuatro. Uno de los policías se dirigió al líder.
- Sotelo, ¿Qué demonios está pasando aquí? - dijo el policia.
- Sargento Toribio, sargento Kelvin, un placer verlos en mi establecimiento.
- Hice una pregunta – enfatizó Toribio.
- Nada. Ya se iban. ¿no es así?
Ericoka asintió y abrió pasó entre los demás. Detrás de ella iban los otros tres y salieron del local. Un hombre le habló al oído al policía.
- Sargento Toribio – dijo él – no se apresure. Es muy humilde de su parte que permite que el homicida de aquel bar de blues y la famosa Espinosa pasen frente a usted. Ya será otro policía el que se haga famoso por su captura.
Los policías alistaron sus armas y salieron del local, seguidos por los mafiosos. Kelvin le gritó a Ericoka que se detuviera, pero empezaron a correr. Cheddy se quedó atrás aterrada después de oír los disparos al aire. Ella supuso que le habían disparado y cayó al suelo.
- Debo volver por ella – dijo Alexander.
- Lex, no lo hagas. Lo haré yo.
Ericoka regresa por Cheddy, pero un disparo si le pega en la pierna. Ella grita y Cheddy despierta de su shock. Alexander levanta a Ericoka y ella se apoya de Cheddy. Él las defiende mientras ellas llegan con el detective Torres a un escondite en un callejón. Pronto ven que han capturado a Alexander.
Adentro del hotel, Ericoka está en la cama, vendada y curada por el detective.
- Ustedes ya se conocen. Esto parece una mala versión de esa novela española… ¿Cómo se llamaba?... Casualidades.
- Era Coincidencias – dijo el detective - ¿Por qué estás ayudando a Dorte?
- No lo estoy ayudando.
- Detective, él no es el asesino del bar de blues. Es un hombre llamado Croidon. Es a él a quien debe capturar.
- Esta ya no es mi jurisdicción. No puedo hacer nada aquí. Solo si regresan a Nubia puedo ayudarlos.
- No me creas tonta, Adrián – dijo Ericoka – Yo sé que me pasará si regreso a esa ciudad.
Finalmente Ericoka llega a una conclusión. “Hoy rescato a Lex” Cheddy le recuerda que dijo varias veces que no lo haría, pero ella le dice que después de lo que hizo por ellas, debe cambiar de opinión. El detective cree que no va poder hacerlo en su condición. Ella por el contrario le pregunta el número de su teléfono móvil.
- Es la primera vez que veo una asesina profesional en cama – dice Cheddy.
- Jennifer me ayudó – dijo sin pensarlo, y al momento los otros dos se afligieron.
Después Alexander se acomodó viendo la panorámica sabana de la carretera y se durmió. Ericoka supuso que las autoridades debían estar buscándolos y decidió que debían tomar otro transporte. Adelantó un carro más viejo y lo obligó a detenerse. El anciano conductor se bajó de su vehículo y ella también hizo lo mismo. Con su uniforme de policía y su sonrisa matadora, no duró mucho para que el anciano le cambiara su viejo vehículo. Cheddy condujo el resto del camino y evitó todos los controles de la policía de carreteras con éxito. Antes del medio día estaban llegando a un hotel de Taré.
Allí dejaron descuidadamente el carro en la plaza para que lo robaran, mientras ellos ya estaban registrados con nombres falsos en el hotel. Mientras Ericoka vigilaba sentada en una mecedora en la ventana, Cheddy se acercó a Alexander, quien se sentó en un sillón para ver el piso.
- Alex, esto te pertenece – le dijo entregándole su saxofón.
- Gracias. ¿a qué te referías con que Jennifer te ayudó?
- Ah, esta nota estaba dentro del tubo.
Alexandro leyó la nota y dedujo como había dado con Ericoka.
- Si yo te hubiera pedido ayuda – preguntó, dirigiéndose a Ericoka - ¿me hubieras ayudado?
- Por supuesto que no Lex. Aquí vine para vengarla, no para ayudarte, eso viene por añadidura. Te lo he dicho antes, si te vuelven a atrapar no cuentes conmigo. No soy una heroína.
El silencio empezó a apoderarse de la habitación, entonces Cheddy de nuevo rompió el hielo: “¿Quién es Croidon?” Los otros dos la miraron, se vieron a los ojos, y continuaron con lo que hacían. Ella fue la que respondió: le dijo que Croidon era un muchacho que creció siendo delincuente y empezó a cobrar fuerza al terminar su adolescencia, cobrando sobornos, secuestrando y con otro tipo de actividades ilegales. Pronto todo lo que se hacía en la ciudad debía que ser considerado por él, hasta en lo más mínimo. No tenía mal carácter, pero era bastante violento para cobrar. “Lex es la prueba” dijo señalándolo.
- Tuve que sacar un préstamo, y él era el único que no me pedía tantos requisitos, pero aseguro que no sabía que le estaba pidiendo dinero a la mafia.
- ¡Estamos en Taré, la ciudad de la mafia! ¿a quién creíste que le pedias dinero? ¿a la beneficencia?
Pronto se callaron nuevamente. Cheddy se cansó de la situación que la sofocaba y decidió salir de la habitación con el pretexto de ir a la droguería a comprar algo contra el dolor de cabeza. Afuera, nada parecía fuera de lo común. Después de todo, todos los pueblos eran parecidos, excepto por la forma del techo de la iglesia principal y eso le recordaba su querida Nubia.
Decidió entrar a la cafetería y llevarles algo de comida a sus compañeros.
- Por favor: tres tazas de café y tres panes de calabaza para llevar.
- Enseguida, siéntese y le entregaremos el pedido.
Ella siguió las instrucciones y se sentó. Sentía que alguien la observaba.
- ¿Cheddy? ¿Qué haces aquí? – le dijeron.
- ¡Detective Torres!
Cheddy está nerviosa, pero no lo demuestra para no estropear los planes de Ericoka. Ella le dice que viene sola, de paseo, sin nada especial.
- Señorita, su pedido – dice el mesero – son veinticinco lotos. Puede pagar en la salida.
- Si vienes sola, ¿Por qué pediste tres tazas? – preguntó el detective.
- Me gusta el café. ¿y qué hace un policía aquí?
- ¡Oh no! No debiste decir eso en voz alta.
De inmediato varios hombres empezaron a levantarse de sus mesas y a rodearlos. Ellos les dijeron que salieran, porque no les gustaba esa clase de personas en su pueblo. El detective pide que se calmen mientras se levanta suavemente. Los hombres también a ese paso alistan sus armas que cargan en la cintura. Cheddy lo nota y se esconde tras el detective. Pronto llegan Ericoka y Alexandro quienes bajaron al ver que no ella no regresaba y que llegaba mucha gente a la cafetería.
- ¿Eri? ¿estás con Cheddy? – preguntó sorprendido el detective.
- Ahora no es el momento, Adrián.
Ericoka tenía razón. Los hombres los rodearon, eran diez o doce. Quien parecía dirigirlos se acercó al detective. Él les dijo que no saldrían bien librados, a menos que les dieran a la chica para divertirse un rato. Cheddy estaba rodeada por el detective y sus dos compañeros y no sabía qué hacer. El detective les repitió que se calmaran y levantó un brazo, uno de ellos se asustó y sacó un arma, ejecutando una reacción en cadena en la que todos, excepto Cheddy, tenían un arma lista para disparar en la mano.
Uno de ellos advirtió que dos policías iban a entrar a la cafetería y todos con un gesto de ojos se pusieron de acuerdo. Apenas los divisaron, todos guardaron sus armas. Los policías entraron y sospecharon de la manera en que tenían rodeados a los cuatro. Uno de los policías se dirigió al líder.
- Sotelo, ¿Qué demonios está pasando aquí? - dijo el policia.
- Sargento Toribio, sargento Kelvin, un placer verlos en mi establecimiento.
- Hice una pregunta – enfatizó Toribio.
- Nada. Ya se iban. ¿no es así?
Ericoka asintió y abrió pasó entre los demás. Detrás de ella iban los otros tres y salieron del local. Un hombre le habló al oído al policía.
- Sargento Toribio – dijo él – no se apresure. Es muy humilde de su parte que permite que el homicida de aquel bar de blues y la famosa Espinosa pasen frente a usted. Ya será otro policía el que se haga famoso por su captura.
Los policías alistaron sus armas y salieron del local, seguidos por los mafiosos. Kelvin le gritó a Ericoka que se detuviera, pero empezaron a correr. Cheddy se quedó atrás aterrada después de oír los disparos al aire. Ella supuso que le habían disparado y cayó al suelo.
- Debo volver por ella – dijo Alexander.
- Lex, no lo hagas. Lo haré yo.
Ericoka regresa por Cheddy, pero un disparo si le pega en la pierna. Ella grita y Cheddy despierta de su shock. Alexander levanta a Ericoka y ella se apoya de Cheddy. Él las defiende mientras ellas llegan con el detective Torres a un escondite en un callejón. Pronto ven que han capturado a Alexander.
Adentro del hotel, Ericoka está en la cama, vendada y curada por el detective.
- Ustedes ya se conocen. Esto parece una mala versión de esa novela española… ¿Cómo se llamaba?... Casualidades.
- Era Coincidencias – dijo el detective - ¿Por qué estás ayudando a Dorte?
- No lo estoy ayudando.
- Detective, él no es el asesino del bar de blues. Es un hombre llamado Croidon. Es a él a quien debe capturar.
- Esta ya no es mi jurisdicción. No puedo hacer nada aquí. Solo si regresan a Nubia puedo ayudarlos.
- No me creas tonta, Adrián – dijo Ericoka – Yo sé que me pasará si regreso a esa ciudad.
Finalmente Ericoka llega a una conclusión. “Hoy rescato a Lex” Cheddy le recuerda que dijo varias veces que no lo haría, pero ella le dice que después de lo que hizo por ellas, debe cambiar de opinión. El detective cree que no va poder hacerlo en su condición. Ella por el contrario le pregunta el número de su teléfono móvil.
- Es la primera vez que veo una asesina profesional en cama – dice Cheddy.
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