La nota del saxofón, parte 6

El detective Torres se levantó de su cama a las 4 y 30 de la mañana. Vivía solo desde hace un par de años. Ya se había acostumbrado a todo. Vertió una taza de leche en una olla pequeña y le echó una pastilla de chocolate endulzado con vainilla sin realmente saber lo que hacía, parecía una maquina.

Cuando desayunaba, sólo una cosa lo sacó de su rutina: recordó que una mujer llamó reportando a su hija como desaparecida, cuyo nombre pertenecía a un rostro que no se podía sacar de la cabeza: Cheddy. Desde entonces empezó a hacer todo mal. No sabía cuál era el siguiente movimiento que tenía que realizar. El perfecto equilibrio al que estaba habituado se convirtió de pronto en un tremendo desorden, del cual se dio cuenta cuando vio su reloj y notó que hace dos minutos debía haber salido de su apartamento.

- Nada puede ser peor – se dijo a sí mismo, sin saber que esas palabras fueron el detonante para empezar una serie de eventos catastróficos que terminarían a las siete y dieciocho de la noche. Su teléfono móvil sonó con la melodía de la serie de moda y el detective contestó:
- ¿Qué sucede?
- Señor, uno de los prisioneros escapó.
- ¿y por qué demonios me llama?
- Es que, quien lo liberó, dejó una rosa negra y usted me pidió que…

El detective no escuchó de terminar la frase y colgó el teléfono, aceleró el paso y se dirigió a la estación. Al preguntar quien se había fugado, uno de los policías le informó que fue Alexandro y huyó con dos mujeres en un jeep negro hacia Taré. La policía de su jurisdicción ya había sido avisada. El detective entonces empezó a planear su viaje a aquel pueblo lleno de mafiosos.

Un día antes, a esa hora más o menos, Cheddy llegó frente al local de comidas rápidas y esperó hasta que llegaran a abrirlo. Una mujer de buena figura, con algunos paquetes en las manos, la vio de manera indiferente y abrió la puerta.

- Es muy temprano para una hamburguesa con queso, ¿no crees?
- Yo… lo siento, estoy esperando a una mujer llamada Astrid.
- Soy yo. ¿en qué puedo ayudarte?

Cheddy sonrió y le explicó la situación de la siguiente manera: un hombre llamado Alexandro le salvó la vida, y ahora su vida corre peligro a causa de un hombre llamado Croidon, y su novia Jennifer ha escrito en un papel que solo Astrid puede ayudarlo. Astrid se puso seria y le pidió el papel, el cual ella le entregó.
- Así que Lex está en problemas. ¿de dónde conoces a Jennifer? ¿está bien?
- No, ella… pues murió. Y Alex está preso por eso.

Astrid se puso bastante seria y empezó a enojarse. Por un rato estuvo callada, hasta que Cheddy comprendió que había dicho algo malo. Trató de decir algo, pero ella inmediatamente la interrumpió diciéndole que no podía hacer nada y que debía marcharse. Cheddy se siente frustrada y también se enoja, por lo que se niega a irse.

- ¿Sabes quién soy? – dijo Astrid - ¿sabes que puedo matarte aquí y ahora y que nadie te encontraría jamás?
- Mi vida está empeñada, así que no seré yo quien la pierda.
Astrid se asombró, pues nadie le había hablado así en mucho tiempo.
- De verdad quieres salvarlo.
- Si usted conoce la manera, por favor, ayúdeme.

La cocinera se apoya en el mesón y la mira directamente a los ojos. Cheddy se asusta y finge no demostrar miedo. La mujer se levanta y pasa al lado de ella mientras muy bajito y de manera seria le dice: “Sígueme”. Cheddy hace caso y después de pasar la cocina y una puerta trasera, salen a un pequeño jardín lleno de rosas de todos los colores. Sin embargo, Astrid pasa entre todas ellas y levanta una pequeña puerta trampa por donde entra, Cheddy hace lo mismo.

Adentro, una ventana en la parte superior da luz sobre un pequeño sembradío de rosas negras. Ella las ve maravillada y escucha el sonido de carga de un arma: Astrid está frente a un armario lleno de toda clase de ellas.

- ¿Alguna vez escuchaste de Ericoka? – preguntó, mientras ajustaba una pequeña pistola.
- Si… - balbuceó asustada – Le decían Espinosa…
- Ja, “le decían”

Comentarios