La nota del saxofón, parte 4

Es de noche y Alexander está frente al mejor bar de blues de Taré. Le da la vuelta al edificio para entrar por la puerta de atrás, pero un hombre gordo lo detiene. Es el guardia y no quiere dejarlo entrar, a pesar de que le prueba que es uno de los que va a tocar.

- ¡Oye, tío! - dijo otro hombre de acento español, que salía del edificio - deja en paz al pobre hombre, que tiene que descansar.
- ¿Quién es usted de él, señor? - dijo el hombre gordo.
- Soy el manager.

Alexander sonrió cuando el gordo le dio la mano a Martín, su manager. Al parecer eran conocidos. Arriba del pequeño bar de blues había unas pequeñas habitaciones baratas. Martin le dijo cual era su habitación y él entró. Adentro, colocó el maletín con el saxofón encima de la cama. El desorden era evidente y lo adivinó: su novia estaba en la misma habitación. Ella estaba drogándose en el baño como siempre lo hacía antes de tocar, pues le quitaba los nervios.

- Deberías dejar ese mal hábito, Jennifer.
- Lex, ¿dónde estabas? Quería practicar un poco. He recibido una carta…
- ¿De dónde? ¿De la escuela? - preguntó de forma ansiosa.

Ella sonrió mientras trataba de lavarse la cara. Rápidamente Lex la buscó y la encontró todavía cerrada. Estaba dirigida a Jennifer Garín con una letra precisa. Él le preguntó si no la quería leer.

- Después del toque. No quiero ponerme más nerviosa de lo que estoy. Sea cual sea el resultado, puede que me afecte. Léela si quieres, pero no me digas nada, no la quiero embarrar frente a Croidon.

Alexandro abrió el sobre y leyó la carta. Su rostro no expresaba nada. Jennifer sonrió nuevamente mientras armaba el clarinete.

- Me encanta. No puedo saber si estás feliz o estás triste con la noticia y eso… me encanta.

Alexandro rió también. Guardó la carta en su chaqueta y sacó el saxofón. Empezaron una especie de calentamiento. A pesar del estado de Jennifer, tenia tal don con el instrumento que sonaba increíblemente. Cada vez se acercaban más, hasta que se separaron de sus instrumentos y se besaron apasionadamente. Sin embargo, Alexandro dejó caer el saxofón y ella se separó de él inmediatamente. Se agachó, recogió el instrumento y se lo entregó.

- Nunca lo vuelvas a tratar así. No sabes cuándo pueda salvarte la vida. Pase lo que pase, nunca lo abandones.

Alexandro le siguió la corriente, suponiendo que lo que decía era por el efecto de los narcóticos. Treinta y cinco minutos después Martín anunció su presentación. Alexander entró detrás de su novia y divisó al fondo, en el público, a la conocida y peligrosa personalidad llamada Croidon Mazi. Estaba sentado en la misma mesa con una bella mujer que fumaba cigarrillos largos y que tenía puesto un sombrero con plumas rojas. También le acompañaba otra mujer, la cual se mantenía seria, y casi expresaba furia. Ella era su escolta favorita.

La pequeña orquesta conformada por Jennifer y Alexander, junto con un pianista que también tocaba la batería, empezó a tocar “El vuelo del moscardón” comenzando como la clásica sinfonía, la cual unos minutos después se transformó en una pegajosa canción tipo pop, o tipo rock suave. El tema le gustó a todo el público. Croidon no expresaba ninguna emoción, mientras la mujer que lo acompañaba bailaba sentada moviendo los brazos.

- ¡Que sinfonía tan neomilénica! - decía.

Al terminar, Martín le dijo a Jennifer que lo siguiera y le dijo a Alexander que Croidon quería verlo en su mesa. Él le entregó el saxofón a su novia. Ella le dijo que tuviera cuidado. Alexander se sentó en la mesa de Croidon. Estaba rodeado de varios hombres, pero no estaba la mujer que lo acompañaba ni su escolta favorita.

- Tocaron muy bien - dijo él, y se quedó callado, como esperando que Alexandro dijera algo.
- Señor, el dinero no está completo todavía. Deme tres horas más. Con lo que ganamos hoy alcanzará para pagar casi todo y solo faltarían dieciocho mil lotos. Planeaba salir a cobrar unas deudas que me tienen y le completaría su pago, señor.
Croidon hizo mala cara.
- Es irritante cuando no le pagan a uno. Estoy decepcionado - Croidon se levantó y le hizo señas a la mujer del sombrero de plumas, quien estaba en la barra de licores - Tiene futuro como solista.

El mafioso se fue y Alexandro se quedó pensando en lo que dijo, pero más en lo que no le dijo ni en lo que no le hizo. Pronto cayó en cuenta que la escolta favorita no estaba e inmediatamente relacionó lo que él le dijo con su novia, y salió corriendo tras ella. Al llegar al piso superior encontró un espectáculo macabro: la puerta de la habitación abierta, su manager muerto tratando de defender a Jennifer, cuyo cuerpo yacía sobre el suelo, un poco cerca del otro, y el clarinete hecho pedazos a su alrededor. Él se agachó sobre ella y le besó la frente, llorando y pidiendo perdón.

Sintió a alguien detrás de él y tomó un pedazo del clarinete con bordes afilados. La asesina venia tras de él también. Ella sonrió y él se enojó, la empujó y la golpeó, pero ella no se defendía, en cambió gritaba como la más débil de las mujeres. Unos hombres subieron e interpretaron la situación como la más lógica, así que fueron tras Alexandro. Él no tuvo más opción que regresar a la habitación y tomó su saxofón, recordando con nostalgia las palabras de su novia. Abrió la ventana para escapar y se lanzó del segundo piso, aterrizando a salvo, pero varias personas ya venían tras él. El hombre gordo le disparó, pero Alexandro se salvo porque la bala se incrustó en el saxofón. Así Alexandro dio comienzo a su huida.

Comentarios