Valeria y el Cazador, parte 9

Caracas, Venezuela

“Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la tierra de Mordor donde se extienden las sombras” decía una promo en un almacén de televisores.

- ¡Bah! Esa película la vi hace como mil años. – dijo un cliente – Es increíble que estén haciendo tantos remakes de películas en estos días.
- Es triste. Ahora, ¿me dará la identificación o no? – dijo Martín, entregándole un maletín – realmente, tengo prisa.

Martín llega a un edificio, donde la seguridad es impresionante. Gracias a la identificación pasa por todos los círculos de seguridad. En la recepción, ve a varias partes. Hay muchas personalidades, escoltas y periodistas. Él se dirige hacia una mujer, quien está de espaldas.

- Hola Vanesa.
- Martín, ¿qué carajo hacés acá?
- ¿Te dice algo el 23-09?
- ¡Me estás jodiendo! Vení ya para la oficina, si te ven en la recepción estos periodistas empezarán a hacerte preguntas.
- Diré que no tengo tiempo para eso.
- Los representantes de la ONU siempre tienen tiempo para los periodistas.

Ellos entraron a la oficina y Vanesa se percató que estuviera bien cerrada. Martín se sentó serenamente, pero ella sólo daba vueltas en la oficina.
- Si lo que decís es cierto, lo del 23-09… ya deben andar atrás tuyo.
- Lo están. El DAS de Colombia, la SIDE argentina, la DISIP de aquí de Venezuela. Ah, la ANI fue a mi casa de Canarias.
- ¿Qué pasó con los mexicanos? Ellos también se metieron.
- Fue mi primera parada. No pude hablar con él. Tuve que irme antes de que el CISEN fuera al hotel. Luego fui con los colombianos. Muy amables, pero nada colaboradores. Tengo tres agencias más que visitar antes de regresar.
- ¿Cómo se dieron cuenta? Esa porquería de anillo ha estado escondida desde hace mucho.
- Fuiste descuidada. Entrégamelo ahora. Yo cuidaré de ese anillo hasta que el jefe regrese. Mira el lado bueno, podrás regresar a tu querida Buenos Aires.

Vanesa lo miro a los ojos por un rato, pero luego quitó un cuadro y abrió una caja fuerte. Martín sacó una tarjeta de su billetera y se la entregó. Ella también saco una tarjeta parecida y las pasó por una línea en el fondo de la caja. Se abrió una pequeña abertura que no se veía a simple vista. De allí sacó una cajita. Adentro estaba el anillo antiguo.

Cerca de la medianoche, Martín despertó a Karlos y le dijo que viniera con él. Se subieron al bote y empezaron a remar. Karlos no sabía que iba a pasar, pero de pronto recordó lo que vio la noche del accidente. Suponiendo lo misterioso que le parecía Martín, pensó que lo más posible era que lo iba a echar al agua para que aquel monstruo que a sí mismo negaba haber visto se lo comiera.

- Este será un buen sitio. – dijo Martín, y guardo su remo.
- ¿para qué?

Martín sacó el anillo y le dijo que lo había pensado por largo rato: no se lo quedaría, pero tampoco se lo daría a él. De repente el agua empezó a inquietarse. Unas crestas empezaron a rodear el bote.

- ¿Qué demonios es eso? – dijo Karlos.
- Evidentemente una serpiente de mar… pero es enorme, ¡pensé que estaban extintas! No hay porque alarmarse, se sabe que estas serpientes consumen en su mayoría oxido de hierro, por eso únicamente deberían estar en el fondo del océano, carcomiendo barcos hundidos.
- Un momento, ¿de qué está hecho ese anillo?
- No lo sé.
- Ana me dijo que eso tenía propiedades químicas únicas, déjamelo ver…
Martín le iba a pasar el anillo, pero una vez más el bote se movió fuertemente. El anillo cayó sobre la pistola de bengala, la cual era de hierro. Ésta empezó a derretirse justo donde cayó el anillo, volviéndola oxido de hierro. Karlos rápidamente tomó la pistola y disparó, luego se desintegró en sus manos y la serpiente venia cada vez más hacia ellos. Martín tomó los hierros oxidados y se preparaba para tirarlos al mar.
- ¡Espera!
Martín se detuvo. “lánzalos con esto” dijo Karlos, poniendo el anillo con lo demás. Martín lanzó todo y sintieron un remolino, pero después todo empezó a calmarse.
- Bueno, creo que al fin salimos de eso. El mundo ya no está en problemas por un… anillo.

Cuando regresaron a la playa la fogata estaba encendida, pero no había nadie.

Comentarios