Valeria y el Cazador, parte 8
Reforma, Ciudad de México
Un hombre entra a un lujoso edificio y se dirige a una oficina. La secretaria está afuera y le dice que el señor se ha marchado por un par de minutos, pero está su esposa. Él dice que no tendrá ningún problema y entra a la oficina.
- Valeria, ¿Dónde está tu marido? – dice él.
- ¿Dónde crees, Fabián? Está en la oficina del CISEN. De un momento a otro se ha descontrolado. ¿acaso sabes algo?
- No, no mucho. Solo sé que tenemos que poseer un objeto muy valioso para el gobierno, para cualquiera. Y pueden pagar bastante dinero.
- ¿Quién lo tiene?
- Nadie lo sabe. Todas las organizaciones de seguridad de todos los países están alerta. Están buscándolo. Estamos al borde de la guerra. Quien lo posea… no quiero ni pensarlo. ¿desde qué momento se fue tu marido al CISEN?
- Esta mañana vino un hombre. Yo estaba aquí con mi esposo. La secretaria lo anunció, pero él no lo quiso recibir… de echo llamó a seguridad.
- Hablaré con ella. Tal vez pueda contactar con ese hombre que dices. Debe tener información.
- ¿Por qué? ¿Quién es él?
- No lo sé. Pero para asustar así a tu marido debe ser muy importante en este caso. Ahora me voy. Bésame.
- Fabián, creo que no es el mejor momento.
- ¿Cuándo será el momento? Me dijiste que querías divorciarte hace rato.
- Él… me invitó a Buenos Aires. Aclararé las cosas. Te lo prometo.
Valeria se burla de Ana cuando ella le cuenta que un monstruo golpeó el crucero y lo hundió. Ana le responde que solo cree haberlo visto, pues estaba muy cansada, pero aun así no se atreve a aventurarse en el mar. Además le dice que después de lo que han vivido no debería burlarse.
- ¿Por qué no quieres subirte al bote? – pregunta Ana.
- La verdad no me quiero ir de aquí.
- Es una isla desierta. Morirás en poco de menos.
- ¿Por qué quieres irte?
- Que preguntas…
- Dime.
- El hombre que amo me está esperando.
Valeria sonrió y dijo “Por eso quiero quedarme”. Ana quedó un poco confundida, pero ya no le importaba.
Karlos se acerca y le pregunta lo mismo a Martín, que por qué no quiso subirse.
- Yo sé porque no quería subirme ¿y tú?
- Martín, ambos lo sabemos. Sabes que tengo que apoderarme de ese anillo.
- ¿sabes que solo te va a traer problemas, no? Sólo Dios sabe por todo lo que he pasado con este anillo. Si me deshago de él será lo mejor para mí. ¿estás dispuesto a hacerlo?
Karlos quedó pensativo.
Sergio observa a Ana. Leonardo le pregunta si desea subirse al bote. Él le responde que no.
- ¿Es por ella? – preguntó Leonardo
- No. Pronto oscurecerá y no es bueno estar en medio del mar a oscuras. Después de todo, estamos en medio del Atlántico. Mañana, en cuanto amanezca, zarparemos ambos, y lanzaremos la bengala.
La tensión continúo por el resto de la noche. Cenaron lo que quedaba de la enorme serpiente y algo de pescado. Todos se acostaron a dormir. La noche estaba estrellada y la luna llena continuaba en el cielo, iluminando todo. Valeria se levantó y vio a Martín y a Karlos en el bote, alejándose. Ella se levantó y escuchando a su marido que la llamaba lo siguió al interior del bosque.
Valeria está marcando su equipaje cuando un hombre le toca su hombro. Ella voltea y ve a Fabián. Ella tiene un par de gafas que cuando se las quita se nota que ha llorado.
- ¿Qué haces aquí? – dijo Valeria - Ya te dije lo necesario por teléfono.
- Me has dicho que lo dejarás en cuanto el crucero termine, pero estoy harto de esperar. Te seguí hasta Buenos Aires. Dime si vas a seguir con ese hombre o te quedarás conmigo.
- Dame la última oportunidad.
- No quiero más oportunidades. Te quiero a ti. Déjalo. ¿recuerdas lo que hicimos ese día? me seguiste a ese lujoso hotel, porque no querías quedarte sola en la oficina. Querías conocer a ese hombre que no quiso recibir tu esposo. Pero ya se había ido, sin embargo quedamos solos en la habitación y…
- No quiero seguir escuchando – dijo Valeria casi llorando – Ese hombre está aquí en el barco. Mi esposo lo está siguiendo.
- No sé por qué insisto. Tú también seguirás a tu esposo, donde sea que esté. ¡Qué tonto soy! Quiero seguir insistiendo. Te estaré llamando. Llegaré primero a Canarias y me estableceré en el hotel de siempre. Te estaré esperando, y si no vas a mi encuentro allí, te juro, que no insistiré más.
Valeria se quitó las lágrimas de los ojos, se puso sus enormes gafas negras y le tocó la barbilla a Fabián. Fue un adiós sin mencionar palabras.
Ana se despertó y alcanzó a ver a Valeria internarse al bosque. No vio ni a Martín ni a Karlos. Despertó a Sergio y le pidió que la acompañara. Cuando Leonardo despertó no vio a nadie, sólo vio las huellas en la arena que llevaban al bosque. Asustado se internó también.
Un hombre entra a un lujoso edificio y se dirige a una oficina. La secretaria está afuera y le dice que el señor se ha marchado por un par de minutos, pero está su esposa. Él dice que no tendrá ningún problema y entra a la oficina.
- Valeria, ¿Dónde está tu marido? – dice él.
- ¿Dónde crees, Fabián? Está en la oficina del CISEN. De un momento a otro se ha descontrolado. ¿acaso sabes algo?
- No, no mucho. Solo sé que tenemos que poseer un objeto muy valioso para el gobierno, para cualquiera. Y pueden pagar bastante dinero.
- ¿Quién lo tiene?
- Nadie lo sabe. Todas las organizaciones de seguridad de todos los países están alerta. Están buscándolo. Estamos al borde de la guerra. Quien lo posea… no quiero ni pensarlo. ¿desde qué momento se fue tu marido al CISEN?
- Esta mañana vino un hombre. Yo estaba aquí con mi esposo. La secretaria lo anunció, pero él no lo quiso recibir… de echo llamó a seguridad.
- Hablaré con ella. Tal vez pueda contactar con ese hombre que dices. Debe tener información.
- ¿Por qué? ¿Quién es él?
- No lo sé. Pero para asustar así a tu marido debe ser muy importante en este caso. Ahora me voy. Bésame.
- Fabián, creo que no es el mejor momento.
- ¿Cuándo será el momento? Me dijiste que querías divorciarte hace rato.
- Él… me invitó a Buenos Aires. Aclararé las cosas. Te lo prometo.
Valeria se burla de Ana cuando ella le cuenta que un monstruo golpeó el crucero y lo hundió. Ana le responde que solo cree haberlo visto, pues estaba muy cansada, pero aun así no se atreve a aventurarse en el mar. Además le dice que después de lo que han vivido no debería burlarse.
- ¿Por qué no quieres subirte al bote? – pregunta Ana.
- La verdad no me quiero ir de aquí.
- Es una isla desierta. Morirás en poco de menos.
- ¿Por qué quieres irte?
- Que preguntas…
- Dime.
- El hombre que amo me está esperando.
Valeria sonrió y dijo “Por eso quiero quedarme”. Ana quedó un poco confundida, pero ya no le importaba.
Karlos se acerca y le pregunta lo mismo a Martín, que por qué no quiso subirse.
- Yo sé porque no quería subirme ¿y tú?
- Martín, ambos lo sabemos. Sabes que tengo que apoderarme de ese anillo.
- ¿sabes que solo te va a traer problemas, no? Sólo Dios sabe por todo lo que he pasado con este anillo. Si me deshago de él será lo mejor para mí. ¿estás dispuesto a hacerlo?
Karlos quedó pensativo.
Sergio observa a Ana. Leonardo le pregunta si desea subirse al bote. Él le responde que no.
- ¿Es por ella? – preguntó Leonardo
- No. Pronto oscurecerá y no es bueno estar en medio del mar a oscuras. Después de todo, estamos en medio del Atlántico. Mañana, en cuanto amanezca, zarparemos ambos, y lanzaremos la bengala.
La tensión continúo por el resto de la noche. Cenaron lo que quedaba de la enorme serpiente y algo de pescado. Todos se acostaron a dormir. La noche estaba estrellada y la luna llena continuaba en el cielo, iluminando todo. Valeria se levantó y vio a Martín y a Karlos en el bote, alejándose. Ella se levantó y escuchando a su marido que la llamaba lo siguió al interior del bosque.
Valeria está marcando su equipaje cuando un hombre le toca su hombro. Ella voltea y ve a Fabián. Ella tiene un par de gafas que cuando se las quita se nota que ha llorado.
- ¿Qué haces aquí? – dijo Valeria - Ya te dije lo necesario por teléfono.
- Me has dicho que lo dejarás en cuanto el crucero termine, pero estoy harto de esperar. Te seguí hasta Buenos Aires. Dime si vas a seguir con ese hombre o te quedarás conmigo.
- Dame la última oportunidad.
- No quiero más oportunidades. Te quiero a ti. Déjalo. ¿recuerdas lo que hicimos ese día? me seguiste a ese lujoso hotel, porque no querías quedarte sola en la oficina. Querías conocer a ese hombre que no quiso recibir tu esposo. Pero ya se había ido, sin embargo quedamos solos en la habitación y…
- No quiero seguir escuchando – dijo Valeria casi llorando – Ese hombre está aquí en el barco. Mi esposo lo está siguiendo.
- No sé por qué insisto. Tú también seguirás a tu esposo, donde sea que esté. ¡Qué tonto soy! Quiero seguir insistiendo. Te estaré llamando. Llegaré primero a Canarias y me estableceré en el hotel de siempre. Te estaré esperando, y si no vas a mi encuentro allí, te juro, que no insistiré más.
Valeria se quitó las lágrimas de los ojos, se puso sus enormes gafas negras y le tocó la barbilla a Fabián. Fue un adiós sin mencionar palabras.
Ana se despertó y alcanzó a ver a Valeria internarse al bosque. No vio ni a Martín ni a Karlos. Despertó a Sergio y le pidió que la acompañara. Cuando Leonardo despertó no vio a nadie, sólo vio las huellas en la arena que llevaban al bosque. Asustado se internó también.
Comentarios
Publicar un comentario