Valeria y el Cazador, parte 6

Nevado del Huila, Colombia

Leonardo está escalando el nevado con todo su equipo. No se ve nada alrededor, todo está envuelto por una niebla blanca. De repente se tropieza y cae, pero el equipo lo deja suspendido en el aire. Trata de levantarse pero el esfuerzo hace que la soga se rompa. Él sabe que es la primera vez que le pasa, y empieza a sudar. Una mano se le aproxima y sin vacilar la toma para salvarse. Leonardo recobra fuerzas y se levanta de nuevo, así puede llegar a la cima donde el resto del equipo estaba esperándolo.

- Gracias, Rolo – dice Leonardo al joven que le dio la mano.
- De nada, profe – dice el Rolo – no siempre voy a estar presente para salvarlo – bromea, pero Leonardo se pone serio.
- Fernando, es mejor que no le diga a nadie. Esto nunca sucedió.

Sergio le pregunta a Leonardo qué fue lo que encontró y Leonardo le pasa una pistola de bengala.

- ¿Por qué no la sacaron antes?
- Yo estaba presente cuando sacaron las cosas del bote, y esto no estaba.
- ¿apareció de la nada?
- Estaba en las cosas de Karlos. Pudo haberla tomado.
- ¿Por qué haría eso él?

Leonardo y Sergio decidieron guardar la pistola y usarla en el mejor momento. Pero empezaron a desconfiar de Karlos. Cerca del mediodía regresaron los cuatro que se fueron. Traían las botellas llenas de agua. Sergio les dijo que había pescado para todos, pero el ambiente empezaba a ponerse tenso. Ana desconfiaba de Martín, Sergio y Leonardo de Karlos y Karlos de Martín. Valeria estaba en silencio, como los demás.
Ana vio el anillo de Martín y se extrañó. “Ese anillo se me hace conocido” mencionó.

- Es de mi graduación – respondió Martín. Karlos y Leonardo levantaron la mirada.
- Pensé que estabas casado – dijo Karlos.
- Solo bromeaba – dijo Martín – encontré este anillo y me gustó. No vi mayor problema. Toma Karlos. Tú sabes de anillos. Quédate con él.

De un raponazo, Leonardo evitó que él lo cogiera.

- Él no lo debe tener. No es una buena persona.
- ¿de qué hablas? – dijo Ana – Karlos nos ha ayudado, al contrario de Martín, quien nos ha mentido.

Una pelea empezó en la que los únicos que permanecían callados eran Martín y Valeria. Ana impidió que él se acercara a Valeria y se fueron para un lado junto a Karlos. Sergio, Leonardo y Martín quedaron en el otro. Leonardo le devolvió el anillo a Martín.

- No puedo confiar en él –dijo Leonardo.

Leonardo puso a los estudiantes de la brigada de primeros auxilios y rescate a un simulacro de desastre donde pocos sobresalían. Sin previo aviso, se sintió un temblor y una avalancha los cubrió. Ahora el simulacro era real. Leonardo logró sacar a seis de los diez. Otros tres salieron por su propia cuenta.

- ¿Quién falta?
- Parece que Fernando, profesor.

Leonardo usó su experiencia en rescates y rápidamente encontró a Fernando bajo la nieve. Apenas consiente, se dirigió con su grupo hasta el punto de seguridad y esperaron a que llegara el jeep que los llevaría al campamento. Cuando el transporte venia, Fernando despertó y sus compañeros le explicaron la situación. Él se alarmó y Leonardo se acercó.

- Debe tener más cuidado. No siempre voy a estar para cuidarlo. Creo que estamos a paces.
- No, profesor. Recuerde que jamás le he salvado la vida.

Leonardo no pudo evitar sentir algo de culpabilidad mientras subían a Fernando a la camilla y al jeep. Otro de sus estudiantes le paso la mochila de Fernando, que la había encontrado cerca.

- Yo se la entregaré – dijo Leonardo.

Más adelante, por casualidad, descubrió que dentro de la maleta tenía un paquete de cinco petardos de pirotecnia, y faltaba uno.

- ¿Por qué tienes esa actitud tan severa, Leonardo? – preguntó Martín.
- Una vez aprendí, que no se puede confiar totalmente en las personas.

Unos días después de la expedición, Leonardo recibió un sobre. Adentro había una carta donde una mujer le daba las gracias por salvarle la vida a su querido hijo y de regalo le enviaba anexo un boleto para el crucero.

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