Valeria y el Cazador, parte 5

Santa Cruz de Tenerife, Canarias

Cristian camina hacia un edificio y antes de golpear la puerta, una chica la abre.
- ¡increíble! ¿sabían que venía? – dijo él.
- ¿disculpe?
- Lo siento, pensé que era la oficina del vidente…
- Detective, ahora es detective. ¿tiene cita con él? Debe esperar. Ha salido.
- Bueno, con tal que no pase de hoy. Mañana me regreso a Chile.
- Serán dos horas nada más. Si desea puede esperar aquí o darse una vueltecita.
- ¿Es usted su esposa?
- Ni de locura. Soy Patricia, asistente.

Sergio ha pescado tres peces. Leonardo le pregunta si puede enseñarle a hacerlo y él le dice que sí, que traiga la otra caña que está junto al bote. Leonardo va por esa y no ve a Karlos, pero no se preocupa, pues piensa que ha ido con los demás al bosque. Toma la caña de pescar pero nota algo raro en el bote.

- Increíble – dice él – estamos salvados.

Más adentro en el bosque, Ana está diciendo lo mismo que Leonardo. Lo que están viendo es una enorme casa en ruinas.

- Como lo suponía, es una isla privada – dice Martín.

Los tres se acercaron y Valeria entró primero. Ana le exigió una explicación a Martín, sobre el esposo de Valeria.

- Tampoco me terminaste de decir a que te dedicabas antes.

Patricia abre la puerta del edificio. Adentro ya está su jefe sentado. Ella le dice que ha venido un chileno y que tiene cita con él.

- Oh es cierto – dice Martín – te apuesto a que debe estar por llegar.
- Hace una hora le dije que viniera en dos…
El timbre de la puerta la interrumpió.
- Jefe, usted siempre me hace trampa.

Martín sonrió porque efectivamente quien timbraba era Cristian. Él pidió perdón por venir antes, pero habían adelantado su viaje y quería saber si podía aplazar su cita.

- No se preocupe, él ya está aquí y esta esperándolo.

Cristian se sentó frente a Martín después de saludarlo, y Patricia cerró la puerta tras ellos.

- Debo suponer que ya sabe porque estoy aquí.
- ¿debería? Cristian Tolemé. Teniente de navío en la Marina de Chile y agente de investigaciones internacionales de la ANI. Y supongo que serás tú quien me diga porqué estás aquí.
- Iré al grano. He estado investigando también, debía saber que me decían la verdad sobre usted.
- ¿y han dicho la verdad?
- Relativamente. Unos me han dicho que tiene poderes psíquicos, que puede comunicarse con los muertos, que es adivino. Los demás me han dicho que tiene una impresionante capacidad de observación, retentiva e instintos detectivescos que lo llevan a convencer a la gente de que tiene poderes paranormales.
- ¿y qué crees?
- No tiene importancia lo que yo crea, ¿o sí? Estoy aquí por una razón. Mi jefe me ha enviado en busca de una joya muy importante. Sé que solo usted hablando con los muertos o engañando a la gente podrá encontrarla. ¿cuento con ello?
- Si me hubieras preguntado, te hubiera respondido. En cuanto al trabajo lo acepto. ¿Qué clase de joya es? ¿Dónde se vio por última vez?
- Un anillo, en Caracas, Venezuela – le dijo mientras le pasaba una carpeta.
- Venga a verme en unos días, mi asistente le entregará el recibo de cobro.
- ¿seguro que lo encontraré aquí mismo?
- ¿Por qué no?
- La investigación demostró que usted es uno de los mejores ladrones de joyas en cuatro continentes.
- Si así fuera, no me pagaría.

Martín le dice a Ana que gracias a su inteligencia y a las maldadosas ideas de su asistente podía ser tanto psíquico como detective y resolver los casos más extraños. Ella le preguntó si realmente veía gente muerta y él le dijo que cuando le convenía. Ana se asustó y entró a la casa a buscar a Valeria. Luego Martín sintió unos sonidos y se dio media vuelta, justo para ver a Karlos. Él vio primero a Martín y luego vio la casa en ruinas.

- Lo mejor será entrar – dijo Martín.

Adentro, la casa estaba vacía, los baños rotos y los grifos descompuestos. Los cables eléctricos habían desaparecido y la maleza había invadido todo. Valeria estaba en lo que parecía ser la cocina. Casi no tenia forma y una de las paredes se había venido abajo. Un hombre se le apareció detrás de ella.

- Valeria, estas aquí. He estado esperándote.
- Amor mío. Tengo tanto que hablar contigo. Estoy arrepentida, yo…
- Lo sé todo. No te preocupes. Te perdono. He encontrado el paraíso aquí y quiero quedarme. La pregunta es si tú quieres quedarte también.
- Por supuesto – ella trató de acercarse, pero su esposo retrocedió.
- Ellos no deben estar aquí. Cuando ellos terminen lo que tengan que hacer estaremos juntos nuevamente.

Después retrocedió y Valeria quedó recostada en la pared. Ana entró, la vio, le dijo que tuviera cuidado y le dio la mano. Luego le susurró que estaba sospechando de Martín. “él también es buena persona” dijo Valeria. Martín estaba observándolas, sin que se dieran cuenta, mientras se sobaba su anillo.

- ¿eres casado? – pregunto Karlos, quien lo estaba siguiendo.
- Dos años.
- Es un anillo muy raro para ser de matrimonio.
- Parece que sabes de anillos.
- Trabajé en una joyería.

Martín vio a Karlos y le dijo que debían regresar a la playa.

Cuando Cristian salió, Martín se apresuró a decirle a Patricia que le alistara sus pasaportes. Ella le preguntó a donde viajaría.
- Una gira por América del Sur, empezaré por México, Colombia, Venezuela, Perú, Chile y Argentina.
- Para ir y volver de Sudamérica, ¿avión o barco?
- Avión. No, barco. No, me voy en avión y me regreso con ese boleto de crucero que me regalaron.
- No te lo regalaron.
- ¡ah! Y alista el archivo 23-09.
- ¿23-09? ¿volvió a aparecer?
- Desafortunadamente. Tú sabes que eso solo quiere decir que…
- Nos están buscando.

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