Valeria y el Cazador, parte 4

Universidad de Buenos Aires, Argentina

Ana sale de un salón de clases con su maletín y su traje de maestra. Ella saluda a sus colegas, quienes hacen lo mismo pero murmuran entre ellos. Ana no les hace caso, a pesar de que la están siguiendo. Al entrar al salón de profesores, todos le gritan: “¡sorpresa!”

- ¡Oh! Muchas gracias amigos. ¿Cómo se molestaron?
- Feliz cumpleaños Gaby.
- Gracias Juachy, pero dime Ana, sabes que aquí no…
- Pará, tenemos un regalo para vos. Nos metimos a una rifa y ganamos el premio. ¡Un boleto para un crucero!

Amaneció nuevamente y Ana despertó después de soñar que un perro le mordía la pierna. Tenía sed, pero las botellas de agua estaban por acabarse, así que prefirió no decir nada.

- Deberías beber. No es conveniente que te deshidrates.
- Martín, buenos días. Puedo aguantarme la sed. Dejare esto para los demás.
- Selva adentro debe haber una fuente de agua. Le pediré a Valeria que me acompañe.
- Los acompañaré. No quiero quedarme aquí.

Sergio despertó a Leonardo. Le preguntó si podía ayudarle.

- Mi brazo, me lo herí ayer. No le di importancia, pero…
- Se está infectando. Voy a revisar.

Leonardo abrió el botiquín y con los utensilios allí presentes logró limpiarle la herida a Sergio, mientras él veía como Ana entraba al bosque. Leonardo le preguntó si ella le gustaba y él lo miró de una manera seria. Mientras tanto, Karlos se levantó sin ayuda desde la primera vez que llegaron a la isla. Se quitó el torniquete y Leonardo le preguntó si todavía sentía dolor, y Karlos le dijo que no.

Martín y Ana estaban siguiendo a Valeria, que no decía mucho. Fue Martín quien rompió el hielo.

- Tu esposo, es el cazador, ¿no?
- Si – dijo Valeria – es un buen hombre.
- Esta mañana lo vi.

Ana y Valeria se detuvieron y lo miraron.

- Él te colocó una chaqueta encima, pues te vio con frio. Luego su mirada se cruzó con la mía y me dijo que encontrarías la fuente de agua.
- ¿estás seguro? – preguntó Ana – pensé que habías dicho…
- ¿estás casada, Ana, o tienes novio? – preguntó Valeria.
- Ninguno – contestó Martín.
- Tuve novio – dijo Ana, ante la interrupción de Martín - ¿Por qué?
- Por nada – dijo Valeria y siguieron caminando.

Juachy le preguntó a Ana si le amaba y ella le contestó que sí. Ana estaba tan agradecida de poder separarse por un rato de los estresantes estudiantes. Amaba enseñar, pero tenía que darse un descanso. Él le preguntó si quería casarse y ella sonrió.

- Pero no, che, ¿estás loco? Somos amigos.
- ¿sabés lo loco que estoy por ti?
- Basta, lo mejor sería dejarlo así, ¿está bien?
- Gaby, me voy a Misiones en una semana, de traslado. No creo que vuelva a Buenos Aires. Solo quiero una razón para quedarme.
- Vamos a ser amigos siempre. Espero que cuando regrese del crucero, todavía estés aquí.

Ana le dijo a Martín que tenía una duda sobre él. Valeria iba más adelante y le pareció que ella no los escucharía.

- ¿tú eres vidente o médium o ese tipo de cosas?
- Jaja – sonrió Martín – alguna vez me dediqué a eso, pero cuando me di cuenta que la gente lo creía más que yo, lo dejé y trabajé como detective.
- ¿a qué se debe?
- Verás, yo…

Valeria corrió hacia ellos diciéndoles que había encontrado algo. Al seguirla, encontraron una pequeña gruta de la que caía un hilo de agua y se perdía en el suelo.

- Será suficiente para llenar las botellas de agua – dijo Valeria.

Ana empezó a rodear la gruta y se quedó sin aire cuando vio algo. Martín se acercó y llamó a Valeria.

- Es aquí – dijo él – Tu esposo me dijo que te estaría esperando adentro.

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