Valeria y el Cazador, parte 2

Valeria está sentada frente a la playa, pensativa y a punto de llorar. De repente suena su teléfono móvil.

- ¿Hola? Si, todavía estoy aquí. Él también sigue aquí. No lo sé. No estoy segura. También pienso que es lo mejor. Sé que me dolerá mucho pero ya estoy sufriendo lo suficiente. Estoy decidida a dejarlo en cuanto el crucero termine. Debo colgar, viene alguien. Adiós.
- ¿Señora Locke? Su esposo me ha pedido que le diga que el barco está a punto de zarpar.

Valeria se levantó y caminó entre una multitud de turistas que al igual que ella, estaban vacacionando en aquella playa bonaerense.

Ana revisa el bote salvavidas. Tiene un compartimiento con dos botellas grandes llenas de agua y un botiquín de primeros auxilios, el cual le da a Leonardo.

- Ana, ¿me acompañas? – dijo Valeria
- Sí, claro. – evidentemente ella pensaba que la acompañaría al baño, la verdad quería pasar el menor tiempo con ella.
A pesar de que no era una isla grande, como lo supuso Ana, el bosque se veía bastante espeso, pero eso no parecía importarle a Valeria.
- Oye, creo que no debemos alejarnos mucho de la playa, no sea que nos vengan a rescatar y no estemos.
- Si… seguramente. Mira, una marca, la ha dejado mi marido.
- A veces me asustas, Valeria.
- No digas tonterías. ¿Has cazado alguna vez? Aprovechemos que estamos aquí. Puedo enseñarte un par de cosas.
- ¿Puedes regresar sola a la playa?
- Claro, ¿y tú?

Ana se quedó pensando y cayó en cuenta que aunque era buena en geografía no podría regresar sola, por lo que a la fuerza se quedó con Valeria. No fue tan malo después de todo, pues se empezaron a conocer mejor. Ana le contó que no era psicóloga, como el apodo que se había ganado, sino profesora universitaria de ciencias sociales, y el comportamiento humano hacia parte de lo que enseñaba. Valeria por otro lado le dijo que su matrimonio pasaba por un mal momento, pero en el accidente él hizo algo de mucho valor para ella.

- También me dio esto – Valeria saco una navaja que tenia envuelta en un estuche, el cual estaba pegado a su pierna con una correa – mira cómo funciona.

Ana se asustó cuando Valeria extendió su navaja más de lo normal e hizo como si se la fuera a lanzar hacia ella. Ana no dudó en lanzar un grito que se escuchó hasta la playa, donde Martín y Sergio estaban haciendo una fogata y Leonardo cargaba unos palos que Karlos le había pedido.

- ¿Qué sucedió? – dijo Karlos
- Están bien – dijo Martín.

Pero Sergio no estuvo satisfecho con la serena respuesta y se introdujo al bosque a buscarlas.

Santiago de Chile, Chile.
- Debería poner atención, si se pierde, esto podría salvarle la vida.
- No me interesa – contestó Sergio a su instructor, mientras se arreglaba su elegante traje de marinero - ¿Cuál es el próximo viaje?
- De Buenos Aires a Canarias.
- ¿Buenos Aires? ¿Cómo demonios nos cambian la rutina?
Son órdenes de arriba. Además no viajaremos juntos. Usted irá a la Terminal Marítima Benito Quinquela Martín de Buenos Aires y yo marcharé directamente a Canarias.
- ¿tú esposa o tú trabajo? – dijo burlonamente.
- Ambas. – el instructor suspiró – Sergio, espero que puedas responsabilizarte de alguien algún día. Así veremos si te dan tu esperado ascenso.
- Jajá, no en esta vida, Cristian, no en esta vida.

Mientras Sergio corría a través del bosque, se hirió con una rama en el brazo, pero no le importó. Luego tropezó y se cayó.
- ¿estás bien? – preguntó una voz femenina, mientras le extendía la mano, una mano con sangre seca.

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