Valeria y el Cazador, parte 12

Martín le dice a Patricia que debe ir a todas las organizaciones de Suramérica para advertir que los chilenos quieren conseguir el anillo de Plutón. Además les informará que la ONU lo ha guardado en secreto durante un buen tiempo y fue un error dejarlo ver. Debe ir a donde está la comisión de la ONU que está reunida en Caracas, luego recuperar el anillo y tratar de destruirlo.

- ¿Crees que pueda ser destruido? – dice Patricia – ¡Tonta la pregunta! Si fuera así, ya lo habrían hecho hace mucho.
- No lo han hecho porque perderían un arma muy valiosa. Estoy enterado que los yanquis quieren experimentar con él y multiplicar sus acciones destructivas. ¿tienes todo listo para el viaje?
- Todo listo. Espero que no hayan sobresaltos esta vez. No creo que mi tía aguante en su condición.
- Mi madre estará bien. Y qué hay de…
- Jajaja, ¿tu novia belga? Te aseguro que estará aquí cuando regreses.
- Me refería al mexicano. Es la principal persona que debo contactar. ¿Alguna referencia de él?
- Nada. Solo sé que es el contacto del CISEN.

“Valeria, amor mío, déjalos ir” dijo la voz del Cazador y Valeria se despertó. Allí vio como Martín y Karlos salían en el bote salvavidas al mar. Quiso alertar a Ana, pero recordó las palabras de su marido y prefirió seguir su voz. Al entrar al bosque lo vio y empezó a seguirlo, hasta llegar a la casa en ruinas.
- ¿Cuándo podré abrazarte? Quiero hacerlo como antes. Cuando me llevabas de expedición y cazabas y me enseñabas a cazar.
- Pronto – contestó él, pero ella no lo veía – más pronto de lo que crees. Viviremos aquí. Esta casa la compre para ti, hace mucho tiempo, pero perdí la ruta de llegar a ella. De una manera misteriosa, estamos aquí.
- Es increíble que me hables de misterios.
- Es una isla pequeña, reservada. No le pertenece a ningún país.
- Está en ruinas…
- Cuando ellos se marchen, la verás de nuevo en su máximo esplendor.

Valeria confiaba en él y subió al segundo piso, donde la casa empezó a transformase en una gran mansión, con un tapete rojo en el suelo, lámparas de moda y cuadros costosos. Al final del pasillo estaba la habitación principal, con una cama cubierta de cobijas de seda y rodeada de velas, sumamente romántico. Ella empezó a acercarse y se sostuvo de un pasamanos que apenas tocó se desprendió de la pared y ella cayó al primer piso, donde a duras penas podía moverse. Una de las viejas flechas que decoraban la pared y que ahora se pudrían en el piso se le atravesó en el brazo. El cazador se acercó a ella y le dijo: “No temas, traeré ayuda. Descansa”.

En algún lugar de América del Sur.

“Ya conocen al señor Locke, por favor, respeto” dijo una bella mujer y abrió la puerta. Locke, el mismo calvo misterioso, entra al pequeño salón. Está frente a un grupo de personas no muy grande. Todos están igual: elegantemente vestidos, como en una reunión de directores de compañías. Locke les advierte que el momento ha llegado. Los países suramericanos están yendo directo a una guerra y las grandes potencias están listas para ofrecerles grandes armas, pero existe un arma que acabará con todas las demás.

- Ustedes serán enviados a buscar a los mejores detectives, ladrones y videntes en el mundo – dice Locke – Deben conseguir un arma conocida como el Anillo de Plutón, capaz de desintegrar el hierro.
- ¿Qué sucederá cuando tengamos ese objeto? – preguntó Cristian, quien estaba entre los asistentes.
- Será destruido, por supuesto. Las potencias mundiales también lo buscan para experimentar con sus propiedades químicas únicas. Es hora de irse. No oculten su cargo ni su agencia. Así será más fácil obtener información.

Locke le entregó un sobre a cada uno, el cual contenía información sobre las personalidades que debían encontrar. Cristian abrió el sobre y lo primero que vio fue una fotografía de Martín.

Martín parquea el bote salvavidas y trata de buscar a los demás, pero no sabe qué pudo haber pasado con ellos. Karlos dice que si no tuvieran el bote, hubiera sospechado que se habrían ido sin ellos.

- ¿Por qué dices eso?
- ¿no te has dado cuenta como nos excluyen? Somos los parias, los raros del grupo. Ni siquiera Ana me pone cuidado cuando le hablo.

Martín sólo sonrió. De repente ambos voltearon, cuando vieron que Locke se acercaba hacia ellos. Karlos retrocedió, pero Martín se mantuvo en su lugar.
- ¿has venido a disculparte? – dice él.
- Siento mucho haberte metido en problemas – dice Locke – Trataba de alcanzarte y hablar contigo. Me equivoqué al no recibirte en mi oficina.
- Ya no importa. El anillo fue destruido. Él lo hizo – dijo mientras señalaba a Karlos.
- Te lo agradezco, Karlos. A ti también, Martín. Una vez más me disculpo. A pesar de todo, temo que debo pedirles algo. No busquen a Valeria. Estará bien conmigo.
- Cuenta conmigo – dijo Martín.

Locke sonrió a ambos y se devolvió por donde vino.
- ¿era eso un fantasma? – dijo Karlos.
- No estoy seguro.
- ¿lo conocías? ¿Por qué se disculpó?
- Él fue quien empezó todo este problema del anillo.

Martín entra a la sede del CISEN, donde le atiende un señor Fabián Hidalgo y se le presenta como Rodrigo. Le informa que debe estar atento porque una agencia quiere romper el tratado internacional de armas, sobre todo el contenido bajo el reglamento 23-09. Pero Fabián no sabe de qué está hablando porque está reemplazando a su jefe y Rodrigo le dice que quiere hablar con el verdadero jefe del CISEN. Fabián se niega y Rodrigo se va. Fabián alerta entonces a Locke, diciéndole por teléfono que hay un hombre en la agencia hablando de armas y de la violación de un tratado. Locke le dice que no lo deje ir, que él va para allá. Fabián trata de buscarlo, pero el tal Rodrigo ya se ha ido.

Martín averigua que ese hombre se encuentra en otra oficina y va a buscarlo. Allí no lo reciben a pesar de su insistencia, pues Locke piensa que se trata de un mercenario y él le teme a los mercenarios. Rato después, Locke se va al CISEN, en donde encuentra la información del misterioso hombre quien recién ha partido para Colombia. Locke lo ve gracias a las grabaciones del hotel.

En el resto de agencias Martín se dispone a hacer lo mismo: alertarlos de que los chilenos quieren comprar un arma de destrucción masiva. Locke va detrás de él dándole mala fama: les dice que no le quiere vender el arma a los chilenos, ya que él la posee y se la puede vender a quien le ofrezca más dinero.

- ¿Entonces todo lo que me ha dicho ese tal Rodrigo es falso? – dice Miguel, en el DAS.
- Su nombre no es Rodrigo. Se trata de un delincuente internacional. Un ladrón muy inteligente – decía Locke, mientras le pasaba algunas fotografías. Ninguno de sus hombres podrá seguirlo. A este punto ya debe conocer a todos. No lo intente, yo ya estoy tras él.

Miguel desde que había visto a Locke cruzar por la puerta, se le hizo bastante conocido, hasta que al fin lo recordó y lo dijo en voz alta: “Usted es Locke, el agente mexicano. Le dicen el Cazador de ladrones, ¿no es así?” Locke mueve la cabeza en señal de afirmación.

Sergio escucha unos pasos en medio de la selva y piensa de nuevo que se trata del calvo misterioso. Entonces se arma de valor y levanta a Ana, pero el piso está resbaloso todavía y teme que se caiga.
- ¡cuidado! Se lastimará la cabeza – dice Leonardo.
- ¿Qué haces aquí? – dice Sergio, con el corazón en la boca.
- Podría preguntar lo mismo, pero no estaríamos convencidos con las respuestas.
- Touché.

Leonardo examina a Ana y dice que no es nada grave y que se recuperará pronto. Mientras la llevan a la playa, Leonardo pregunta tímidamente qué estaban haciendo en ese lugar. Sergio se disponía a decirle que seguían a Valeria, pero dijo que cuando Ana despertara les respondería. Sergio preguntó si vio la bengala y Leonardo respondió afirmativamente con un movimiento de la cabeza. Dice que si no fue ninguno de los dos, seguramente fueron los locos de Martín y Karlos. Ana despierta y se confunde al ver a Leonardo.

- ¿eras tú el de la sombra? – dijo ella.
- Si – mintió Leonardo.
- ¡Oh! Debemos seguir buscando a Valeria.
- No. No podemos – dijo Sergio.

Ana se detuvo y les preguntó que sucedía. Sergio decidió contarle. Le dijo que el hombre calvo le advirtió que no debían seguir buscándola o no serian rescatados. Leonardo le dijo que le había pasado algo similar, y confirma que el hombre calvo es el marido de Valeria. Ella se enoja, pero entre los dos la terminan convenciendo. Sergio trata de hablarle pero Ana no quiere escuchar más. Tras caminar un rato, los tres salen del bosque y se encuentran con Martín y Karlos. Leonardo se enoja primero por haber disparado la bengala y segundo por dejar apagar la fogata. Karlos dice que no fueron ellos los culpables de la fogata. Sergio les da la razón: al parecer se humedecieron los leños a causa de la niebla tan repentina que está empezando. Ana piensa que ahora va a ser peor el rescate y se sienta en la arena. Todos están afligidos cuando de pronto escuchan un sonido estridente, similar a varios camiones en la autopista presionando sus cláxones todos juntos. Sergio comprende el sonido: hay un barco cerca.

Karlos sabe que con la niebla será peor encontrar el barco, pero tienen a favor que no ha amanecido completamente, así podrán ver las luces del barco. Todos se suben al bote salvavidas y se colocan sus chalecos refractivos. Leonardo y Martín reman y Sergio se dirige hacia donde ha escuchado el sonido. Todo alrededor es blanco y el agua parece calmada. Karlos está angustiado y pregunta si el barco ha seguido de largo. Nadie responde y Sergio está nervioso. Ana le pide que por favor se calmen. Suena el estrepitoso sonido de nuevo y esta vez ven el enorme barco comercial mientras este los ilumina. A su lado tiene insignias pintadas de símbolos peruanos.

Una mujer da la orden para ayudar a subir a los sobrevivientes. Cuando están arriba, ella se presenta como Morgana, la capitana del barco. Sergio se presenta como el segundo capitán de la Señora del Mar, el crucero que naufragó hace un par de días. Ella llama a un hombre y le dice que comunique esa información a tierra firme. Otros marineros les han llevado cobijas y comida.

- Supimos de ese naufragio. Salió en todos los medios. Aquí tenemos internet, no siempre hay conexión, pero ese día, todo hablaba de ese barco y de los desaparecidos ¿estuvieron dos días en el mar? Que valientes.
- No – dice Ana – arribamos en una isla pequeña.
- ¿Hay islas por aquí? Jamás había escuchado eso. No aparecen en los mapas, y con esta niebla parece que tampoco la veremos.
- Hay algo que me inquieta – dice Martín – ¿Por qué hay un barco peruano en medio del Atlántico?
- ¿el Atlántico? Estamos en el océano Pacifico, a 500 kilómetros de Lima. – Martín se sorprendió demasiado, pero ella empezó a reírse – lo siento, es broma. Mírate como estas de pálido. Mi padre compró este buque en Montevideo, luego le pusimos las insignias peruanas. Y hacemos viajes comerciales entre Suramérica oriental y Europa – uno de los marineros le pasa una libreta – aquí está la lista de desaparecidos. Por favor me confirman.

Ana toma la lista y busca su nombre. En el camino encuentra el nombre de Valeria Locke y se entristece. Sergio la abraza. Ella le dice que la relación de ambos debió ser muy especial, Valeria le contó que en el accidente él hizo algo de mucho valor para ella: estaban a la deriva, pues no alcanzaron a buscar botes salvavidas. Estaban flotando sobre unas tablas y él nadó hacia el bote de ellos. Ella estaba llorando y él logró que subiera al bote. Valeria trató de hacerlo subir al bote también, pero Locke sabía que el bote no aguantaría tanto, así que se agarró de las cuerdas y le dijo que no se preocupara, que él siempre la cuidaría y que descansara. Fue difícil para Valeria dormir, ya que primero no quería, pero finalmente la venció el sueño. Lo que la despertó fue cuando el bote se parqueó en la isla y ella despertó y no lo vio.

- Prefirió pensar que se había levantado para ir al bosque que pensar que se ahogó en el mar - concluyó ella.
- Ana. Si las cosas no funcionan con tu novio, puedes llamarme. Para tomar un café o algo. No importa que la cordillera nos separe.
- Lo tendré en cuenta – dijo ella, mientras sonreía.

Leonardo firmó la lista y se la pasó a Martín. Después de un rato la firmó y luego se la entregó a Karlos. Él se dio cuenta que algunos nombres tenían una cruz al lado. Martín le dijo que eran los que habían encontrado muertos. Luego le dijo que después de eso, ya no lo estarían buscando y que si quería ser un hombre libre, debía colocar una cruz al lado de su nombre y colocar su firma al lado de uno de los muertos, tachando la cruz, así como él lo hizo. Karlos acató la sugerencia.

En tres horas llegaron a Canarias, donde los esperaban los representantes del crucero. Ellos se disculparon varias veces, les hablaron de cosas aburridas, les pagaron su indemnización y le entregaron 15 tiquetes a cada uno para distintos destinos. Después todos se despidieron y a pesar de todo, quedaron en buenos terminos. Cada uno tenía un camino distinto que recorrer:

Leonardo se despidió de Sergio, de Ana y de Martín. Luego le pidió disculpas a Karlos por tratarlo de manera descortés. Dijo que ya que estaba cerca de España visitaría su familia, pues su esposa vivía en Madrid con su hija. Martín regresó a su casa donde se reencontró con Patricia, su madre y su novia belga. Luego les dijo que debían mudarse cuanto antes, cosa que Patricia ya había anticipado y tenían ya todo empacado.

Ana volvió a Buenos Aires y fue a Misiones. Allí encontró a Juachy quien estaba feliz porque ella estaba viva. Ana se arrepintió de todas las cosas que le dijo antes del viaje y aceptó su propuesta de matrimonio, argumentando que pensar que lo había perdido para siempre le dolió mucho y no quería repetirlo.
Sergio continuó con su trabajo y fue condecorado por el capitán de la Señora del Mar, el italiano Equein Ritoné, por haber cuidado de los sobrevivientes en medio del mar. Él no dejo de ser un soltero cotizado.

Karlos se quedó un rato más en Canarias. Entró a un costoso bar para olvidar a Ana. Levantó la mano para llamar al mesero y por accidente le botó la bebida a una chica. “Lo siento” dijo él y se quedó mirándola.
- Karlos, ¡estás vivo! – dijo ella, sonriendo – ¿me vas a invitar otro Martini o te quedaras mirándome otro rato?
- Carla, no pensé que volvería a verte.
- Pues ya ves como es el destino. ¿quieres bailar?
- Me gustaría, pero sería incomodo para tu novio.
Ella rio fuertemente. “Ya no tengo novio” dijo ella mientras le acariciaba la cara. Él también sonrió y la sacó a bailar.

Valeria despierta. Está acostada en un cómodo sofá de terciopelo rojo. Está vestida con un hermoso traje. Se sienta y se quita la venda que tiene en el brazo. No tiene nada. El lugar donde está se encuentra elegantemente decorado. Ella escucha unos ruidos en la parte de arriba y sube las escaleras. A diferencia de la última vez, las puertas del pasillo están cerradas y al apoyarse en el pasamanos no pasa nada. Ella sale a una terraza donde se puede ver una atrayente playa. El señor Locke la abraza por detrás y le besa el cuello. Ella está feliz.

- Al fin se fueron – dice él.
- Ahora seremos felices para siempre.
- Para siempre.
Y diciendo esto terminaron con un apasionante beso de amor.

FIN
El naufragio del crucero fue publicado en todos los medios.

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