Valeria y el Cazador, parte 11

Ana se despertó y alcanzó a ver a Valeria internarse al bosque. No vio ni a Martín ni a Karlos. Inmediatamente pensó que ese par estaba planeando algo y Valeria los habría seguido. Despertó a Sergio y le pidió que la acompañara.

- ¿Estás segura de lo que viste? – preguntó él.
- ¿acaso no viste que se fueron a algún lado esos tres?
- Deberíamos volver, Leonardo se va asustar si no nos ve.
- Estaba durmiendo. No creo que despierte hasta mañana.

Un marinero llamó con urgencia a Sergio. Le dijo que había un problema grave que había empezado desde la bodega de carga, se había extendido hacia el casco y estaba haciendo un agujero por donde se estaba colando el agua. Al llegar al último piso del barco, le mostraron un enorme hoyo de corrosión que no se detenía, y los pedazos que caían continuaban con un proceso de corrosión bastante acelerado. Hasta ahora, la bodega de carga, donde empezó el problema era donde estaba el hoyo más grande, y se acercaba a los motores.

- Hay que avisarle al capitán. – dijo el marinero.
- No se asusten. Solo es un hoyo. Repárenlo y después me vuelven a avisar.
- ¡Sí, señor!
- ¿Qué movimientos extraños se han registrado en la bodega de carga? Apuesto a que alguien ha vertido un extraño químico.
- Vino un pasajero, primera clase. Habitación número ocho. Sobornó a los vigilantes, entró y salió. Sin embargo, ellos dicen que únicamente abrió una caja de madera a su nombre y sacó un objeto pequeño que se le cayó al piso.
- Esa información no me sirve para nada. Regresaré a la cabina de mando. Trataré de dormir un poco, estoy cansado.

Sergio le preguntó a Ana que haría después de que la rescataran. Ella supuso que los llevarían a Canarias y luego los regresarían a Buenos Aires, ya que su tiquete de crucero era de ida y vuelta. Él le preguntó si le gustaría salir a cenar cuando llegaran a Canarias, pues allá conocía un restaurante. Ana se giró para verlo y no pudo evitar la risa que le dio. Sergio entonces no habló más del tema.

- ¿Qué estamos siguiendo? – dijo Sergio - ¿a qué me trajiste?
- No lo sé, vi entrar a Valeria, pero no sé a dónde pudo haber ido. ¿puedes creer que siga con la idea de que su marido está vivo y que está aquí en algún lado?
- Si, está súper enamorada… Ana, ¿estás casada o tienes pololo?
- ¿Por qué preguntas esas cosas? – preguntó ruborizada y sonriendo.
- Bueno, es que...si estuvieray enamorada, muy enamorada, podriay ver a tu amante corriendo por aquí. Tú caxay, por la negación de la perdida y todo eso po. Psicología
- ¿acaso ya viste a tu novia en este lugar?
- No tengo novia, soy un soltero cotizado.

Ambos empezaron a reír y Ana decidió regresar al campamento, la guía era evidentemente Sergio, quien se guiaba con las estrellas. En el camino le contaba algunas historias sobre astrología. De pronto escucharon un ruido y sorprendidos vieron a una sombra fantasmal que obligó a Ana a abrazarse de Sergio.

Sergio revisa los mapas y los monitores en la cabina de mando y se pregunta el porqué el barco está viajando más lento. Un marinero le dice que se debe a los motores, que están empezando a corroerse, junto a los cimientos del crucero. Ese no es el único problema: debido a un problema con las hélices, la nave está cambiando la trayectoria y además empezó a hundirse. El capitán no aparece, por lo que Sergio debe hacerse responsable. Él decide que las personas que estén en los pisos inferiores sean obligadas a subir, pero que no se activen las alarmas para evitar el pánico. Sin embargo, nada de eso sirve y las personas empiezan a gritar. Algunos dicen que el barco se hunde debido a que hay un dragón en el mar y que muchos lo han visto. Sergio pretende verlo por sus propios ojos mientras baja por las personas, pero no ve nada a ningún lado. De pronto el barco es sacudido. Por radio avisa que enciendan las alarmas inmediatamente. Piensa en ir por Carla, pero las masas de gente incontrolada y asustada lo empujan y lo arrollan. Él logra ponerse de pie, pero increíblemente está saqueado. Nervioso se monta en el primer barco salvavidas que ve. Allí se admira por ver a Ana y recuerda a Carla, pero del temor prefiere quedarse allí.

“¿Martín? ¿Karlos?” pregunta Ana, dirigiéndose a la sombra. Cuando esta se acerca y se ve su calva, ellos se extrañan, pues ninguno de los hombres allí es calvo. Entonces empiezan a correr, pero Ana se tropieza. Sergio va adelante, siente el golpe, gira, la ve en el suelo y regresa por ella. Del golpe se ha desmayado. Mientras trata de despertarla, el misterioso calvo se acerca. Sergio quiere huir, pero no quiere dejarla.

- No temas – dice el hombre calvo – esta vez no tienes que dejarla.
- ¿de dónde ha salido usted?
- Eso no importante ahora. Necesito pedirte el favor de que dejes de buscar a Valeria. Ana está tratando de hacerlo. Debes impedirlo.
- ¿eres un fantasma? ¿me estas amenazando? ¿Qué pasa si no lo hago?
- Si no lo haces, el rescate no te encontrará y te quedarás solo… y ambos sabemos que ya no quieres quedarte solo.
- Está bien. Ayúdeme a llevarla a la playa.
- Lo siento. No puedo ayudarte en ese sentido. Alguien más lo hará. Ya vendrá hacia acá. Una última petición: no le digas a nadie que me viste, pensarán que estás loco.

El hombre dio media vuelta y se fue sin decir nada. Mientras desaparecía, Sergio escucho un sonido como un proyectil y una luz. Al ver al cielo vio la bengala. ”¿Será el rescate?” se preguntó a sí mismo, mientras veía el bello rostro de Ana a la luz de la luna.

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