Valeria y el Cazador, parte 3

Bogotá, Colombia

- La última vez que robé fue un frasco de mermelada vacío hace una semana – dijo una mujer pelirroja y todos los que la rodeaban aplaudieron.
- Muy bien – dijo el director del grupo – los felicito, señores y señoras. Han avanzado en el programa considerablemente y las ventas de sus productos caseros nos ha permitido ampliar nuestro campamento con nuestra propia cocina. No tendremos que seguir comprando a terceros – los asistentes volvieron a aplaudir – Bien. Antes de irnos, Karlos, ¿quieres compartir algo con nosotros?.
- No, no señor. Hoy no me siento bien.

Media hora después, Karlos salió del edificio, donde lo estaban esperando un par de hombres. Le preguntaron si Karlos era su nombre, mientras le mostraban identificaciones del DAS. Luego le pidieron que fuera con él.

- Con que para eso era la madera que me habías pedido – dijo Leonardo.
- No es lo mejor que he hecho, pero creo que funcionaran - dijo Karlos.
- Son unas buenas cañas de pescar – dijo Martín – estoy ansioso por comer algo, ¿Cuándo empezaras a pescar?
- ¿pescar? No, lo siento, yo no sé pescar.

Martín y Leonardo se vieron con desilusión.

- No debe ser tan difícil – dijo Leonardo – tal vez pueda intentarlo.
- Puedes intentarlo todo lo que quieras, pero no podrás pescar nada - dijo Martín bastante seco y Leonardo se asombró.

Sergio estaba un poco confundido, pero tomó la mano y se puso de pie.
- ¿Por qué estas llena de sangre? ¿estás herida?
- No, estoy bien - dijo Ana – solo que Valeria me estaba enseñando a cazar.
- Esa mujer no me inspira confianza.
- Creo que me salvó la vida. Había una enorme serpiente detrás de mí, ella lanzó una navaja y la mató. En este momento la está arreglando, pero es muy pesada. Ayúdame a llevarla al campamento.
- No puedo creer que estés pidiendo ayuda.
- Puedes olvidarlo, voy al campamento a buscar a Martín o al otro hombre.
- Está bien, vamos.

Sergio y Ana encuentran a Valeria y al animal y todos regresan a la playa, donde primero se espantan de ver la serpiente, pero después todos se reúnen para comerlo, asegurando, en opinión general, que sabe a pollo, mientras ven el atardecer. Después Sergio ve las cañas de pescar y pregunta quien las hizo, porque se ve que están bien hechas.

- ¿puedo usarlas?
- Sí, claro – dice Karlos - ¿sabes pescar?
- Si, son cosas que uno sabe cuando vive cerca del mar. ¿Dónde aprendiste a hacerlas?
- Un campamento de… manualidades.

Los hombres del DAS llevaron a Karlos hasta una oficina. Allí se sentó sumamente preocupado, viendo un bolígrafo dorado, mientras escuchaba conversaciones fuera de la oficina. Deseó agarrar el bolígrafo, cuando de repente entró otro hombre.

- Mejor ni lo intente – dijo él.
- Disculpe, debe ser un malentendido, no sé porqué estoy aquí.
- Déjeme presentarme. Soy el detective Miguel Azure. Esta usted aquí, porque es el hombre que necesitamos para una misión.
- ¿misión? Yo no soy policía ni nada por el estilo.
- Sustrajo una gema bastante costosa, de una reconocida joyería.
- Lo sé, pero no era mi intención, ya pagué… estoy pagando por eso.
- Ya sé que es usted cleptómano y que está en un programa obligado. Lo que nos interesa aquí, es que la seguridad de la joyería era, por decirlo de alguna manera, óptima, y pudo usted evadirla.
- No me enorgullezco, pero no me pareció así.
- Estamos tras la pista de un delincuente internacional. Un ladrón de joyas muy inteligente. Ya conoce a todos nuestros hombres. Por eso, lo necesitamos a usted. Él ha robado un anillo muy antiguo – el detective le pasó unas fotos – también sabemos que viajará en un crucero mañana en la mañana. Así que aliste ropa para viajar. Esta noche estará en Buenos Aires y mañana abordará el crucero. Lo esperaremos en Canarias, donde llegará el barco y usted con nuestro anillo.
- Supongo que no puedo negarme, pero ¿Por qué yo?
- ¿Qué mejor que un ladrón para robar otro ladrón? – le dijo mientras le pasaba una carpeta con los datos del famoso delincuente internacional.

Leonardo ve que su compañero se está sobando la mano y le ve el anillo que estaba en la foto.

- Que anillo tan elegante. ¿es casado, Martín?
- No, no lo soy. Mi prometida me espera en mi casa. Le iba a proponer matrimonio con este anillo.
- Jum, matrimonio. De razón que no estás tan motivado que llegue el rescate – Leonardo rió, insinuando que no era más que una broma.
- No sabes lo motivado que estoy por salir de aquí – sonrió él, mientras Karlos lo observaba a lo lejos.

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