Vittoria a proba, parte 6
Alejandrino Pzart, proveniente de las heladas tierras suizas y enamorado de Tívecre, era el juez asignado en el caso de Angelina contra Aceros Limpios Inc. Al principio, todos los medios de comunicación se impactaron al pensar que una estudiante de leyes de algún pueblo del país se pusiera en contra de un emporio financiero casi internacional, tanto que no lo creyeron y no lo cubrieron. Sin embargo, que el juez Pzart, tan frio como su tierra de origen, presidiera un tribunal siempre era interesante por las duras y extrañas condenas que declaraba, por lo cual, solo un par de periodistas de pequeñas gacetas estuvieron presentes en el salón 315 del Palacio de Justicia.
Minutos antes del juicio, Angelina y Sebastiano estaban en el automóvil. Ella estaba nerviosa mas no había marcha atrás. Ella revisó algunos documentos en la carpeta y salió del carro.
- Vamos a ganar, Angie.
Ella sonrió y agachó la mirada y caminó hacia el salón. Se sentó en su escritorio asignado que vio enorme. El juez no había llegado aún. Luego entró una docena de abogados de Aceros Limpios, entre ellos Sebastiano. Los periodistas y otras cuantas personas se sentaron. Poco después entró Danis y se sentó detrás de los abogados.
Los doce puestos del jurado empezaban a ocuparse. Angelina observó que en el fondo había alguien conocido con gafas oscuras. “Fabencesco” susurró ella, justo antes de que el alguacil anunciara la entrada del juez y todos se pusieran de pie. Luego un hombre reluciente, con una expresión dura y su peluca blanca distintiva se sentó en su estrado sin pronunciar palabra y revisó los papeles. Todos dieron por hecho que el juicio empezaba.
- Angelina Cruz, abogada de la Escuela Real de Leyes, seccional de la Ciudad de Priana, representa a Gabriel Cruz. ¿Está él aquí?
- No, señoría. Yo lo represento.
- Ujum. Buffet de abogados Santa Paloma & Asociados, representan a Aceros Limpios Inc. ¿algún representante administrativo de la empresa?
- Danis Pereira, señoría.
- Ujum, procedamos inmediatamente. Quiero ver una obra sobre algún perro parlante en el teatro cinematográfico. Señorita Cruz, presente su caso.
Angelina empezó denunciando a la empresa por los malos tratos que se le daban a los trabajadores, a la falta de recursos en salud y otros tantos.
- Finalmente, para terminar mi declaración, acuso a Aceros Limpios de tener relaciones directas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Nueva Sabernal.
Todos se quedaron sorprendidos y hasta el juez que tenía cara de sueño también gesticuló.
- Entrégueme las pruebas.
Angelina tomó varios papeles que tenía en la carpeta y se los alcanzó al juez. Él leyó en voz alta “Análisis del proyecto de creación y venta de armas para el general Michelsen”. El juez le otorgó la palabra a la docena de abogados de la empresa y ellos empezaron a desmentir una por una las demandas de Angelina, pero al llegar al tema de las relaciones con los revolucionarios no tenían idea de que podían hacer para defenderse. Al hablar entre ellos mismos, el juez en voz alta ordenó al jurado que deliberara. Los doce miembros entraron al pequeño salón anexo y salieron en menos de cinco minutos.
- ¿El jurado ha llegado a alguna conclusión?
- Si, señoría. Declaramos a Aceros Limpios…
- ¡Un momento! – interrumpió Danis – su señoría, solicito un receso de urgencia.
- Lo que sea… treinta minutos.
Angelina miró a Sebastiano, ambos estaban igual de sorprendidos. Los abogados fueron detrás de Danis hasta el saloncito anexo.
- Señores, ¿Qué les pasa? ¿quieren quedar sin trabajo? Recuerden que la firma Santa Paloma & Asociados depende de Aceros Limpios. Si el juez nos declara culpables cerrarán la empresa.
- ¿Qué podemos hacer? No sabíamos que saldría con algo de tal magnitud, ni siquiera nosotros sabíamos de ese tipo de relaciones.
- Por suerte encontré este documento.
- Danis, ¿Qué es esto? - preguntó Sebastiano, suamamente extrañado.
- Es cierto, ¿Dónde lo tenias? – preguntó otro.
- ¿Por qué no lo sacaste antes? ¡Salgamos inmediatamente a ganar este caso!.
Los abogados salieron emocionados de la habitación y Sebastino cuestionó a Danis.
- ¿Qué demonios estás haciendo?
- Salvo una empresa, mi empresa.
- Una empresa corrupta.
- Sebastino, ¿porque la odias?
- Mi madre trabajaba para ella, sufrió un grave accidente que la llevó a la muerte, y ¿Qué hicieron ustedes?, nada, absolutamente nada.
Danis miró al suelo y luego lo miró a sus ojos llorosos. “Lo siento, pero así son las cosas”.
El juez Pzart se encontraba en su oficina peinándose. Era sumamente perfeccionista con su cabello y algunos decían que los tenía contados, que la cantidad que poseía era de cinco números iguales y para mantenerlos a raya se cortaba de raíz los que sobraban. Después se colocó su peluca blanca y salió al salón 315.
- El receso ha terminado. Acabemos esto rápido. Quiero ir a una granja a beber leche de vaca y comer zanahorias.
- Su señoría – anunció un abogado de Aceros Limpios – No hay en este momento alguna relación con las Fuerzas Revolucionarias, y si las hubo, fue ajeno a la empresa, según este documento.
- Entréguemelo.
Minutos antes del juicio, Angelina y Sebastiano estaban en el automóvil. Ella estaba nerviosa mas no había marcha atrás. Ella revisó algunos documentos en la carpeta y salió del carro.
- Vamos a ganar, Angie.
Ella sonrió y agachó la mirada y caminó hacia el salón. Se sentó en su escritorio asignado que vio enorme. El juez no había llegado aún. Luego entró una docena de abogados de Aceros Limpios, entre ellos Sebastiano. Los periodistas y otras cuantas personas se sentaron. Poco después entró Danis y se sentó detrás de los abogados.
Los doce puestos del jurado empezaban a ocuparse. Angelina observó que en el fondo había alguien conocido con gafas oscuras. “Fabencesco” susurró ella, justo antes de que el alguacil anunciara la entrada del juez y todos se pusieran de pie. Luego un hombre reluciente, con una expresión dura y su peluca blanca distintiva se sentó en su estrado sin pronunciar palabra y revisó los papeles. Todos dieron por hecho que el juicio empezaba.
- Angelina Cruz, abogada de la Escuela Real de Leyes, seccional de la Ciudad de Priana, representa a Gabriel Cruz. ¿Está él aquí?
- No, señoría. Yo lo represento.
- Ujum. Buffet de abogados Santa Paloma & Asociados, representan a Aceros Limpios Inc. ¿algún representante administrativo de la empresa?
- Danis Pereira, señoría.
- Ujum, procedamos inmediatamente. Quiero ver una obra sobre algún perro parlante en el teatro cinematográfico. Señorita Cruz, presente su caso.
Angelina empezó denunciando a la empresa por los malos tratos que se le daban a los trabajadores, a la falta de recursos en salud y otros tantos.
- Finalmente, para terminar mi declaración, acuso a Aceros Limpios de tener relaciones directas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Nueva Sabernal.
Todos se quedaron sorprendidos y hasta el juez que tenía cara de sueño también gesticuló.
- Entrégueme las pruebas.
Angelina tomó varios papeles que tenía en la carpeta y se los alcanzó al juez. Él leyó en voz alta “Análisis del proyecto de creación y venta de armas para el general Michelsen”. El juez le otorgó la palabra a la docena de abogados de la empresa y ellos empezaron a desmentir una por una las demandas de Angelina, pero al llegar al tema de las relaciones con los revolucionarios no tenían idea de que podían hacer para defenderse. Al hablar entre ellos mismos, el juez en voz alta ordenó al jurado que deliberara. Los doce miembros entraron al pequeño salón anexo y salieron en menos de cinco minutos.
- ¿El jurado ha llegado a alguna conclusión?
- Si, señoría. Declaramos a Aceros Limpios…
- ¡Un momento! – interrumpió Danis – su señoría, solicito un receso de urgencia.
- Lo que sea… treinta minutos.
Angelina miró a Sebastiano, ambos estaban igual de sorprendidos. Los abogados fueron detrás de Danis hasta el saloncito anexo.
- Señores, ¿Qué les pasa? ¿quieren quedar sin trabajo? Recuerden que la firma Santa Paloma & Asociados depende de Aceros Limpios. Si el juez nos declara culpables cerrarán la empresa.
- ¿Qué podemos hacer? No sabíamos que saldría con algo de tal magnitud, ni siquiera nosotros sabíamos de ese tipo de relaciones.
- Por suerte encontré este documento.
- Danis, ¿Qué es esto? - preguntó Sebastiano, suamamente extrañado.
- Es cierto, ¿Dónde lo tenias? – preguntó otro.
- ¿Por qué no lo sacaste antes? ¡Salgamos inmediatamente a ganar este caso!.
Los abogados salieron emocionados de la habitación y Sebastino cuestionó a Danis.
- ¿Qué demonios estás haciendo?
- Salvo una empresa, mi empresa.
- Una empresa corrupta.
- Sebastino, ¿porque la odias?
- Mi madre trabajaba para ella, sufrió un grave accidente que la llevó a la muerte, y ¿Qué hicieron ustedes?, nada, absolutamente nada.
Danis miró al suelo y luego lo miró a sus ojos llorosos. “Lo siento, pero así son las cosas”.
El juez Pzart se encontraba en su oficina peinándose. Era sumamente perfeccionista con su cabello y algunos decían que los tenía contados, que la cantidad que poseía era de cinco números iguales y para mantenerlos a raya se cortaba de raíz los que sobraban. Después se colocó su peluca blanca y salió al salón 315.
- El receso ha terminado. Acabemos esto rápido. Quiero ir a una granja a beber leche de vaca y comer zanahorias.
- Su señoría – anunció un abogado de Aceros Limpios – No hay en este momento alguna relación con las Fuerzas Revolucionarias, y si las hubo, fue ajeno a la empresa, según este documento.
- Entréguemelo.
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