Vittoria a proba, parte 5
La revista Riqueza, dedicada a la economía del reino y del mundo, colocó entre las personas más poderosas del planeta a un dadivoso hombre italiano, quien odiaba ser retratado o fotografiado. Era el dueño de más de cien empresas, y su grupo financiero poseía la mitad de las que estaban en Sabernal.
Fue este hombre quien tomó la mano de Angelina y la besó después de mencionar su nombre. Sin soltarla la llevo de la mano y la sentó al lado suyo en el sofá. Aquel hombre, el más poderoso que alguna vez haya conocido en la vida, la había invitado a sentarse junto a ella, aunque Angelina lo imaginaba diferente.
- Disculpa que no pueda dominar bien el idioma… eres una mujer bella.
- Discúlpeme a mí, no entiendo que pasa. Por favor, déjeme ir, no me he llevado nada.
- Puó andare, eres libre, pero quiero algo a cambio.
- No creo tener nada que no posea.
- Es cierto, pero solo quiero la verità, ya que me sobran las empresas como esta…
- Pues a eso vine. En ese maletín se encuentra la prueba con la que destruiré esta empresa mañana en el juicio.
El italiano se levantó y fue hacia el escritorio. Él dijo que sabía lo de la prueba y por eso estaba ahí. Debía hablar con el presidente para despedirlo y cerrar la empresa, aunque dejaría desempleados a más de la mitad de los habitantes en el reino. Ella le dijo que no sería posible, que la empresa pasaría a manos de un tercero que la administrara con otra razón social.
- Seguiría siendo lo mismo. Vine a revisar la situación fiscal y rematar la empresa. No puedo imaginar la cara de los padres diciéndole a sus hijos que no tienen más lavoro.
Angelina no pudo evitar un leve escalofrió en la espalda.
- Usted no me detendrá en mi proyecto, solo me está haciendo dudar.
- Tome este documento. Es la prova reina. A propósito, supongo que tiene planeada la salida. El piso de abajo revienta de policías y guardaespaldas.
Angelina en realidad no lo había planeado. Estaba tan obsesionada en el maletín que no recordaba que tenía que hacer después.
- Detrás de esa planta hay una pequeña puerta. Podrás salir directamente al primer piso. Es para casos de emergenza.
- ¿Por qué hace esto? ¿Por qué me ayuda?
- Bella donna, ahora me tengo que ir. Espero que la próxima vez que nos veamos aceptes mi invitación a cenar.
El hombre le colocó cada mano en un hombro y la beso en la mejilla.
- Veramente, te deseo una vittoria a proba.
Luego se dirigió a una pared, presiono un par de botones y se abrió. Angelina alcanzó a ver un helicóptero antes que se cerrara. Ella estaba preocupada. Tenía el documento en su mano y la primera puerta ya había sido abierta. No le quedó más opción que hacer lo que le dijo el italiano. Detrás de la planta había una pequeña puerta en el suelo y ella la abrió. No había nada más que suelo y una inscripción que decía “Ubíquese en este sitio”. Al hacerlo, el piso se abrió y ella se fue por el estrecho hueco, como si se tratara de un tobogán, y terminó en menos de tres minutos en el primer sótano, cayendo en un par de suaves colchones dentro de una pequeña bodega. Ella salió de allí y buscando una puerta salió por a la calle. Estaba alejada dos edificios de Aceros Limpios, donde había un gran tumulto de policías.
- De seguro no es para evacuaciones por catástrofes naturales.
Angelina llamó a Sebastino por su teléfono móvil y le dijo que ya tenía en sus manos la prueba que tumbaría la empresa… aunque ya no estaba muy segura de querer hacerlo. Su teléfono volvió a sonar. Le estaban preguntando si deseaba confirmar una sesión en el tribunal con el juez Pzart para el día de mañana al mediodía.
- Si. Así se será.
Fue este hombre quien tomó la mano de Angelina y la besó después de mencionar su nombre. Sin soltarla la llevo de la mano y la sentó al lado suyo en el sofá. Aquel hombre, el más poderoso que alguna vez haya conocido en la vida, la había invitado a sentarse junto a ella, aunque Angelina lo imaginaba diferente.
- Disculpa que no pueda dominar bien el idioma… eres una mujer bella.
- Discúlpeme a mí, no entiendo que pasa. Por favor, déjeme ir, no me he llevado nada.
- Puó andare, eres libre, pero quiero algo a cambio.
- No creo tener nada que no posea.
- Es cierto, pero solo quiero la verità, ya que me sobran las empresas como esta…
- Pues a eso vine. En ese maletín se encuentra la prueba con la que destruiré esta empresa mañana en el juicio.
El italiano se levantó y fue hacia el escritorio. Él dijo que sabía lo de la prueba y por eso estaba ahí. Debía hablar con el presidente para despedirlo y cerrar la empresa, aunque dejaría desempleados a más de la mitad de los habitantes en el reino. Ella le dijo que no sería posible, que la empresa pasaría a manos de un tercero que la administrara con otra razón social.
- Seguiría siendo lo mismo. Vine a revisar la situación fiscal y rematar la empresa. No puedo imaginar la cara de los padres diciéndole a sus hijos que no tienen más lavoro.
Angelina no pudo evitar un leve escalofrió en la espalda.
- Usted no me detendrá en mi proyecto, solo me está haciendo dudar.
- Tome este documento. Es la prova reina. A propósito, supongo que tiene planeada la salida. El piso de abajo revienta de policías y guardaespaldas.
Angelina en realidad no lo había planeado. Estaba tan obsesionada en el maletín que no recordaba que tenía que hacer después.
- Detrás de esa planta hay una pequeña puerta. Podrás salir directamente al primer piso. Es para casos de emergenza.
- ¿Por qué hace esto? ¿Por qué me ayuda?
- Bella donna, ahora me tengo que ir. Espero que la próxima vez que nos veamos aceptes mi invitación a cenar.
El hombre le colocó cada mano en un hombro y la beso en la mejilla.
- Veramente, te deseo una vittoria a proba.
Luego se dirigió a una pared, presiono un par de botones y se abrió. Angelina alcanzó a ver un helicóptero antes que se cerrara. Ella estaba preocupada. Tenía el documento en su mano y la primera puerta ya había sido abierta. No le quedó más opción que hacer lo que le dijo el italiano. Detrás de la planta había una pequeña puerta en el suelo y ella la abrió. No había nada más que suelo y una inscripción que decía “Ubíquese en este sitio”. Al hacerlo, el piso se abrió y ella se fue por el estrecho hueco, como si se tratara de un tobogán, y terminó en menos de tres minutos en el primer sótano, cayendo en un par de suaves colchones dentro de una pequeña bodega. Ella salió de allí y buscando una puerta salió por a la calle. Estaba alejada dos edificios de Aceros Limpios, donde había un gran tumulto de policías.
- De seguro no es para evacuaciones por catástrofes naturales.
Angelina llamó a Sebastino por su teléfono móvil y le dijo que ya tenía en sus manos la prueba que tumbaría la empresa… aunque ya no estaba muy segura de querer hacerlo. Su teléfono volvió a sonar. Le estaban preguntando si deseaba confirmar una sesión en el tribunal con el juez Pzart para el día de mañana al mediodía.
- Si. Así se será.
Comentarios
Publicar un comentario