Vittoria a proba, parte 3
La radio anunció que sería un bonito día. El cielo estaría despejado, las probabilidades de lluvia serian bastante bajas, habría una brisa agradable, perfecta para los que saldrían a ejercitarse en el parque. Angelina, a través de la ventana del carro de Sebastino observaba como salían las personas obedeciendo al reportero del clima: los ancianos caminaban lentamente, los adolescentes jugaban con todo tipo de balones y los padres jugaban con sus hijos, levantándolos si se caían.
- ¿Qué tienes, Angie?
- Nada, solo espero que todo esto termine rápido.
Cerca del mediodía parquearon el carro en un parqueadero para los visitantes de Aceros Limpios. El edificio administrativo era el más alto de la zona, según se decía, tenia doscientos pisos. Al ingresar y registrase en la recepción, una mujer les pidió que la siguieran. Entraron a un elevador y ella les explicó:
- Tienen cita con el señor Pereira, ¿no es así?
- Así es, Danis Pereira – dijo Sebastino.
- En este momento no es posible que los atienda, ya que se encuentra en una reunión bastante importante. De eso depende su asenso.
- ¿Asenso a qué? – preguntó Angelina.
- Al puesto de vicepresidente, por supuesto. El señor Pereira me pidió que para pasar el tiempo les diera un recorrido por el pasillo histórico de la empresa.
Angelina y Sebastino se miraron, pero no podían hacer nada. El ascensor no se había detenido por completo cuando ella inició la lección “1903: El joven empresario alemán, el señor Árolsen llega al reino de Sabernal y abre la primera planta siderúrgica en la ciudad de Priana llamada entonces: Altos Hornos Calientes. Supongo que no tenían mucha imaginación en aquella época. En los años siguientes, empezó a comprar las industrias que competían con ella, abriendo subsidiarias en Ciudad de Refiana y Ciudad de Tívecre. Altos Hornos empezó el crecimiento industrial en el reino, construyendo la primera línea férrea entre Ciudad de Priana y la capital Ciudad de Tívecre. Durante la guerra, la industria empezó a decaer, pero al ser la que más puestos de trabajo tenia, el banco de Sabernal aportó una gran cantidad de dinero, con lo que llegó a tener el control de la misma. El nombre de la empresa cambió a Aceros Brillantes. Poco después que el banco fue a la bancarrota, empezaron a venderse acciones de la empresa y así es como el señor Fabencesco di Follia obtuvo el poder y cambió finalmente su nombre por el de Aceros Limpios. Actualmente, la empresa produce desde cucharas de té hasta cabinas de locomotoras”
- Fabencesco di Follia, ¿es el multimillonario?
- Así es. Dirige no sólo Aceros Limpios, sino la mayoria de industrias alimenticias, automotoras, agricultoras y de medios de comunicación, por no decir que todas.
- Me gustaría conocerlo – dice Angelina.
- Imposible, él vive en Italia y según se dice, jamás sale de Europa.
Angelina la estaba escuchando, pero estaba observando una ventana y se dirigió hacia ella.
- ¿En qué piso estamos?
- En el 198.
Sebastino se le acercó y se preocupó por ella.
- Va a llover – dijo Angelina.
- Y será una lluvia fuerte – continuó Sebastino.
- Ya sabía que no sería un bonito día. Siempre hay un común denominador: alguien siempre está mintiendo.
- ¿Qué tienes, Angie?
- Nada, solo espero que todo esto termine rápido.
Cerca del mediodía parquearon el carro en un parqueadero para los visitantes de Aceros Limpios. El edificio administrativo era el más alto de la zona, según se decía, tenia doscientos pisos. Al ingresar y registrase en la recepción, una mujer les pidió que la siguieran. Entraron a un elevador y ella les explicó:
- Tienen cita con el señor Pereira, ¿no es así?
- Así es, Danis Pereira – dijo Sebastino.
- En este momento no es posible que los atienda, ya que se encuentra en una reunión bastante importante. De eso depende su asenso.
- ¿Asenso a qué? – preguntó Angelina.
- Al puesto de vicepresidente, por supuesto. El señor Pereira me pidió que para pasar el tiempo les diera un recorrido por el pasillo histórico de la empresa.
Angelina y Sebastino se miraron, pero no podían hacer nada. El ascensor no se había detenido por completo cuando ella inició la lección “1903: El joven empresario alemán, el señor Árolsen llega al reino de Sabernal y abre la primera planta siderúrgica en la ciudad de Priana llamada entonces: Altos Hornos Calientes. Supongo que no tenían mucha imaginación en aquella época. En los años siguientes, empezó a comprar las industrias que competían con ella, abriendo subsidiarias en Ciudad de Refiana y Ciudad de Tívecre. Altos Hornos empezó el crecimiento industrial en el reino, construyendo la primera línea férrea entre Ciudad de Priana y la capital Ciudad de Tívecre. Durante la guerra, la industria empezó a decaer, pero al ser la que más puestos de trabajo tenia, el banco de Sabernal aportó una gran cantidad de dinero, con lo que llegó a tener el control de la misma. El nombre de la empresa cambió a Aceros Brillantes. Poco después que el banco fue a la bancarrota, empezaron a venderse acciones de la empresa y así es como el señor Fabencesco di Follia obtuvo el poder y cambió finalmente su nombre por el de Aceros Limpios. Actualmente, la empresa produce desde cucharas de té hasta cabinas de locomotoras”
- Fabencesco di Follia, ¿es el multimillonario?
- Así es. Dirige no sólo Aceros Limpios, sino la mayoria de industrias alimenticias, automotoras, agricultoras y de medios de comunicación, por no decir que todas.
- Me gustaría conocerlo – dice Angelina.
- Imposible, él vive en Italia y según se dice, jamás sale de Europa.
Angelina la estaba escuchando, pero estaba observando una ventana y se dirigió hacia ella.
- ¿En qué piso estamos?
- En el 198.
Sebastino se le acercó y se preocupó por ella.
- Va a llover – dijo Angelina.
- Y será una lluvia fuerte – continuó Sebastino.
- Ya sabía que no sería un bonito día. Siempre hay un común denominador: alguien siempre está mintiendo.
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