Vittoria a proba, parte 2

Angelina no desempacó. No venía a quedarse en su casa. Después que su padre le firmó ciertos documentos, los guardo en una carpeta azul y tomó su equipaje. Se despidió de su padre de una forma desagradable y se subió al taxi que la estaba esperando. Ella entonces lloró recordando a sus padres, cuando él llegó un día a casa diciendo que había sido un error, que lo habían despedido por error, que más tarde lo llamarían por teléfono para pedirle disculpas, pero nunca sonaba el bendito teléfono.

Angelina había seguido los pasos de su madre. Era una abogada del gobierno que ayudaba tanto a inocentes como culpables y así traía el pan a la mesa cuando dejó de sonar el teléfono. Ella fue quien le insistió que demandara a su amada empresa porque no pensaba en el buffet de trece abogados que tenían, sino en la desdicha de su marido. Amaba más su empresa que su hija.

Mientras hacia el trasbordo del taxi a la terminal y se subía al tren con destino a Ciudad de Tívecre, Angelina recordó cuando se fue a estudiar a la capital de la provincia de Priana, su madre se encontraba en el séptimo mes luchando sola contra los trece abogados de Aceros Limpios, y fue en el noveno que ella salió a comprar la leche. Desde entonces no sintió la necesidad de regresar a Pradera y visitar su casa o su pueblo, sino de vengarse de aquella industria y hacer lo que no hizo su madre: ganarles en los tribunales. ¿Hacerlo para regresarle el honor a su padre? Nunca.

Después de algunas horas de viaje, Angelina se bajó del tren y se fue por señas al apartamento de su mejor amigo y amante: Sebastino Polícoro, quien aunque trabajaba como abogado para Aceros Limpios también quería vengarse por cuestiones personales. Aunque llegó un poco tarde, él la esperó a que se acomodara y se cambiara para ir a su pequeño despacho en el Palacio de Justicia. Heredada de su padre, abogado de “políticos inocentes” que siempre resultaban confesando su corrupción, se había ganado ese título, y él se fue con su mala fama a resolver pequeños casos desde el garaje de su casa donde no le iba nada mal.

- ¿Cuándo empezaremos?
- Tenemos cita con el juez Pzart en dos días, pero debes llegar a ganar. Destruiremos Aceros Limpios. En la oficina principal hay pruebas que nos darán una victoria inmediata.
- ¿la oficina principal? ¿Cómo demonios vamos a entrar a la oficina principal?
- Tengo un amigo. Se llama Danis. Lo visitaremos mañana al mediodía.

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